Los responsables de “Intocable” y “Samba” comparecen en rueda de prensa en la Residencia de Francia para arropar a Yves Saint-Geours, embajador de su país, en la presentación de la temporada cultural del Instituto Francés, en la capital de España. No sorprende que Eric Toledano y Olivier Nakache comparezcan junto a él, pues con el éxito de sus películas se han convertido en ilustres representantes diplomáticos del país de “La Marsellesa”.
¿Se sienten bien recibidos en España?
Eric Toledano: Es un honor estar aquí para comprobar el eco del cine francés en el exterior. Tenemos una relación especial con España porque hemos venido a arropar el estreno de varias películas. Me parece importante destacar la labor de apoyo de nuestro gobierno a nuestros directores, gracias a lo cual se venden 200 millones de entradas para ver películas nacionales al año. No sólo para comedias y cintas de acción, sino también para las películas de autor. Cuando compras una entrada para un gran éxito de Hollywood también ayudas al cine patrio.
Olivier Nakache: Me complace que nuestra gente esté enamorada de nuestro cine. Creemos que nuestros largometrajes sirven también para tender puentes con países como España. Nosotros estamos muy bien aquí porque tenemos muy buena relación con el equipo de la distribuidora A Contracorriente, que siempre se ha encargado de nuestros estrenos.
¿Cómo explican la calidad de comedias francesas como C’est la vie!, mientras que el género está de capa caída en Hollywood?
E.T.: A nosotros nos interesa observar la vida, y para contar algunos asuntos cuadra mejor este género, ya que permite lanzar una mirada distante a los problemas. En Hollywood están quizás más pendientes de otros parámetros de producción, como los efectos especiales. Por eso quizás están descuidando sus comedias.
O.N.: Las productoras estadounidenses tienen claro que triunfan sobre todo con películas de acción y efectos especiales. En Francia sin embargo llegas antes al público mediante comedias, así que por eso salen más.
Aunque el film tiene un reparto muy coral, sorprende el trabajo de Jean-Pierre Bacri. ¿Tenían claro que era ideal para protagonizarC’est la vie!?
E.T.: Le escogimos porque es un actor que se siente tan a gusto en comedia como en drama. Representa también a un arquetipo muy francés, el de cascarrabias que sin embargo sabe comunicarse muy bien.
O.N.: Este actor tiene fama de decir que no rápidamente a la mayoría de proyectos que le presentan. Nosotros le hablamos del film cuando todavía no teníamos el guión, así que al no leerlo, no pudo decir que no (risas). Al final aceptó.
¿Cuándo les sobrevino la idea de C’est la vie!?
E.T.: Esta película nace en el contexto bastante fatigoso de 2015. Olivier y yo estábamos quizá un tanto tristes y se hizo sentir la necesidad de ir hacia algo más festivo. La meta estaba en reír, en pasarlo bien al tiempo que describíamos las peculiaridades de la sociedad en la que vivimos. Y este deseo nace conjuntamente con el de ofrecer el papel principal a Jean-Pierre Bacri…
O.N.: De manera más anecdótica, también he de decir que la idea de una película se origina a menudo en el rodaje de la precedente, ya que la emulación hace emerger ideas. Pues bien, la primera escena de Samba transcurría en una boda: un largo plano secuencia nos llevó de la sala a estar entre bastidores. Era un buen compendio de lo que deseábamos hacer.
Para escribir, ¿proceden siempre del mismo modo?
O.N.: En general, sí. Primeramente, durante doce o dieciocho meses investigamos sobre el tema escogido. Para esta película, hemos juntado nuestros recuerdos, pues en una época de vacas flacas, con el fin de financiar nuestros cortometrajes, Éric y yo ejercimos juntos gran número de trabajos en el ámbito de las fiestas, entre ellos el de camarero en las bodas. Hemos vivido, pues, entre bastidores, sentido la presión de este oficio y recogido muchas anécdotas acerca de la cuestión. Pero en el curso de la escritura, quisimos sumergirnos en las brigadas de camareros actuales, con el objeto de ver cómo trabaja en la sombra toda esa gente para lograr que los acontecimientos fueran extraordinarios. Fue en el curso de estas andanzas que comenzamos a dibujar nuestros personajes.
E.T.: Las más de las veces disponíamos todas nuestras ideas sobre la mesa, las trasladábamos a un tablón y luego las organizábamos en secuencias que nos repartíamos para escribirlas. Dado que nuestros dos ordenadores estaban cara a cara, y que cada uno de nosotros era el primer espectador del otro, nos enviábamos mutuamente lo escrito para comprobarlo de inmediato. Pero esta vez era algo atípica pues se había incorporado una tercera persona: Jean-Pierre Bacri. Siendo él mismo guionista, propuso sus servicios rápidamente. Disfrutamos del privilegio de disponer de su opinión acerca de las distintas versiones del guión, de probar las escenas y las réplicas con él tan pronto como se habían escrito. Era como un sueño, pues al tener su música en nuestros oídos, regresábamos al trabajo con energía redoblada.
¿Por qué fue la boda un tema inspirador?
E.T.: Se trata de un evento en que cada detalle se escenifica. Es como una obra de teatro: un público, el vestuario apropiado y los papeles distribuidos (los testigos, los parientes, los compañeros…). La organización aparatosa que implica esta fiesta provoca inevitablemente gran stress, tensión, una mezcla de emociones… es un momento que concentra por fuerza desafíos conocidos. Es un contexto familiar para todo el mundo y al que siempre gusta volver; era un escenario ideal. Pero nuestro criterio estribaba en observar esa velada a través del prisma y la mirada de los que trabajan en la misma, los que la ven como un día cualquiera. La comparación, la diferencia nutren por fuerza las escenas cómicas.
Se palpa gran filia respecto de su décimo largometraje: Aquellos días felices. ¿La tenían presente desde la fase de escritura?
O.N.: La conexión se ha ido haciendo poco a poco. Como en Aquellos días felices, hay un lugar único, una temporalidad, un equipo de animadores y de participantes. También Jean-Paul Rouve y unas auténticas ganas de comedia. En este sentido, se podría decir que es un poco "Aquellos días felices de los mayores".
E.T.: Aquellos días felices es una película que ha cristalizado una nostalgia por la infancia. ¿Hacemos a menudo referencia a la noción de grupo en nuestras películas porque Olivier y yo coincidimos en colonias de vacaciones? En todo caso es lo que nos permite existir porque el cine es ante todo un asunto de equipo: nos encontramos, vivimos momentos intensos, establecemos fuertes lazos, y luego nos vamos… para mejor reencontrarse en otros proyectos.
¿Tuvieron en mente referencias cinematográficas?
O.N.: Desde luego, muchas de Garçon!, de Claude Sautet. Generalmente, la filmografía de Sautet nos ilustra grandemente. Así, esta película nos ha inspirado en lo referente a los movimientos efectuados desde la cocina a la sala; muestra cómo se pasa de un universo a otro en un único plano, y cómo describir del mejor modo las relaciones entre los camareros que conforman la brigada de esa gran brasserie parisina. Y Sautet dispone todo de un cierto modo para que el espectador pueda entrar en la historia inmediatamente.
E.T.: Relatos salvajes, de Damián Szifron, también ha sido una referencia, pues esta película es como una radiografía de la sociedad argentina actual. Estábamos en plena escritura cuando descubrimos la película.
O.N.: Y cuando vimos el último sketch, uno de los más brillantes, comprendimos que estábamos definitivamente en la misma onda, pues a través de una velada organizada por inútiles que «se ajustan» a las circunstancias, el sentido de la fiesta resulta un tanto un reflejo de la Francia actual.
