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“Me fascinan las historias corales y los personajes femeninos”

Pocas veces uno descubre en un film que logra una conexión especial con el público normal y corriente. Es el caso de “La sociedad literaria y el pastel de piel de patata”, adaptación de la novela póstuma de Mary Ann Shaffer, que al fallecer le encargó a su sobrina, Annie Barrow, que la completara. Se desarrolla tras la Segunda Guerra Mundial, cuando una escritora inicia una relación muy especial con los componentes de un club de lectura en la isla de Guernsey. Impone un poco encontrarse con su director, el veterano Mike Newel, responsable de "Cuatro bodas y un funeral", "Prince of Persia, las arenas del tiempo" (la única adaptación de un videojuego aceptable) y de otros títulos muy conocidos. Pero combina distinción británica y educación extrema con un fino sentido del humor, por lo que al final consigue que el entrevistador le perciba como un hombre muy cercano.


¿Qué le atrajo de la novela para convertirla en un largometraje?
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Los productores me mandaron la primera versión del guión, e inmediatamente me sentí muy atraído por el título. Pensé que llamándose así debía tratarse de un film rarísimo. Leí la primera versión del guión pero no me convenció nada. Un año más tarde me enviaron otro borrador, de un autor distinto. Pensé que otra vez tenía delante el proyecto de título raro, pero es que tampoco me gustó. Al final, recibí una tercera adaptación, de otro nuevo guionista, Thomas Bezucha, de Nueva York, que resultó ser un escritor maravilloso, y también dirige. Creo que ambos compartimos un lenguaje común. Me reuní con él, sabía lo que yo había hecho en el cine, y nos llevamos muy bien.

Había estructurado muy bien la historia teniendo en cuenta que el libro zigzaguea y va en muchas direcciones. Había recurrido a un orden un poco loco, pero realmente me captó con eso. Y sus personajes eran bastante humanos, que a mí es lo que más me interesa.

Además de transmitir la pasión por la lectura, su film es conciliador precisamente porque esos personajes de los que habla son tridimensionales. No se juzga por los uniformes, sino por el ser humano. ¿Ha tratado de reforzar esta idea?

Encontré eso en el guión y después en la novela, cuando la leí. Pensé que si yo hubiera trabajado desde cero en un relato similar, trataría también de recoger ese mismo mensaje. Ésas son las ideas con las que yo empiezo a hacer una película, como Donnie Brasco, que tenía personajes completamente diferentes, y que cuenta que un agente del FBI infiltrado en la mafia se hace muy amigo de uno de los gánsgters, en teoría su enemigo. Aquí los nazis son temibles, lo que no evita que uno de ellos no sea una persona estupenda.

Mike NewellTambién me interesó mucho que fuera una historia muy coral, me fascinan ese tipo de historias, de hecho también lo era Cuatro bodas y un funeral. Y me encantó que hubiera muchas mujeres, me fascinan los personajes femeninos, porque ellas son capaces de salirse de lo que deberían hacer. Elizabeth McKenna, el personaje de Jessica Brown Findlay, acaba actuando de una forma protectora, todo lo contrario a lo que se espera de ella, y se comporta como una heroína arriesgándose a que le peguen un tiro. Las demás mujeres tienen secretos que no quieren revelar y de alguna manera utilizan a la protagonista, Juliet Ashton (encarnada por Lily James) como una confesora, porque todos le cuentan sus problemas. Me encanta un personaje así.

Las historias de amor suelen ser muy explícitas hoy en día en el cine, mostrando mucho sexo. Pero la suya es el otro extremo, de una elegancia británica exquisita, porque los sentimientos están ocultos. ¿No teme ir a contracorriente y que la historia no llegue al público?

Un poquito (Risas).

Lo que pasaba es que el film costaba 11 millones de dólares, que puede parecer mucho, pero que no es nada en comparación con mi film Harry Potter y el cáliz de fuego, que costó 150 millones. La cantidad de riesgos que uno se puede tomar también son menores. Eso me hizo muy feliz, porque un proyecto pequeño me supone libertad.

2paDesde el brexit se han estrenado largometrajes muy británicos como éste. ¿Acaso triunfa ahora reafirmar la identidad del país?

Yo hablo todo el rato de eso. He conversado hasta con las vacas del brexit.

