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Planifica el estreno de su última película, en el día en que justamente culmina la trama

A mediados de julio, me reúno con Jonás Trueba en la madrileña librería de cine Ocho y Medio, para hablar de su última película, “La virgen de agosto”, que se estrena precisamente el 15 de agosto, y que sigue la trayectoria de Eva, que se ha quedado sola en Madrid durante la primera quincena del mes estival del título.

 

¿Qué planes tiene Jonás Trueba para la primera quincena de agosto?

[risas] Vamos a hacer un preestreno de La virgen de agosto el uno de agosto en los jardines de Las Vistillas, dentro del programa de Los Veranos de la Villa. Será la primera vez que se vea en público en España. Y luego el estreno es el día 15. Así que, entre medias, estaré un poco como Eva en la película. O sea, liberado, y dejándome llevar a expensas de lo que toque. O sea, estoy sin planes.

Creo en una idea presente en la película, de que agosto para mí es un mes productivo. Puedo desconectar. Me puedo dedicar a leer, a ver películas, a estar tranquilo en casa, para replantearme las cosas y pensar qué voy a hacer en el futuro. También, por supuesto, aprovechar para ver amigos. Es estupendo para trabajar. Si no estuviera rodando, estaría escribiendo. Lo que se ve en la película, me gustaría aplicármelo a mí mismo.

Descansar, y reponer fuerzas…

Sí, descansar, y profundizar. Son días en que puedes concentrarte y trabajar más a fondo.

La película habla del descanso, pero muestra a unas personas existencialmente muy cansadas… Parece que hay más alternativas de ocio que nunca, pero esto casi nos angustia, se produce una presión para aprovechar el tiempo y hacer muchas cosas.

Es verdad. El mundo parece que avanza hacia la abundancia, ofrece la posibilidad de hacer muchas cosas, de viajar, de interconectarse… Pero al mismo tiempo siento que muchos estamos exhaustos y saturados de tantas cosas.

Yo, cuando hago una película como ésta, me siento feliz, porque desconecto de todo lo demás y me concentro sólo en hacer la película. Descanso, aunque parezca que debiera ser al contrario. Viene a ser como la excusa perfecta para concentrarme totalmente en una cosa.

Y en La virgen de agosto he querido poner en escena esa filosofía existencial de pararse un poco y replantearse las cosas, de dudar y reconectar con sentimientos y sensaciones que se habían dejado de lado, hasta el punto de casi no sentir que estás viviendo.

Hay que volver a sentir el sabor de una fruta, dar un paseo, mantener una conversación. En la película nos liberamos de todo el estrés habitual. Se ofrece todo de un modo más pausado, más tranquilo. Es necesario en la vida, y por eso lo he querido poner en la película, querría inducir al espectador a ello.

jonas trueba 2Verdaderamente ha tomado muchos riesgos en la película. De entrada suena difícil atraer al público joven a verla, la trama –una joven se queda sola en vacaciones en Madrid, y se dedica a poca cosa, salir por ahí…– puede sonarle aburrida. Y no hay concesiones a la tecnología, la habitual omnipresencia de móviles, redes sociales, whatsapps, internet, etcétera…

Sí, soy completamente consciente. Yo trabajo con jóvenes, estoy muy implicado en un proyecto pedagógico con adolescentes desde hace años. Durante todo el período lectivo estoy con ellos, y soy consciente de cómo es su relación con el cine y con las imágenes, su impaciencia con los planos que se alargan. Pero esto no debe llevarme a renunciar a contar las cosas como creo que debo hacerlo. Veo el cine como algo exigente, que no es puro entretenimiento. Como cineasta, lo veo como arte, y además pienso que debe ofrecer un espacio para la reflexión. Es un lugar exigente donde debes dialogar contigo mismo y con tus problemas, a partir de lo que te ponen delante.

Yo no tengo Instagram ni estoy en otras redes sociales, pero el otro día se me ocurrió que mis películas son mi Instagram en cierta manera. Se supone que en las redes sociales compartes lo que te gusta. Yo eso no lo hago, no me atrae. Pero lo que sí hago es una película cada cierto tiempo, y ahí trato de poner todo lo que me gusta. Pienso que así doy menos el coñazo. [risas] Intento llenar aquello de experiencias vitales, con actores y personajes que me gustan. De aspectos de mi ciudad, espacios, canciones…

Sé que es una película que puede parecer no comercial. Pero no creo que haya que pensar así, obsesionarse. No todas las películas deben llegar a ser “la más taquillera”, “la más premiada”, “la mejor del mundo mundial”… Pues no. Yo me contento con que esta película la vea el mayor número posible de personas, claro, pero que de ésas la mayoría la disfruten y se sientan inspiradas por lo que se cuenta.

