Decine21

Entrevistas

"Creo que soy un poco sádico"

Llamamos a la puerta de M. Night Shyamalan

M. Night Shyamalan sigue pegado a la etiqueta del cine de terror y de ser el nuevo mago del suspense. Aunque en esta ocasión parte de material ajeno, una novela, la ha hecho propia. El director nos cuenta en la habitación de un hotel madrileño como “La cabaña del fin del mundo” se convirtió en “Llaman a la puerta”.

Llamamos a la puerta de M. Night Shyamalan

¿Piensa M. Night Shyamalan que el género de terror se ha convertido en el último bastión para hablar de ciertos temas de los que cuesta hablar en la actual cultura de la cancelación?

Sí, yo me lo pregunto mucho, y concretamente si hoy habría podido hacer películas como La visita o Múltiple. Porque tocan temas que son en la actualidad extremadamente sensibles. Yo quiero seguir haciéndolo. Y ayuda un contexto de ficción como el terror, en que no se ve venir a las claras de que se va a hablar.

La película se basa en un libro de Paul Tremblay del que se han cambiado muchas cosas. ¿Cómo maneja ese equilibrio creativo con un material que originalmente no es suyo?

Es un ejemplo bastante inusual de adaptación, yo diría que no es propiamente una adaptación. Para empezar, he cambiado el título, distinto de la novela, por Llaman a la puerta, para evitar cualquier falsa expectativa a los lectores sobre lo que les iba a entregar. Porque el final difiere, me parecía que había que remarcar las diferencias con respecto al libro en ese detalle. La premisa del libro me resulta increíble, y me parecía que había que resolverla al final, para que aquello fuera satisfactoria; pero en el libro se opta por otros derroteros.

Cuando me lo ofrecieron, a los productores les dije que así no me parecía que fuera a funcionar, pero que les deseaba buena suerte. Pasó un tiempo y me lo volvieron a ofrecer, y cuándo les pregunté si podía hacerlo a mi manera, me dijeron que sí y acepté. Creo que resulta muy interesante que con la misma premisa, dos artistas ofrezcan historias diferentes.

shya3

La película transcurre en un escenario único, la cabaña, un tipo de planteamiento ya presente en otros títulos suyos. ¿Le gustan los desafíos técnicos que eso implica?

Me encantan. Me encuentro como el mejor de los chefs, que elige los mejores ingredientes para un plato, no los necesita todos, sino aquellos que permiten saborear la historia mejor.

Por ejemplo ahora estoy aquí sentado y pienso en la ropa que lleváis puesta y en la mesa donde estamos, y se me ocurre que es material suficiente para generar una escena, no hace falta salir de aquí a la calle para crear una historia. Es como la historia de la niña de El exorcista, no necesitamos salir de la habitación donde se encuentra para sentir todo ese terror.

Son cosas que suceden y se expanden, ocurre en muchas películas como El padrino. Pequeñas cantidades de algo hacen que sucede algo grande. Ahí ocurre cuando pega a su mujer y aparece la imagen en el espejo, o al despertarse por la mañana uno y entre las sábanas descubre algo... Son cosas que se toman su tiempo y se evita distraer.

La película tiene tintes apocalípticos, se tocan temas como el sacrificio y la religión. ¿Por qué?

Mis películas tienen habitualmente un contexto de religión o de mitología. O de extraterrestres y fantasmas. Nací como hindú y me eduqué en un colegio católico durante diez años. Me gusta mucho tener en cuenta el mundo real, e introducir ahí elementos mitológicos o de la Biblia, por ejemplo cómo serían los cuatro jinetes del apocalipsis si aparecieran en nuestros días.

En la narrativa se pueden introducir ciertos elementos fantásticos, pero no de cualquier manera, hay que atenerse a unas reglas, no vale cualquier cosa. Por ejemplo en mis historias no sirven los dragones o las brujas, porque en ese caso me deslizo hacia otro tipo de película.

shya1

Narrativamente la película es muy desafiante, porque convive la parte de terror con la dramática, en que se describe a una familia muy singular. ¿Cómo ha afrontado el desafío de equilibrar ambas? Porque pienso que los flash-backs pueden frenar un poco el relato.

