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De Elizabeth II a Lisbeth

Cuando se tiene una cita con la actriz del momento, uno piensa que se va a encontrar con Su Majestad, la reina Isabel II, personaje que la ha hecho popular gracias a la encomiable serie “The Crown”. Pero en persona, Claire Foy tiene poco que ver, resulta más terrenal, sus ojos expresan una enorme cercanía con sus interlocutores, y viste con cierta elegancia pero sin pasarse. Por otro lado, tampoco se parece a la hacker Lisbeth Salander, que interpreta en “Lo que no te mata te hace más fuerte”, nueva entrega de la saga “Millennium”, que se basa en el cuarto libro, el primero de los dos apócrifos escritos por David Lagercrantz, que ha sustituido a Stieg Larsson tras su muerte. Su personaje ayuda a un científico con un hijo autista a recuperar un peligroso software que ha creado para la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

 

mille 1En El primer hombre interpreta a la esposa del astronauta Neil Armstrong, una mujer que parece vulnerable, pero es fuerte. Aquí directamente tiene aspecto de dura. ¿Cuál le ha costado más? ¿Cuál se parece más a usted?

Son personajes muy distintos y ambos difíciles. El primer film desarrolla bastante la historia no contada de una mujer, y también de otras muchas de aquella época que no tenían voz propia. He sentido una enorme responsabilidad en interpretarlas porque sus hijos iban a ver a sus padres en la gran pantalla.

Por el contrario, Lisbeth Salander no existe. Pero tienes que trabajar pensando en el cariño que le tienen los numerosos lectores y seguidores de las películas anteriores, para quienes también se trata de un personaje muy cercano. Todos tienen expectativas, y se debe tener en cuenta a las otras dos actrices que antes la han encarnado.

Con ambas mujeres guardo alguna que otra similitud, me puedo identificar en algunos momentos con su forma de ser. Pero no guardo un parecido extremo con ninguna de las dos.

¿Tenía Claire Foy miedo a las comparaciones con Noomi Rapace y Rooney Mara, sus predecesoras?

Se supera con facilidad, ya que es tan evidente que los espectadores las van a tener en mente que no tienes otra que asumirlo y seguir adelante. En esa coyuntura, piensas que si tienes en cuenta el trabajo de las otras, te mueres de miedo y no harías nada. Así que he llegado a la conclusión de que hacían una labor increíble, pero que también me siento orgullosa de lo que yo hago, a mi manera. Si no me concentrara haciéndolo a mi aire, no podría trabajar. Soy consciente de que no voy a gustar a todo el mundo, pero, ¿qué le voy a hacer? Eso no se puede evitar.

Lleva un look muy distinto al de ellas, se diría que menos radical, más funcional. ¿Participó usted en concebir el aspecto que luce en la cinta?

Sí, lo hemos inventado desde el principio hasta el final con el director. Sobre todo nos hemos basado en que a partir del tercer libro se nota una evolución en el personaje. Incluso se menciona que su forma de vestir cambia, porque hasta entonces sus vestidos y maquillajes eran una forma de amenazar, de hacer que sus enemigos se sintieran incómodos y de apartarse de la sociedad. Pero ha ido evolucionando a lo largo de los años, y creo que al final tendemos todos a ponernos las cosas más prácticas.

Pienso que menos es más, o sea que se puede ser más hostil sin muchos piercings y parafernalia diversa. Hemos tratado de que parezca menos artificiosa, y que todo lo que lleve tenga su porqué. Aparte, trata de pasar más desapercibida que antes.

Creado en 2005, el personaje ya defendía a las mujeres que sufrían abusos por parte de los hombres. ¿Tras el #MeToo se ha vuelto más actual que nunca?

Creo que antes de morir, Stieg Larsson pudo ver hacia dónde se encaminaba la sociedad, así que se ha adelantado a su tiempo. Lisbeth siempre ha sido un recordatorio de la verdad que muchas mujeres sufren, en algunos casos en forma extrema. Justo cuando comenzamos el rodaje se desató el escándalo de Harvey Weinstein, que dio lugar al movimiento #MeToo. Nos impactó, y hemos ido viendo durante el rodaje que de todo ello ha salido un mundo nuevo. Creo que no hemos cambiado nada de lo que estaba previsto en el film, pero que ha cobrado mayor interés que antes.

mille 2Salander se toma la justicia por su mano. Si no se puede conseguir por las vías institucionales, ¿está justificado cometer ilegalidades en pro de importantes objetivos?

¡Eso mejor en las películas!

Creo que es muy difícil etiquetar qué es justicia social, pues muchas personas pueden diferir sobre qué se debe cambiar. De ahí que existan instituciones que velan por ello, y aunque a veces haya conflictos, tratan de representarnos y dar voz a los ciudadanos. Yo creo sinceramente en el poder de la paz y la comunicación. Es mucho más eficaz hablar, con mucha educación y respeto, que cualquier violación de la ley, porque además enseguida la situación puede derivar en violencia. De esta forma, se pueden ir al traste conquistas que han sido muy difíciles de conseguir. Las protestas pacíficas son las que al final logran un cambio duradero.

