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Martha Fiennes se atreve con los rusos en "Onegin"

Hermana mayor de los archifamosos Ralph y Joseph, Martha Fiennes lleva mucho tiempo dedicada a la dirección de anuncios publicitarios. Debutó en el cine de ficción en 1999, con Onegin, valiosa adaptación de la novela del ruso Alexander S. Pushkin. La cineasta me espera en un céntrico cine madrileño, donde la reconozco inmediatamente, a pesar de no haber visto nunca una foto suya, por los rasgos físicos, que recuerdan a sus ilustres hermanos, sobre todo a Ralph.

Martha Fiennes se atreve con los rusos en "Onegin"

Han pasado muchos años desde Onegin hasta Alta sociedad. ¿Por qué tanta espera?

Se tarda muchísimo tiempo en conseguir financiación, sobre todo si quieres hacer un tipo de cine alejado de los modelos más comerciales. También me mandaron algunos guiones, pero no me convencían, así que decidí esperar.

Esta vez ha sido usted la guionista. ¿Ha quedado satisfecha con la experiencia o se siente mejor adaptando material ajeno?

Cuando terminé Onegin, pensé en varias novelas que me gustaría llevar a la pantalla. Pero no estaban disponibles los derechos de ninguna, así que cambié de estrategia. Al final, me lancé a la escritura de un guión original, partiendo de cero, y me di cuenta de que tenía cosas que narrar, así que creo que ha sido una opción acertada.

Desde la primera secuencia, se critica la obsesión por la cirugía plástica. ¿Cree que la gente muchas veces empieza a operarse sin necesidad?

He querido reflejar esa ofuscación actual en el personaje de Iona, que interpreta Kristin Scott Thomas, que representa a la sociedad que sólo piensa en mantener una imagen joven, a través de la cirugía estética, pero también del yoga, el botox y de las terapias alternativas. Me preocupa tremendamente que toda la oferta de este tipo de terapias parece estar enfocada hacia la mujer. Creo que la sociedad tiene un tremendo problema de narcisismo, y que a veces nosotras nos operamos los pechos, cuando luego en realidad no se consigue impresionar a un hombre tantísimo sólo con unos pechos operados.

El título original es Cromophobia, como un cuadro de arte moderno que compra uno de los personajes. Pero el título también quiere decir miedo al color. ¿Tiene algún significado metafórico en la película?

Sí, en la película sale un cuadro que se llama así, pero también es mucho más que eso. Es un símbolo para mí del miedo a la vida, de la gente que se conforma con el blanco y negro. La vida es en colores, puede haber bastante confusión y caos, tener niños da lugar al caos, pero también a los momentos buenos. Existe gente que tiene miedo a afrontar lo que es la vida, las dificultades de la vida. Hay gente que parece que tiene miedo del amor, de amar a su hijo, por los problemas que esto les pueda ocasionar, y entonces tienen una vida de baja intensidad.

El personaje de Damian está involucrado en un asunto de corrupción. Ha habido muchos escándalos de corrupción, en España y en Gran Bretaña. ¿Cree que el cine puede ayudar a concienciarse del problema?

Es la parte de la película con la que trato de describir el mundo moderno. Como mi anterior trabajo, Onegin, era un film de época, ahora quería mostrar cuáles eran los problemas actuales, y la corrupción es de los peores. A mí me encantan las historias clásicas y el cine que habla de temas tradicionales, y creo que en esencia Alta sociedad va por ahí. Pero como se desarrolla en la actualidad, tenía que describir nuestra época, muy marcada por ese tema. Se puede decir que mi film se desarrolla en bloques temáticos, y que el bloque de la corrupción y del personaje de Damian es el nexo central, pero también he tratado de enfocar muchos otros temas. Me planteé la película como si hubiera escrito un ensayo sobre Londres en la actualidad, y fuera escribiendo capítulos sobre todo lo que te puedes encontrar allí.

Esos problemas actuales no son nuevos, y aunque se tiene la sensación de que hemos progresado, no siempre es así. En el caso de la avaricia, y de la utilización abusiva del poder para hacer dinero, nuestra época no es tan distinta de otras que consideradas mucho más oscuras.

El film se desarrolla en Londres. ¿Cree que los personajes son trasladables a cualquier otra ciudad del mundo? ¿Hay elementos típicamente londinenses?

