Debutó como bailarina, pero lleva ya tres décadas como actriz de cine, teatro y televisión. Silvia Munt (Barcelona, 1957) ha protagonizado títulos muy destacados del cine español, como Alas de mariposa, Éxtasis, Secretos del corazón y Aunque tú no lo sepas. Ahora ha dirigido Pretextos, que deja claro que las mujeres pisan fuerte en el cine español.
Es su primer largo de ficción, pero antes ha dirigido cortos, un documental y varios telefilmes. ¿Ha querido a propósito estar muy preparada antes de dar el paso de dirigir esta película?
Me ha venido muy bien toda esa experiencia, pero no ha sido un proceso deliberado. Empecé con los cortos, y me fue bien, y después surgió la oportunidad de rodar el documental Gala. También me contrataron para hacer las ‘TV movies’, que yo en principio no quería rodar. Después lo pensé y al final dije que sí. Era una fórmula que a mí no me gustaba, pero la televisión resultó ser una excelente escuela para aprender a hacer cine. Son productos sin muchas pretensiones. Gracias a ellos he aprendido a contar una historia de principio a fin y a interesar al espectador. Así que ahora defiendo la televisión, sobre todo porque llega a mucha gente. Yo he tenido mucha suerte, porque he tenido mucha audiencia y me han dado premios.
La televisión tiene una gran ventaja, y es que los proyectos se desarrollan a gran velocidad. Entre unas cosas y otras, el proceso de elaboración de Pretextos ha durado casi dos años. El guión se mima, y se perfecciona hasta que queda perfecto, luego tienes que buscar financiación, vender los derechos de emisión televisiva, etc. y al final acabas trabajando mucho tiempo en un film.
¿Es muy distinta esta película de cine a sus trabajos en televisión?
El ‘tempo’ es más relajado en el cine. Por ejemplo, la secuencia en que mi personaje pone un disco de vinilo no se podría haber hecho en la tele, porque es muy contemplativa. En televisión, tiene que haber un ritmo más dinámico. A los diez minutos, han tenido que ocurrir muchas cosas. En la pequeña pantalla, se rueda a ritmo de rock, pero rodar en cine ha sido como un blues. También son distintas las temáticas que se abordan en el cine. No creo que se hubiera rodado para televisión un film sobre la crisis de una relación, porque buscan temas impactantes y mucho más comerciales.
¿Por qué se puso a dirigir? Parece que las actrices al llegar a cierta edad tienen problemas para encontrar buenos papeles. ¿Ha decidido usted que si no le llegaban personajes interesantes se los crearía usted misma?
Es cierto que ocurre eso, y que es mejor sacar adelante tu propio proyecto que quedarse parada. Aunque en mi caso concreto, hace diez años que dirijo, y el problema de la escasez de papeles me ha venido después. Yo di el paso a la dirección porque me gusta. Y eso que me han tenido que empujar para que dirigiese. Para todo lo que he hecho en esta vida, interpretar o bailar, siempre me han convencido los demás.
Desde que era muy joven me ha gustado contar historias. Antes escribía, porque descubrí que tenía una necesidad de contar la vida tal y como yo la veía. Así que más bien el llegar a dirigir ha sido un paso natural que estaba destinada a dar.
Creo que cuando alcanzas una cierta edad, te propones hacer sólo cosas que te gusten, en la medida de lo posible. Así que yo me he propuesto hacer algo que me gusta mucho, que es dirigir. Sobre todo porque me hace sentirme bien, independiente y libre. También lo hago porque de momento creo que se me está dando bien. Si me hubiera dado cuenta de que la dirección no es lo mío, habría abandonado esta faceta.
Aunque es un drama sobre la crisis matrimonial, bastante realista, se nota que ha querido lanzar una mirada esperanzada y positiva.
Me han dicho algunos espectadores que les ha parecido una historia muy dura, muy descarnada. Yo sólo he tratado de mostrar la vida tal como es. Le estoy advirtiendo al espectador que no merece la pena ilusionarse con visiones idílicas de las relaciones amorosas, porque las historias de amor son duras. Más vale que lo sepan y que se preparen para superar todas las complicaciones.
Por supuesto intento ser positiva, porque creo que se puede intentar solucionar los problemas. Es importante mantener la comunicación, por ejemplo. A veces el problema está en nosotros mismos. Ocurre muchas veces con la insatisfacción, que nos la creamos nosotros, porque cuanto más tienes, más quieres. Parece que uno es completamente feliz hasta que cree darse cuenta de que puede serlo más.
Es también un film sobre la necesidad del cariño como factor clave en esa búsqueda de felicidad.
