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Entrevistas Las dos actrices estrenan "La voluntaria"

Carmen Machi e Itsaso Arana: "Admiramos a quien entrega su tiempo a los demás en este mundo loco y ególatra"

El mundo está loco, loco, loco. Y a todos nos gustaría ayudar para convertirlo en un lugar un poco mejor. Es la idea que atraviesa “La voluntaria”, la nueva película de Nely Reguera, que protagonizan Carmen Machi e Itsaso Arana, la primera como médico voluntaria en un campo de refugiados en Grecia, la otra como jefa de una ONG. Me encuentro con las dos actrices poco después de ver la película.

Carmen Machi no para de trabajar, parece una auténtica fuerza de la naturaleza, y en muy poco tiempo estrena Amor de madre, La voluntaria y Llenos de gracia. Como comenta, y a diferencia de su personaje de Marisa, “los actores no nos jubilamos. Es muy común entre nosotros, no tenemos fecha de caducidad. Pero los personajes que se jubilan, alguien los tiene que interpretar. Es verdad que he tenido la suerte de haber podido trabajar mucho, y con continuidad, y que este 2022 tengo muchos estrenos, en parte por la situación pandémica, que dio lugar a retrasos. En el audiovisual no ha faltado trabajo.

Machi conocía del mundo del voluntariado “sólo lo que puede saber cualquier persona. Es una realidad que conocía por los medios de comunicación, pero con la que no había tenido contacto. Al final, rodar es rodar. Y el que este mundo me fuera ajeno permitía una aproximación a Marisa más pura, porque ella no tiene idea de cómo funciona un campo de refugiados, lo está descubriendo.” Algo parecido le ocurría a Itsaso Arana, que había escuchado “el testimonio de personas cercanas que habían pasado un tiempo en los campos. Además, en otra obra [la pieza teatral "Muros"] me tocó interpretar a una refugiada, por lo que pude investigar, por así decir, el otro lado. Mi acercamiento al tema es desde el respeto, consciente de la dificultad del trabajo de las ONGs. Admiro a las personas que hacen voluntariado, y entrega parte de su tiempo a esta actividad, dentro de este mundo tan loco y ególatra en el que nos toca desenvolvernos.”

Sus personajes son bastante opuestos, uno risueño y que va por libre, el otro cansado pero sabiendo qué funciona y qué no en un campo de refugiados. Machi describe a Marisa como “una doctora recién jubilada, con una necesidad de ocupar su tiempo y su mente, y que desea hacer algo por los demás, como ha hecho durante toda su vida. Y siente que en ese campo puede echar una mano. Por supuesto cada uno va a un lugar como ese con su discurso interno.” Así que “llega llena de ilusión por ayudar, pero también de llenar su vida. Y se encuentra con dificultades que por lo que tengo entendido, son bastante comunes entre los voluntarios. Los hay que llegan y a los quince días se vuelven porque aquello no es lo que esperaban. Porque la tarea que se lleva a cabo es muy generosa y muy complicada, y tienes que estar armado a nivel interno para lograr hacer lo mejor.”

A Arana le toca, en parte, ser “la mala de la película”, aunque esto no sea del todo exacto. “Mi personaje está compuesto desde el cansancio de quien está todo el tiempo pegado a un lugar Y tiene rasgos ingratos, por lo que mi reto era incorporar eso como parte de una naturalidad ya integrada. Sobre el papel Caro era un personaje que tienes que negociar contigo mismo. La pregunta que surgía era: ¿cómo puede humanizarlo, sobre todo siendo una fuerza tan contraria al personaje de Carmen Machi? Madre mía, la que me espera, cómo puedo dotarlo de dignidad e intensidad, me decía todo esto. La clave es que tenía que cargarme de razones, porque el personaje de Caro tiene toda la razón del mundo. Creo que a medida que transcurre la película, acabas posicionándote más de su lado, si es que se puede hablar de 'lados' en esta película.”

