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Entrevistas Director de "Con quién viajas"

Martín Cuervo: "Siempre me han gustado los finales abiertos"

La película Con quien viajas supone el debut detrás de las cámaras de Martín Cuervo, un director que tendrá mucho que decir en el futuro. Le entrevistamos en Madrid con motivo del estreno del film.

¿Cómo surgió la idea del film? ¿Ha vivido alguna vez esa situación de viajar con desconocidos?

Todas las historias y anécdotas que se cuentan en la película sobre viajes compartidos son reales, incluso ésa en la que un personaje dice que ve muertos. Algunas finalmente las hemos tenido que suprimir, porque eran demasiado alocadas y la gente no las creía. Pero por ejemplo el MacGuffin de la pistola es algo que me ocurrió a mí en un viaje Madrid-Bilbao. Fue una situación de tensión pero también surrealista, de la que nos reíamos. Pensé que sería un buen elemento para colocarlo en Con quién viajas.

¿Estamos ante una comedia, un thriller o ambas cosas? ¿Desde el principio siempre quiso darle ese tono ambiguo a la historia?

En un principio concebí la película como un thriller puro, cuya tensión vertebraba la trama, pero a partir de ahí introduje la capa del humor, para reírse de esa situación. Al principio no había chestes de ningún tipo, todo debía sostenerse con la tensión pero luego pensé que esa tensión se resolviese con una risa nerviosa. Yo lo llamo “thrilledia”, mezcla de thriller y comedia. Y Salva Reina fue el encargado de hacer posible ese tobogán extraño en el que puede decirte algo seco y duro pero te acabes riendo.

¿Cómo planteó el rodaje, con muchas tomas, para luego elegir las adecuadas en el montaje o todo estaba perfectamente planificado?

Me gustan los ejercicios que suponen un reto, como rodar todo en un coche, todo en un ataúd, etc. Son cosas que me gustan, porque son una invitación a forzarte, a tener ideas, a resolver problemas. Y eso resulta original. Estaba todo medido, pero por supuesto había que jugar con muchos planos y ángulos para que el espectador no se aburriera todo el rato con los mismos tres planos. Conceptualmente quise que siempre estuviéramos dentro del coche, que no se viera a través del cristal. Quise que el espectador fuera como un quinto pasajero. Planteamos rodar bloques diarios de seis o siete minutos, Y los hacíamos del tiron, con muchas tomas desde todos los ángulos, desde distintos personajes, etc. A primera hora hacíamos un ensayo de texto para repetirlo, no sé, hasta 40 veces a lo largo del día, rodando sin parar. Para los actores era agotador, pero era necesario para que yo contara con material para moverme por el coche en cada momento.

Con quien viajas¿Dejaba que los actores improvisaran o se ceñían expresamente al guión?

Les ceñí muchísimo al guión a Ana Polvorosa, Pol Monen y Andrea Duro. Tenían que ajustar sus diálogos y decir sólo lo que tenían que decir. Pero a Salva Reina le dejaba libre para que les descolocase un poco. Salva tiene una naturaleza muy improvisadora y quería que a veces no supieran qué iba a decir. Yo sugería de vez en cuando algo a Salva para que les sorprendiera. Esta libertad de Salva creaba en los demás estados de sorpresa. Pero algunas cosas, como la coletilla “¿tú sabes lo que te quiero decir?”, estaban perfectamente definidas en el guión. Aparece tarde pero está trabajada para que aparezca varias veces a lo largo del metraje.

En los títulos de crédito se ve cómo rodaron todo en interiores, con croma. Esto facilitaba supongo la operativa, pero ¿hubo algún pasaje especialmente complicado de rodar?

Decidimos rodar en estudio porque con cámara-car no podíamos rodar desde dentro y además dependes de la climatología, porque un día se te nubla y otro hace sol, de modo que el raccord es imposible. Así que nosotros rodamos el viaje a Murcia dos veces, con un montón de cámaras para hacer fondo de 360 grados y así poder situarse siempre en cualquier fase del rodaje en el estudio. De este modo yo sabía lo que había de fondo, podía hacer las sombras de todo, de los árboles, de los puentes, cuando era necesario hacer un reflejo, etc. Y además Salva veía la carretera para poder girar. Para facilitar todo lógicamente quitábamos la puerta, el cristal y demás. Al poco tiempo estábamos bastante familiarizados con este modo de rodar y permitía jugar un poco más con los movimientos de cámara.

¿Cómo fue la elección de actores? ¿Dependía de usted?

Fue un trabajo conjunto etre la directora de casting, el productor Eduardo Campoy y yo. Fue algo consensuado. Salva Reina se subió muy rápido al proyecto, porque buscábamos alguien así, muy particular. Había además que preparar bien el personaje. Yo quería cambiarle el look, dejarle el pelo largo, las uñas largas, etc. Ana Polovorosa fue una opción también desde el principio, porque me encantaba para el papel de Ana, pero lo difícil eran las fechas. Tenía muy pocos días libre pero pudimos encontrar un hueco en su agenda. Finalmente llegaron Paul y Andrea. Y una vez hecha la película me doy cuenta de que no podrían haber encontrado mejores actores.

¿Podría hablarnos de los actores, especialmente de Salva Reina y Ana Polvorosa? ¿Cómo trabajaste estos personajes especialmente?

Me tengo que creer los personajes. Con Salva Reina esto era clave. Tenía que ser muy friki para crear toda la incomodidad posible, pero a la vez necesitaba a alguien creíble, que te lo pudieras encontrar. Era un equilibrio complicado. Con Ana en cambio casi no pudimos ensayar, por falta de tiempo. Para mí Ana es la que lleva el ritmo de la historia, la que decide, la lleva la conversación. Ana Polvorosa tiene mucha energía, es capaz de cambiarte el ritmo. Son actores fabulosos.

¿Y la ambigüedad de la película?

Me han gustado siempre los finales abiertos. Disfruto del debate posterior, cuando los espectadores tienen opiniones diversas. Me gusta mantener esa situación, incluso a los actores unos días les decía que la cosa iba por un lado y otros días le decía la contraria. Es la vida misma.

 

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