Existe una tendencia a subestimar al público joven, pensar que no va a ser capaz de ver una determinada película.

No es mi caso. Creo en los adolescentes y sus posibilidades, y lo puedo decir con conocimiento de causa, porque llevo años trabajando y hablando con ellos. He hecho con ellos un proyecto que se llama “¿Qué lo impide?”, que trata de demostrar esto, que son seres pensantes, con un grado de lucidez que no deja de sorprenderme. Los adultos vamos perdiendo algo de eso que tienen, nos vamos volviendo cínicos.

Hay de todo, por supuesto, como ocurre en todas las edades y en cualquier contexto generacional. Y su relación con el cine está determinada por un contexto social, no es culpa de ellos cómo les invade el imaginario de las series, las teles, etcétera. Si les das la oportunidad de ver otras cosas y explorarlas, responden, aunque les cuesta, por supuesto, porque no están acostumbrados. Pero requiere tiempo y dedicación el disfrute de las cosas.

Los ilusos, La reconquista, son títulos de sus filmes y el nombre de su productora, que remiten al inconformismo…

Sí, de algún modo es dar la vuelta a todos esos conceptos, resignificarlos. También con La virgen de agosto. Creo en la capacidad transformadora y regeneradora del cine. Igual que yo he aprendido con las películas, y me han inspirado, mejorando mi calidad de vida. Las películas tienen la peculiaridad de multiplicar nuestra vida. Cuando ves una película, asistes a situaciones y contemplas lugares y ciudades que desconocerías de no ser por el cine. Las películas son vida, yo las trato como vida. Te dan más minutos de vida. Otorgo al cine facultades muy poderosas.

jonas trueba 3En cierto momento de la película Eva expresa su deseo de ser “una persona de verdad”. Existe el riesgo de exponerse superficialmente en las redes sociales, buscar agradar, pero la película invita a algo más difícil, que exige un esfuerzo mayor que el de colgar cientos de fotos en Instagram…

Sí, es la frase sobre la que bascula toda la película, se trata de forjarse cada uno su propia identidad. No en el sentido en que apelan a ella los nacionalistas, que lo relacionan con el pasado, quiénes somos, de dónde venimos, algo que particularmente no me gusta. Me refiero a una identidad propia, como construida de la nada, desde cero.

Sé que suena a idea medio imposible, utópica, pero es interesante acercarse a ella. Es una idea emersoniana [alusión a Ralph Waldo Emerson, filósofo estadounidense del siglo XIX, mencionado en la película], de construir una identidad a partir de las circunstancias, de construir tu geografía, tu espacio, a partir de los objetos, de las calles en las que vives y por las que transitas. Es cierto que son detalles que otros han decidido por ti, te ha tocado nacer en una ciudad, con una familia, con un contexto en el que no hemos tenido parte. Tampoco has escogido tus genes. La pregunta es: ¿a partir de ahí queda algo desde lo que construir genuinamente lo que tú quieres? La película trabaja sutilmente esta idea.

O sea, hay que lanzarse al agua, e incluso alguien te tiene que empujar, me parece que ésa es una metáfora muy clara en la película, en la escena de la excursión.

Sí, claro que necesitas de los demás. Para construir la propia personalidad, y creo que es también una idea nietzscheana, necesitas de los demás, una relación conversacional. Es con los amigos, con los que hablas, cuando llegas a escuchar cosas, ideas, que te ayudan y a las que no llegaría si no mantuvieras ese diálogo con otro. Esto pienso que está en la película.

La escena en el río, visualmente me hizo pensar en los prerrafaelistas. ¿Fue algo intencionado?

No es algo que busque forzadamente, de antemano. No me gusta trabajar conscientemente con referencias. Por supuesto que tienes a tus espaldas un bagaje de la cultura, del cine, de la pintura, que acaban apareciendo en tu trabajo.

Este año he trabajado con estudiantes de primero de bachillerato artístico en un instituto de Moratalaz, y hemos colaborado con el Museo del Prado todo el año. Y concretamente hemos filmado la restauración de “La Anunciación” de Fra Angélico. Y es curioso, pero esto me ha acompañado todo el año, y quiero pensar que el cartel de la película tiene algo de los primeros renacentistas. Los nimbos, los dorados de esas vírgenes…

Volviendo a la idea de crearte la propia identidad, está claro que nos influye mucho la familia –pienso en tu caso, con tu padre Fernando y tu tío David–, y está esa búsqueda de la verdad en la lectura, de empaparse de conocimientos filosóficos, etcétera. Es obligado mirar a los que nos han precedido.

