Mike Newell es uno de los ‘Michael’ con mayor prestigio del cine británico, junto a Mike Leigh y Michael Winterbottom. Cuando dirigió Cuatro bodas y un funeral, con la que se consagró a nivel internacional, era todo un veterano en el terreno televisivo. Le tiran las adaptaciones literarias de obras tan variopintas como Un abril encantado, Harry Potter y el cáliz de fuego y El amor en los tiempos del cólera, que supone su último trabajo.
¿Llevaba mucho tiempo intentando sacar adelante el proyecto de adaptar esta novela?
Sí, era una especie de sueño para mí llevarla al cine. Aunque al final, ese sueño llevaba camino de convertirse en una especie de pesadilla. El caso es que he leído varias veces el libro, desde que era muy joven, y siempre había querido adaptarlo a la pantalla grande.
¿Por qué le gustaba tanto?
El motivo es muy simple. En la actualidad brillan en las pantallas por su ausencia historias tan humanas, sobre sentimientos. Además, creo que como otros lectores, veo reflejada parte de mi propia vida en la novela. Concretamente, el libro me recuerda la historia de mis padres, a los que recuerdo como personas llenas de energía. Pero mi padre se apagó de repente y murió, mientras que mi madre sufrió artrosis. El tema del paso del tiempo y la vejez es para mí el eje central de la novela, que tiene un final mucho más feliz que lo que ocurrió en la vida real, pues pude ser testigo del deterioro de la salud de mis padres y su posterior fallecimiento. Ese desenlace triunfal me atraía, sobre todo porque en la vida real el desenlace no fue tan triunfal.
Trata del paso del tiempo, y sobre todo de la perseverancia, pues muestra a un hombre que no está dispuesto a renunciar a su amor aunque pasen los años. ¿Cree que la perseverancia recibe sus recompensas en la vida real?
Sí, me siento una persona optimista y he visto que esas cosas suceden en la realidad. Me planteé la película como un thriller del corazón. El protagonista topa con múltiples dificultades para lograr su objetivo de conquistar a su amada. Cuando está a punto de reencontrarse con ella, le rechaza. Se trata de mantener al espectador en vilo, como en un thriller. Todos estos obstáculos producen la sensación de que en cualquier momento podría haber desistido. Pasan muchas cosas y algunas son terribles. Pero él no está dispuesto a renunciar y se mantiene en sus trece.
¿Fue difícil reflejar el transcurso de los años en la pantalla?
La novela abarca sesenta años de la vida de los protagonistas, desde 1875. Efectivamente, era fundamental que se fueran notando en la película los muchísimos cambios que hubo en esos años: la llegada del teléfono, la luz eléctrica, etc. He intentado introducir detalles que situasen al espectador. También quería expresar el paso del tiempo a través de la banda sonora, con sonidos propios de la época. El principal escollo fue reflejar el hecho de que los protagonistas se convirtieran en ancianos, lo que requirió de muchísimo maquillaje y una cuidada labor de los actores.
¿Por qué escogió como protagonista a Javier Bardem?
Creo que era el único que podía interpretar a un personaje tan complejo como Florentino Ariza. Pero no fue fácil que los productores apostaran por él. En Hollywood siempre quieren a los mismos actores. Si hablas con los productores, a veces tienes la sensación de que quieren a Tom Cruise para todo. Es una pena, pero a pesar de que el protagonista es latino, querían a Brad Pitt, porque asegura que el público pase por las taquillas. Yo pienso que no habría funcionado.
Estuve viendo varias películas de Bardem, y me impresionó sobre todo su trabajo en Antes que anochezca. Le conocí personalmente y me pareció el actor más indicado para la película. Sobre todo porque es un hombre muy carismático, lo que le hacía ideal para interpretar a Florentino, un tipo poco convencional.
