Vuelve el hombre del misterio, al que le encanta conjugar el cine de género, thriller, terror y ciencia ficción mayormente, con la indagación de los problemas que acechan al ser humano. Estuvimos con M. Night Shyamalan a su paso por Madrid para hablar de El incidente, su último fim.
Uno de los temas que más parece interesarle es de la inocencia, una especie de pureza, de estado mágico de las personas.
Es verdad, se trata de ua parte de mi personalidad. Cuando era pequeño era conocido entre mis compañeros por esa inocencia, mi gusto por creer. Yo era de los que creía en Santa Claus hasta estar bastante crecidido. Hay muchos cineastas que tienen una etapa de su vida que es la que más les gusta recordar, a la que vuelven una y otra vez. Para mí esa época es la niñez, y concretamente el momento en que me di cuenta de que el mundo no era tan mágico como yo pensaba. Por eso abordo con tanta frecuencia, una y otra vez, el tema de la inocencia amenazada.
La película habla de la necesidad de creer, no tanto desde el punto de vista concreto de la religión, como el de la fe. Hay que creer en la inocencia capaz de amar. Es un tema al que le di muchas vueltas, de hecho soy un escritor terrible y el guión llegó a conocer 12 versiones diferentes.
Su película es muy angustiosa.
Sí, en parte porque utilizo información inquietante, como la de la desaparición parcial de las abejas en Estados Unidos, aparecida en un artículo que dio mucho que hablar. Me gusta crear además una tensión muy visual, muy a lo Alfred Hitchcock.
Parece ser que escribió el personaje del protagonista pensando en Mark Wahlberg
Bueno, que no se entere Mark, pero al principio yo escribo el guión poniendo en los personajes varias cosas de personas que conozco. Sólo cuando se va perfilando más, pienso en alguien concreto con el que me gustaría contar, en este caso Mark, al que ya conocía y con el que he estado encantado de trabajar.
Aunque esta sea una película de género, están presentes una serie de temas comunes en su filmografía…
Hacer películas es para mí como una terapia, que funciona mucho mejor que acudir al psicoanalista. En las primeras versiones del guión estaba muy presente la idea de la importancia de mirar al mundo de un modo positivo, y aunque se fue rebajando en las nuevas versiones, era menos explícito, me he esforzado en que eso esté presente. Ahora en el mundo cuando intentas ser optimista, tener una mirada positiva hacia las cosas, te tachan de ingenuo. Yo no soy de esa opinión, y he reflejado cómo Alma, el personaje de Zooey Deschanel, se va contagiando de esa mirada positiva de su marido, el personaje de Wahlberg.
Ha declarado que ésta ha sido la película más fácil de rodar entre las que ha hecho…
Con eso me refiero a que la película se basa en una idea muy sencilla, que tiene consigo toda la estructura narrativa. Yo tengo un instinto muy novelesco, y aquí la forma de narrar estaba muy clara, como esos esquemas clásicos, ‘chico pierde chica, chico recupera chica’. Luego tengo una gran facilidad para los detalles pequeños, imaginé montones de ellos, aunque luego fui viendo lo que interesaba conservar y lo que había que suprimir. Es esencial que esos detalles pequeños sirvan a la estructura.
¿Nunca le han planteado hacer un videojuego, de sus películas u original?
La verdad, no soy un hombre tecnológico. Pertenezco a la primera generación que empezó a utilizar los ordenadores, pero es algo que se me resiste. Por no tener, no tengo ni dirección de correo electrónico. Aunque utilizo el ordenador para escribir, tengo una colección de máquinas de escribir, y me gustaría utilizarlas, pero… No sé por qué, pero no me interesa mucho todo este tema, tal vez tenga que ver con una especie de miedo al futuro…
¿Cómo es su trabajo con los actores?
Hablo mucho con ellos. Tienen que estar preparados en el momento de rodar, para hacer lo que yo espero. Y todo lo que les digo o se indica en el guión tiene una razón de ser. A veces los actores se amargan un poco, porque aunque no soy muy explícito, se dan cuenta de si han dado lo que esperaba de ellos, si me ha gustado su actuación.
Después de La joven del agua, que no funcionó tan bien en taquilla como esperaba, tal vez haya sufrido cierta presión…
Siempre hay presión, aunque hubiera sido un éxito indiscutible. Pero no pienso en esos términos, de si voy a hacer un montón de taquilla, o si agradaré a los críticos. Sólo hago aquello en lo que creo, no puedo hacerlo de otra manera. He pensado tiempo después en La joven del agua, y los comentarios que suscitó, y esta película me la planteo como un modo de devolver los golpes recibidos.
¿Qué piensa cuando le preguntan por “el mensaje de la película”?
Trato de llegar a un equilibrio en mis películas. Tengo claro que deben ser un entretenimiento, y en el caso que nos ocupa mi intención era lograr la mejor serie B posible. Lo cual no quita que haya subtexto, como ocurre en otros clásicos de género como La invasión de los ladrones de cuerpos o La noche de los muertos vivientes. En este film se presentan muchas teorías sobre por qué sucede lo que sucede –terrorismo, una cuestión de energía nuclear…–, pero al final hay que concluir que nadie sabe nada. Me permito alguna pequeña ironía, como la de las casas nuevas junto a una central nuclear, donde se puede leer en un cartel ‘Tú te mereces esto’.
