El londinense Oliver Parker es un viejo conocido de los aficionados al cine, por sus dos adaptaciones de obras teatrales de Oscar Wilde: Un marido ideal y La importancia de llamarse Ernesto. Además, rodó una versión cinematográfica de Otelo, de Shakespeare, y trabaja regularmente como actor en series televisivas británicas.
¿Cómo surgió el proyecto de Fundido a negro?
Hasta ahora he adaptado obras de teatro al cine. Llevaba bastante tiempo intentando sacar adelante un proyecto distinto. He tardado ocho años en filmar esta película. Me intrigaba la figura de Orson Welles, que llevó al cine Otelo, como yo. Es un genio como cineasta y además, un personaje fascinante.
¿Qué era lo que más le intrigaba de él?
Me suscitaba una gran curiosidad el hecho de que hubiera tenido tantos altibajos en su carrera. Y tuvo problemas fuera de la industria cinematográfica. Me fascinaba el tema de que tuviera que hacer concesiones, trabajar en proyectos de medio pelo, para poder financiar sus películas. Era un hombre independiente, que conseguía estar dentro de los estudios. Y cualquiera que haga cine se sentirá identificado con sus dificultades para financiar Otelo. Supuso una auténtica odisea. Mi film es una empresa pequeña en comparación con todo lo que le ocurrió a él.
¿Qué partes de la película ocurrieron de verdad, y cuáles son hechos ficticios?
No quiero desvelar exactamente qué partes son inventadas, pero sí que puedo adelantar que muchas cosas ocurrieron en la realidad, incluso algunas que puedan parecer increíbles. También es cierto que llevo tanto tiempo trabajando en esta película que yo mismo mezclo realidad y ficción, ya no sé diferenciarlas. Y hay muchas suposiciones sobre la vida íntima de Orson Welles, que son pura hipótesis, pues nadie puede saber a ciencia cierta cómo era su personalidad. Eso sí, me gusta pensar que a él le hubiera gustado el film.
¿Es cierto por ejemplo que hacía trucos de magia, como muestra la película?
Desvelaré algunos datos que sí fueron reales. Lo de la magia es completamente cierto, pues al parecer muchos magos profesionales le admiraban por algunos trucos que él había inventado. Actuó para las tropas estadounidenses.
También es cierto que Orson Welles estuvo en Italia, en 1948, rodando Cagliostro, y se relacionó con el gángster Lucky Luciano, que quería trabajar con Orson Welles para poder entrar otra vez en Estados Unidos. El FBI iba siguiendo los pasos de Luciano, por lo que debieron investigar también a Welles. Y en las elecciones democráticas que se ven en la película, sucedieron muchas cosas extrañas. Los italianos tienen muchas teorías sobre eso, y nosotros hemos tratado de buscar explicaciones. Además, Welles mantuvo un romance con Lea Padovani. Ella le dejó porque quería un hombre, no un genio.
Además, estuvimos viendo Cagliostro, y me parece evidente que Welles prácticamente cogió las riendas como director, como se muestra en mi película.
¿No era un riesgo enorme contratar a un mexicano (Diego Luna) y a una española (Paz Vega) para hacer de italianos?
Se puede tomar como un homenaje al propio Orson Welles, que es famoso porque en Sed de mal contrató al estadounidense Charlton Heston para hacer de mexicano. En realidad les contraté porque parecen mediterráneos y porque son dos buenos intérpretes, lo que siempre es más importante que la nacionalidad. En cuanto al papel de Paz, era difícil encontrar a una actriz con esa fuerza, que recuerda a las estrellas de la pantalla de los 50. Combina misterio y sensualidad. Estuve viendo a muchas actrices, pero ninguna me resultaba convincente. En cuanto me entrevisté con Paz, supe que era idónea para el papel.
En cuanto a Diego Luna, es una figura dinámica, que contrastaba con Orson Welles, el protagonista, un tipo grandote, teatral y muy dramático. Diego daba el tipo de joven con personalidad que se movía como pez en el agua por la Italia de postguerra.
La película retrata una época convulsa para Europa a nivel político. ¿Tiene algo que ver esa época con la situación política actual?
Siempre que se rueda una película, hay que pensar en el interés que tiene la historia para los espectadores actuales. Para mí es una prioridad. La postguerra fue una época de cambios, igual que ahora, cuando se forjaba una situación internacional que duró décadas: la división entre dos grandes bloques mundiales. Además, mi película trata temas que se han repetido a lo largo de la historia, como las tensiones derivadas de la lucha por la hegemonía mundial.
En cualquier caso, el tema central es el sacrificio que realiza Orson Welles, que debe renunciar a su proyecto cinematográfico para hacer lo que cree que es justo.