Además, yo no soy una inteligente hacker, como Lisbeth Salander, así que si me meto en el ordenador de alguien o cometo algo ilegal… ¡enseguida me iban a pillar! (Risas) Sí que veo que el sistema a veces puede obstaculizar la lucha por los avances sociales. Qué se le va a hacer.

Ha pasado de la relativa tranquilidad del palacio a un film de acción. ¿Ha habido alguna secuencia difícil de filmar?

El palacio de Buckingham tiene de todo menos tranquilidad (risas).

No ha sido un trabajo fácil. El director del film, Fede Álvarez, es muy instintivo. Eso significa que llegas al rodaje y en función del día, las circunstancias y lo que está pasando en ese momento, lo que ruedas puede ser muy distinto a lo que has ensayado. Eso significa que tenías que estar preparada para cambiar cualquier cosa en poco tiempo.

Además, hemos rodado muchas escenas a la intemperie, en paisajes nevados. Debido a las bajas temperaturas, llega un momento en el que tu cuerpo no responde. Lo primero que deja de funcionar es el cerebro, porque las neuronas se colapsan con el frío. Muchas veces estabas pensando en acabar cuanto antes, para entrar en calor. Suponía también un reto, nunca había hecho nada parecido.

Se rumorea que puede ser nominada al Oscar como secundaria por El primer hombre, pero nadie se ha planteado que pueda optar al de actriz principal por ésta. ¿Por qué cree que la Academia no presta atención al cine de acción?

Habría que preguntárselo a los académicos. Yo no lo sé. No soy miembro de la Academia y no sé cómo funcionan sus filtros. El caso es que Black Panther, que han visto millones de personas, ha logrado un hito, pues demuestra que las películas protagonizadas por afroamericanos pueden tener un buen recibimiento, pero por otro lado se considera que de cara a la temporada de galardones, no es una apuesta muy arriesgada que merezca algún tipo de distinción.

Ni idea. Tampoco espero candidaturas por el momento. Pero si me quisieran galardonar por El primer hombre, no me parecería mal. Es una buena película.

Ahora que ha logrado un enorme reconocimiento internacional, ¿ha cambiado su forma de trabajar?

He intentado que no cambie. Llevo doce años haciendo lo mismo, así que siento que soy una veterana. Como en cualquier otro trabajo, cuando estás mucho tiempo desempeñándolo has adquirido muchos conocimientos sobre lo que debes hacer, y también esperas que la gente te respete. Creo que la fama me ha dado una opción muy especial, la de poder escoger papeles muy diferentes, que supongan un reto para mí, para no acomodarme.

No tenía una imagen muy idealizada de Hollywood, ya que durante estos años he estado muy en contacto con numerosos compañeros que después de trabajar conmigo en Gran Bretaña, han dado el salto. Así que me habían contado más o menos cómo era. Ahora que trabajo en Estados Unidos, me limito a escoger proyectos que tengan corazón, y si estoy muy interesada en ellos me siento muy motivada, por lo que no creo que tenga que variar mi forma de trabajar.

Entrevista con Claire Foy MillenniumHa conseguido escapar de un personaje que podría ser un agujero negro para una actriz, Isabel II, y sin embargo uno de los primeros papeles que elige ahora es Lisbeth Salander, con el que se corre el mismo peligro. ¿No teme que la encasillen? ¿Quizás le motiva este riesgo?

¡Tengo una actitud propia de un sadomasoquista! (risas). No me gusta que me digan lo que puedo hacer y lo que no, así que lucho continuamente para demostrar de lo que soy capaz. En principio sólo trato de desafiarme a mí misma, o sea que me da igual lo que digan los demás, escojo personajes preguntándome si puedo sacarlos adelante.

En la película hay un enfrentamiento entre Lisbeth y su hermana, que piensa que no la ha ayudado cuanto debería. ¿Ocurre eso en el mundo del cine o al contrario, se siente apoyada por las demás mujeres?

En Reino Unido están surgiendo nuevas intérpretes, que son capaces de actuar, pero también de dirigir e incluso de producir. Y me parece que van a dar mucho de qué hablar en el futuro. Yo ahora estoy un poco desconectada, al rodar fuera, pero por lo que voy siguiendo me parece que son fabulosas, y que también son solidarias con las demás, creo que podemos participar en los éxitos de cada una, pero también arrimar el hombro cuando las cosas no van bien o alguien necesita ayuda.

Yo me siento respaldada por las demás. Y en este momento no tengo miedo de sugerir y hacer preguntas, sin que me echen de la industria por mis opiniones.

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