Es básicamente lo que busca el ser humano, el cariño, para poder ser feliz. De ahí que se cite expresamente en la película al film Johnny Guitar, con su célebre diálogo: “Miénteme, dime que me quieres”. Es tan importante sentirse querido, que podría no llegar a importarnos que nos mientan. Cuando dejas de sentir que te quieren, nada tiene sentido. Es un poco tópico quizás, pero pienso que las mujeres somos más emocionales, y sentimos más intensamente esa necesidad de cariño, o a lo mejor es que lo expresamos más. Aunque paradójicamente, esa frase que incluyo de Johnny Guitar se la dice él a ella, o sea Johnny a Vienna, la protagonista.
¿Esa cita cinéfila la incluyó usted personalmente, ya que es coguionista junto a Eva Gaeza?
Fue idea mía, ya que es una película muy personal. Estoy hablando de mí misma. Es cierto que en la creación artística se debe ser lo más sincero posible, por lo que yo me he esforzado por expresar mis propios sentimientos. A veces, las mejores creaciones son aquellas en las que el artista expresa cosas que ha sentido, y además el proceso puede servir para que cautericen las viejas heridas del pasado.
Algunos momentos son un poco vanguardistas, como el principio. Uno cree que están rodando una película y resulta que no, que son personas reales. ¿Es consciente de que produce a veces la sensación de que está experimentado?
He puesto esas cosas aposta, aunque yo hablaría de ‘juegos’. Soy muy niña, desde siempre me ha gustado mucho jugar. Por eso me dedico a dirigir, porque es como un juego, pero también porque me sirve como recurso narrativo para dar mi visión de la vida. Por ejemplo, Daniel y Viena, los protagonistas, viven en un ‘loft’, que es muy similar a otros que yo misma he visto en Barcelona. Pero parece un decorado, donde se va a rodar. Todo esto me sirve para contar que a veces la vida es como un escenario en el que pasan cosas.
Ha escogido actores de gran talento, como Laia Marull, Álex Brendemühl, etc. ¿Pensó en ellos mientras escribía el guión o les ha escogido después?
Curiosamente no pensé en ninguno mientras escribíamos el film. Ha sido un proceso largo y muy costoso, y decidimos centrarnos en narrar la historia, sin que nos influyera quién podría acabar interpretando a cada personaje. Tenía una gran necesidad de explicar lo que le ocurría a la protagonista, y para mí eso era lo más importante. Ni siquiera tenía claro que yo acabaría encarnando a Viena. Cuando ya lo teníamos muy avanzado, pensé en Laia Marull, pero jamás pensé en los otros papeles, hasta que lo acabamos.
¿No resulta agotador actuar y ser directora, que conlleva una gran responsabilidad y se debe estar pendiente de muchas cosas?
He escuchado declaraciones de actores que se han dirigido a sí mismos y siempre coinciden en que han tenido que realizar un gran esfuerzo. Pero en mi caso no he tenido ese problema, porque ha sido una experiencia que me ha divertido. A mí lo que me resulta agotador es el aburrimiento, pero no el trabajo. La rutina me cansa, me apaga, pero estar activa me ilumina.
Además, las dos actividades son complementarias. Dirigir supone tomar una serie de decisiones, controlarlo todo, pensar mucho, y eso puede generar cierta tensión. Pero esa tensión la descargo cuando interpreto. Creo que ambas tareas se alimentan la una a la otra. Así que lo cierto es que he estado en mi salsa cuando he hecho las dos cosas a la vez.
Es un buen momento en el cine español para las directoras. Su trabajo me ha hecho recordar las películas de Isabel Coixet, Icíar Bollaín y Gracia Querejeta. ¿Cree que tiene algo en común con todas ellas?
Creo que tengo mucho en común a nivel de contenido, porque todas buscamos historias en las que primen los sentimientos. Creo que hacía falta llenar un hueco, porque tradicionalmente ha habido menos directoras mujeres que hombres. Ha habido directores masculinos de lo más variopinto y muy buenos, pero también era necesario que se viera en la pantalla el mundo desde una perspectiva femenina. Es una forma de estudiar el comportamiento humano desde otro punto de vista.
Además, creo que las mujeres como directoras tenemos mucho sentido común. Y eso es un requisito muy importante para dirigir cine.
¿Tiene más proyectos?
Acabo de terminar el rodaje de Bajo el mismo cielo, que es mi cuarta ‘TV movie’, que he escrito con Eva Baeza, la misma coguionista de Pretextos. Es sobre la emigración. Siempre regreso a una serie de temas recurrentes que están presentes en toda mi filmografía, como la emigración, la multiculturalidad, el mestizaje y la insatisfacción. Supongo que todos esos temas forman parte de mis obsesiones personales y siento la necesidad extrema de narrar historias que giren en torno a ellos.