Tiene gracia que lo mencione, porque en esto creo que soy un poco sádico. Parece que le estoy diciendo al espectador, “¿estás disfrutando con este flash-back en que introduzco algún elemento del pasado de los personajes?”, pues ¡zas!, te lo quito y vuelvo al bosque, y ofrezco una escena de gran tensión. O al revés, estás en un momento tremendo y te devuelvo a la tranquilidad.

En esta película ha sido un equilibrio muy delicado. Porque la diferencia entre una película que está bien y una obra maestra, es muy pequeña, puede ser de un cinco por ciento. Aquí ha sido difícil el equilibrio entre las emociones y la violencia, la parte de thriller. Antes del montaje final, había más escenas de flash-backs. Y tuvimos que hacernos esa pregunta, “¿puedo meter esta información aquí, sin necesidad de volver atrás?”.

Un ejemplo. Me gusta hacer pases de las películas con pocas personas, y después de que la ven les pregunto, “¿qué es lo que menos te ha gustado de la película?” y me lo dicen y por qué eso es así. Me dicen, por ejemplo, “ese flash-back me ha cabreado mucho”, y lo piensas, y tratas de cambiar el ritmo. Me lo invento, pero por ejemplo 200 personas te dicen que algo no les gusta, y cambias una frase, y se quedan en ocho, luego ajustas la música, y así hasta llegar a ese tanto por ciento que te parece que da el nivel de calidad deseado.

En Señales, me pasó con la primera versión del guión, en que la escena del accidente de coche de la madre era lo que menos gustaba, y descubrí que la mejor manera de ajustarla era trocearla a lo largo de le película, donde además conseguías crear una atmósfera de misterio, porque el espectador no estaba del todo seguro acerca de lo que había pasado. Y al final dabas la información para que se entendieran esos trocitos de flash-back.

¿A qué teme un director de cine de terror? ¿Quizá el dejar de hacer lo que quiere hacer, porque no le dejan en los tiempos que corren?

Sí, en esa actitud guían las buenas intenciones de no querer hacer daño al espectador y protegerlo, de no herir a nadie. Pero [ríe] quizá por naturaleza soy malvado, y si veo que algo me incomoda, allá voy, hasta el fondo, a buscarlo. Quizá no sea el mejor rasgo de mi personalidad, pero actúo de ese modo.

Ha estado involucrado en Servant varios años. ¿Qué le aportan las series de televisión que no le aporta el cine, y viceversa?

Mi posición con Servant es muy peculiar, porque la produzco yo y controlo el resultado final. Podía hacer lo que quería, no me imponían los directores, buscaba lo que me apetecía, rodaba, ponía el sonido, la música, como me apetecía. Es también una experiencia en que trabajas con muchos personajes a los que tomas bastante cariño, y el público también, y que los vuelves a retomar, que es algo que no ocurre con las películas. Y además trabajas con las mismas personas, escritores, productores, durante un tiempo largo, aquí cinco años. Es muy bonito.

En cuanto el cine, es mi religión, el mejor sushi del mundo, la forma más elevada de arte. El cine es lo mejor, nadie me puede convencer de lo contrario. Es el único sitio donde haces multitarea, y que te sientas en una butaca a contemplar lo que ha dado de sí.

shya4

Es sorprendente la niña protagonista, Kristen Cui, y lo bien que aguanta los primeros planos.

Pues sí, es una niña muy sabia y muy inteligente. Yo siempre digo lo mismo a todos los actores: “No hagáis nada con el cuerpo, o con la cara. No intentéis engañar a la cámara. Si lo hacéis, os lo voy a decir. No inventéis.” En cambio, le decía que pensara en su padre, en cómo reaccionaría ella si lo estuviera pasando tan mal como el de la película. Y así se lo repetía una y otra vez, hasta que lo entendía. Y los otros actores se sorprendían y decían, “anda, es verdad, lo ha entendido”. Ella es todo un personaje, electrizante. Me hacía pensar en Drew Barrymore.

Lo último del mundo del cine

Últimos tráilers oficiales

¡Hola, soy Hal21, tu androide experto en películas!
HAL21 Chatbot