El trabajo con Nely Reguera no ha podido ser más grato según las dos actrices, Machi afirma que “me apetecía trabajar con ella, porque me gustó mucho su primer largometraje María (y los demás).” Por su parte Arana señala cómo la directora atendió sus ruegos de “que me diera escenas con los niños, en las que estuviera bailando, intenté rascar algo de todo eso para humanizar a Caro. Pero a la vez se requiere humildad y decirte a ti misma, 'éste es el papel para el que he sido contratada, a ver cómo puedo salvarlo'. Y también hay que aceptar que no pasa nada si caes mal, pero puedes matizar presentándola como una tía entregada, esforzada, solidaria. Has de hacerte una composición de que el primer año que estuviera en el campo sería de otra manera, pero que luego puede el cansancio y asoma otra cara del voluntariado, que quizá sea menos romántica pero es más real. En cualquier caso, la película deja espacio para comprender a Caro y no quedarse con una visión parcial.”

Sobre la relación de Marisa con sus hijos, Machi cree que no es distante, sino que “es algo muy sencillo y cotidiano, y es que al final cada uno tiene su vida. No hay falta de comunicación, sino horarios diferentes y la falta de tiempo para poder dedicarlo a la madre. Al final los hijos acaban limitándose a llamar de vez en cuando a sus padres, para preguntarles qué tal están. En cambio, ella tiene mucho tiempo libre. No creo que necesariamente eche en falta haber sido abuela, aunque está claro que le gustan los niños, y que está a gusto con ellos. Esa es mi lectura. En el fondo, tiene que aprender a gestionar su soledad.”

Para Arana “la película es bastante amarga, porque la realidad que retrata es amarga; y el último plano te deja encogido el corazón. Pero creo que es real ese sentimiento de frustración cuando te acercas al mundo de los campos de refugiados. El personaje de Carmen Machi es cortoplacista, se ocupa de un niño y tranquiliza su corazón, pero en el fondo, con su modo de comportarse, está siendo egoísta, lo suyo es una especie de 'amor fou', es que está secuestrando al niño; eso no puede admitirse de ninguna de las maneras. No está ayudando o pensando en el bien común. Hay que saber quitarse de en medio, no buscar protagonismo, y pensar en el conjunto. Porque el campo ha de ser sostenible, y los favoritismos pueden ser una dificultad. Por eso mi personaje explota, no se puede ir por libre con esa locura solidaria. Pero a la vez la última mirada de Caro a Marisa dice mucho, porque hay lástima, pero también una decisión de guardar silencio, para no echar a perder la tarea que hacen en el campo.”

Coincide Machi al subrayar que “el mundo es inmenso, y es algo necio pensar que una persona concreta, yo o quien sea, puede cambiarlo. Tú puedes intentar ayudar a mejorar algo, dentro de tus posibilidades, en algo que ya está establecido. Tener la pretensión de crear algo que va a cambiarlo todo, acelerar las cosas, marcar la diferencia... Creo que la película tiene de atractivo el presentar que en un lugar sin esperanza, con una realidad triste, estancada, van personas con el deseo de ayudar y aportar algo, aunque tengan también la posibilidad de volverse. En cambio los refugiados no tienen esa opción. Es verdad que hay algo tremendo en lo lento que es el discurrir de las cosas, por ejemplo en lo relativo a la adopción. Pero se puede dar la situación de que en realidad, con esos esfuerzos, intentas beneficiarte a ti mismo, y no a quien lo necesita.”

Para Machi “lo bueno de la película es que cada uno puede pensar lo que quiera, y plantearse cómo actuaría si estuviera en el lugar de Marisa. Deja un debate abierto, y el cine está para eso, para que invite a hablar de ello a los espectadores.” Y Arana remata: “La película no carga las tintas con el aspecto del campo, que es luminoso, y puedes ver a los niños jugando. Lo que hace es criticar cierta visión occidental que se preocupa un poco de los problemas para luego volver a distraerse mirando las tiendas del “duty free” del aeropuerto.”

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