Si triunfan por eso, creo que la gente no es consciente de ello. Y no se han rodado específicamente con ese objetivo. Las personas que tengo alrededor, del mundo del cine, somos en la gran mayoría contrarios al brexit. Creemos que hay que quedarse en Europa. Aparte, existen muchas subvenciones europeas que a los que nos dedicamos a este oficio nos vienen muy bien. No queremos estar separados, queremos ser parte de Europa.

La gente ha llegado a la conclusión de que el mercado común asfixia al espíritu libre. No comparto esas opiniones, y me entristece que nos estemos yendo, todos los días hay malas noticias. Pienso que después el país va a ir cuesta abajo. Si uno es inglés no se puede tomar este asunto con ligereza. Los que quieren el brexit están furiosos, así que todo el país parece sacudido por emociones muy feas.

Hay una crítica hacia el puritanismo, en una escena sobre la Biblia, que habla de amor. ¿Quiso subrayar que la religión debería ser utilizada para el bien pero no siempre es así?

Es una escena terrible. Creo que Bernice Stegers, la actriz que interpreta a la señora Olive Burns, la salvaje casera, es maravillosa. Me venía muy bien introducir este elemento porque así describo la amplia variedad de personas que podían existir en la isla en ese momento. Eso incluye a un feroz protestantismo medio loco, que poco tiene que ver con el mensaje de la Biblia. La intérprete procede del norte de Irlanda, de donde viene la mayor parte de la gente que nos quiere sacar del Mercado Común. Los protestantes de allí tienen 12 diputados, y nuestro gobierno puede estar en el poder gracias a ellos. Así que cada vez que el gobierno se sale del camino que a ellos les interesa, le bloquean.

La novela la han leído cinco millones de lectores. Siempre coge obras de enorme éxito, como su entrega de Harry Potter. ¿No se siente abrumado por la responsabilidad de que quienes han leído el libro no se sientan decepcionados?

No, nunca pienso en eso y no siento ningún tipo de responsabilidad por ese tipo de cosas. De hecho no me obsesiono por filmar una transcripción literal. Me encanta la novela, pero no siento que tenga que respetar nada. En varios elementos nos apartamos mucho del original, aunque pienso que sí hemos sido bastante fieles a su espíritu. Lo más importante era describir a un grupo de personas que acaban vinculados entre ellos durante los tiempos duros. De eso hablaba el texto.

3pa¿Cómo fue el trabajo con Lily James teniendo en cuenta que su personaje guarda profundos sentimientos que no exterioriza?

Desde hace tiempo quería trabajar con ella, y pensé que era ideal para este proyecto. Pero ella estaba ocupada con otros trabajos, y parecía que iba a ser imposible. De hecho vi a otras cuatro actrices por si acaso me decía que no. Al final me explicaron que Lily James había mandado un mensaje donde preguntaba si iban a pensar que era una maleducada si se negaba a participar en La sociedad literaria y el pastel de piel de patata. Aproveché la coyuntura para responderla que tenía que decir que sí, que lo contrario era incorrecto (risas). Al final aceptó y estuve encantado con ella porque el personaje iba mucho con su naturaleza. No por su apariencia, sino que por dentro tiene un interior muy optimista, que consigue reflejar.

¿Volvería a rodar otra comedia como Cuatro bodas y un funeral, que al fin y al cabo es su película más conocida?

Por supuesto, porque me encanta el género y sobre todo hacer reír. Lo que pasa es que hay un problema. No hay guiones que tengan nivel. Había un actor británico, David Garret, que vivió hace trescientos años, que cuando estaba en su lecho de muerte dijo una frase que siempre me viene a la mente: “morirse es fácil pero la comedia es difícil”.

Cuando me preguntan sobre este tema, siempre contesto que es un género muy difícil. Hasta Hugh Grant tenía dudas sobre si yo hacía lo correcto cuando rodábamos, pensaba que yo era demasiado serio y pretencioso y me llamaba Strindberg, como el autor de “La señorita Julia”. Cada vez que filmaba una escena me preguntaba: ¿Qué es lo que piensa Strindberg? Yo le mandaba a la porra. Creo que al final quedó bien, pero tuvimos que trabajar mucho. Espero tener una oportunidad similar algún día.

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