Al principio los productores se resistían a escoger a Bardem, por mucho que yo insistí, porque sólo pensaban en el mercado estadounidense. En principio cedí e intentamos hacer un casting con actores anglosajones, pero pronto se hizo evidente que la cosa no funcionaba. Al final, conseguí que me dejaran ceñirme a una idea que tenía clara: que todos los actores debían hablar español.
Por desgracia, el tiempo no me ha dado la razón, porque confieso que en Estados Unidos la película no ha funcionado demasiado bien. Supongo que parte del problema es que los actores no tienen tirón comercial cara a las taquillas allí. Creo que puede funcionar más en Europa, donde prestan más atención a la película en sí que a las estrellas.
Todos hablan español, por lo que usted cuenta, pero proceden de países variopintos: España, Colombia, Italia o Brasil. ¿No temía que cuando hablaran pareciera que no estaban en el mismo lugar?
Sí, por lo que tuve que unificar sus acentos, recurriendo a un entrenador de voz. Tuvimos que ensayar durante un mes, cuando normalmente los ensayos duran mucho menos.
Poder recurrir a un reparto internacional fue sin duda una ventaja, porque creo que he seleccionado a la flor y nata de cada país. El caso más difícil fue el de la brasileña Fernanda Montenegro, una actriz excepcional, pero que no hablaba absolutamente nada de inglés. Al principio se aprendió la trascripción de los diálogos y los repetía sin entender nada. Sobreactuaba como Sarah Bernhardt. Pero después trabajé mucho con ella para que captara qué era lo que tenía que expresar su personaje en cada momento. Desde ese momento, todo fue sobre ruedas, porque aunque no entendiera sus frases, sabía lo que tenía que transmitir.
¿Qué opina el autor de la novela, Gabriel García Márquez, de su adaptación?
Al principio se resistía a ceder los derechos, porque estaba radicalmente en contra de una adaptación en inglés de su novela. Pensaba que no iba a funcionar. Al final, aceptó, pero tenía derecho de veto sobre los actores, el guión e incluso el director. Vamos, que me podía haber despedido si no le gustaba mi forma de enfocar la adaptación. Me reuní muchas veces con él, y después acabó enviándome notas que me aportaban sobre todo muchísimas ideas. Curiosamente, sus notas son auténticos ejercicios literarios, porque escribe con un estilo poético lleno de elipsis, muy sugerente. Son dignas de guardar. Cuando acabamos la película, le invitamos a una proyección, y parece ser que le gustó. Gracias a Dios, porque sino no me habría atrevido a mirarle a la cara.
Sus películas son muy diferentes. ¿Busca a propósito la diversidad?
Eso me han dicho muchas personas. Pero no sé a qué se refieren. A mí no me lo parece. No busco la diversidad y no creo que mis películas sean tan distintas, aunque ésa es sólo mi humilde opinión. Intentaré explicarme. Mis padres eran muy aficionados al teatro. Desde pequeño he visto muchísimos montajes y conozco estupendamente a los dramaturgos británicos. Las grandes obras de Shakespeare y los mejores autores tienen en común que presentan a personajes interesantes enfrentados a grandes problemas. Yo voy buscando guiones que tengan ambas cosas. Si encuentro el conflicto y me atraen los personajes, ya tengo dónde agarrarme. Ya sé que la historia va a funcionar. Cuanto más gordo sea el problema, más me encuentro en mi salsa. Hugh Grant en Cuatro bodas y un funeral tiene un problema gravísimo, porque era un treintañero que tenía un miedo atroz al compromiso. En Harry Potter y el cáliz de fuego, el protagonista tiene un grave problema porque le quieren sacar tres gotas de sangre.
¿Cuál es su siguiente proyecto?
Trabajo en la adaptación de un famoso videojuego que se titula Prince of Persia. El protagonista tiene también un problema, porque es un vagabundo callejero que se entera repentinamente de que en realidad es el tercer hijo del rey. Deberá defender el imperio de su padre de una grave amenaza. Es una producción de Jerry Bruckheimer, lo que implica un enorme presupuesto, mucha acción, muchos extras, etc.