Los productores estaban muy preocupados por la universalidad de lo que cuento, por si la película podría interesar fuera de Gran Bretaña. Estaban asustados cuando fuimos a Cannes. Pero me gusta pensar que se pueden encontrar en cualquier sitio personajes como el viejo juez, o la prostituta, que no debe ser muy diferente a los que hay en Japón.

¿Por qué decidió fichar a Penélope Cruz para interpretar a la prostituta? ¿Había visto más películas de la actriz, como No te muevas, donde hace un personaje similar?

En realidad no pensé en Penélope Cruz, no creía que estuviera a mi alcance ficharla. De hecho, había pensado en otra actriz, que comparte agente con Penélope, pero éste decidió darle el guión a ella, y parece que le gustó mucho. Estaba tan ilusionada que decidí hacerle una prueba y vi que era una excelente elección para el personaje. Para mí fue una suerte, porque es una gran actriz y creo que la película ha salido ganando con ella.

Incluye elementos humorísticos sin perder el tono dramático. ¿Era un riesgo?

Era un riesgo que tenía que correr, pues también es una táctica para ayudar a la gente a pasar por los temas más duros. En caso contrario, les resultaría muy dolorosa la película. Incluso Shakespeare, en sus grandes tragedias, se permite el recurso al humor, en momentos puntuales, porque seguramente conocía este principio. Además, el rodaje fue muy distendido, todos tenían mucho sentido del humor, y algo de eso se contagió a la pantalla.

El personaje de Ralph es acusado falsamente de pederastia por un malentendido. ¿Cree que estamos en una sociedad donde se tiende a acusar sin pruebas?

He visto muchas veces, en la prensa, cómo enseguida la opinión pública lapida a alguien sin que existan pruebas. Quizás sea un problema de paranoia social: tanto los ciudadanos como los poderes públicos necesitan encontrar cuanto antes a un culpable de los problemas que tenemos alrededor. A veces se usan inocentes como cabeza de turco. También existen numerosos prejuicios contra los que son diferentes.

Me interesaba muchísimo el personaje de Ralph, porque es experto en arte. Representa la sensibilidad, es un tipo que busca la belleza, algo que se está perdiendo. Es un personaje que contrasta mucho con la enorme agresividad que existe actualmente en la sociedad, por lo que está condenado a un trágico destino.

¿Se ha vuelto difícil trabajar con su hermano Ralph, ya que es una megaestrella?

No me lo he planteado. Para mí no es una megaestrella, es mi hermano Ralphie. Siempre me he llevado muy bien con él, y el rodaje con mi hermanito fue increíble para mí. Y él ajustó sus fechas de rodaje teniendo en cuenta que le hacía mucha ilusión protagonizar esta película a mis órdenes, así que nunca he tenido la sensación de que algo haya cambiado desde que Ralph triunfa en la gran pantalla.

¿Se siente más a gusto trabajando con gente de su familia? ¿Podría hablarme de Magnus Fiennes, compositor de la banda sonora, el menos conocido hasta ahora?

En realidad no los he escogido por que me sienta mejor trabajando con ellos, sino porque eran los más indicados para hacer su trabajo. Quizás, como los tengo cerca, me he fijado en ellos antes que en otras personas que también tienen talento, pero sin duda son excepcionales en lo suyo.

La gente que trabaja conmigo son personas en las que pongo mi confianza, y no tengo ninguna queja de ellos porque han superado mis expectativas.

Magnus compuso la música de Onegin. Después he estado dedicada durante mucho tiempo a la publicidad, y siempre ha estado trabajando conmigo, porque nos compenetramos muy bien. Y empieza a ser un músico muy solicitado para series y telefilmes, por lo que le vaticino una inmejorable carrera en el futuro.

¿Tiene pensado adaptar más novelas clásicas tras Onegin?

Tengo pendiente un film sobre Matahari, que espero poder rodar algún día. Siempre estoy pensando que existen novelas muy brillantes de las que saldría una buena película. Por ejemplo, los libros de Edith Wharton son bastante indicados para el cine.

Creo que tengo más posibilidades de acabar rodando una novela conocida, porque la financiación va a lo seguro. Siempre que presento un proyecto, si les digo que voy a adaptar una novela que conocen, al menos ya saben lo que va a ser la película y se animan mucho antes. Si les digo que voy a escribir yo un guión original, me ponen una cara extraña, pues piensan que a saber qué escribiré.

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