Sí, a mí me concierne, y a todo ser humano. Se trata de una lucha entre lo que uno es y quiere ser, y lo que hereda, lo que viene de fábrica, por así decir. El nacimiento en mi familia me ha determinado y me ha influido, está claro, yo no sería como soy si no fuera por ellos. Pero esto me obliga a repreguntarme por ejemplo, por qué hago cine. Si es porque lo he heredado, porque me tocaba, o bien si realmente lo siento y lo tengo muy dentro.

Y me veo obligado a trabajar, incluso más que otros compañeros cineastas cuyo padre era oficinista o panadero, y que tienen la sensación de haber llegado al cine por sí solos. Cosa que no es cierta, habrán llegado por otros. Siempre hay una mediación. Pero es cierto que tengo esa sospecha dentro de mí, e intento que me mejore.

El título de la película juega con las fechas en que transcurre la acción, pero también tiene que ver con cierta sorpresa final. Sin embargo, no ha construido la película con las expectativas que podría ofrecer un thriller, anticipando que al final se va a producir una revelación.

Es mi forma de trabajar, en que deconstruyo la película mientras la hago, sobre la marcha. No es una película hecha con cálculo, escrita como a veces se hacen, poniendo piedrecitas que indiquen el camino para que al final todo encaje. No hay mucho de eso, la verdad. La película se va revelando, vas haciendo caso intuitivamente a cómo debe discurrir, y esto lleva a una complejidad, que yo mismo no sé muy bien cómo explicar. He dejado que las cosas sucedan como sentía que debían suceder. Era como escuchar una voz, las pistas que me ofrece la película, que empieza a tener su propia vida. De modo que a partir de cierto momento ya no puedo imponer o forzar las cosas, sino obedecer a la lógica que la propia película va creando.

Itsaso Arana, con la que trabajó en La reconquista, figura como guionista. ¿Se debe esto a su protagonismo, y a que tal vez ha habido improvisación en los diálogos que mantiene su personaje?

virgen agosto prerrafaelitaNo, no, no. Los dos nos sentamos a escribir un primer guion, que estuvo listo muy rápido, y es lo que nos sirvió de base para lo que la película es finalmente. O sea, que la película transcurriría a lo largo de quince días con sus noches, y que no iba a ser narrativa. Iba a ser una película construida a partir de sensaciones y momentos. De modo que cada día es como un recomenzar de la película y de su personaje. Itsaso figura como guionista, pues, porque está involucrada desde el principio en ese proceso.

De todos modos, en todas mis películas hay un proceso de reescritura, que continúa en el rodaje, también con los actores. Y vas planteando diálogos y posibilidades. No hay improvisación. Lo que hay es mucho parlamento, acordar, ajustar la película a la naturaleza de los actores, que para mí son más importantes que los personajes. Y con Itsaso aún más, porque está en todos los planos. Ella casi podía codirigir la película conmigo desde dentro.

La narración tiene el contexto de unas fiestas religiosas, en la película vemos la procesión de San Cayetano y las fiestas alrededor de la Virgen de la Paloma y su verbena. Por otro lado, en cierto momento vemos a Eva interesada por las técnicas de conectar con una energía vital, como un recurso para sobrellevar su existencia. ¿Cómo ve la religión o las creencias para llevar la propia vida? ¿Aquí es mero telón de fondo, más o menos simbólico?

Tengo respeto a las personas que creen. Porque yo también tengo necesidad de creer, en mi caso en cosas que tienen que ver con mi dedicación cinematográfica. El cine va de eso, de creer. En el fondo, y desde sus principios, hay una semilla que es casi religiosa, y que está ahí. Creo en esa clase de religión, que es la del cine.

Me gusta por eso plantear en las películas la cuestión de creer o no creer, de ofrecer al espectador posibilidades que pueden ser más o menos inverosímiles. Y la película te lo propone, como una especie de salto de fe. Es interesante, y me gusta vivirlo como espectador, cuando lo he experimentado en películas. Ostras, claro que sí. Aunque sé que esto no puede ser, que no es verosímil, ¿por qué no? Dentro de esta película, lo voy a creer, por qué no. Dentro del cine me gusta mucho cuando te ponen en esa tesitura.

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