Si hay un mito, una figura reconocible de la revolución, ése es el de Ernesto ‘Che’ Guevara. Hablamos con el director del díptico hispanoestadounidense dedicado a tan insigne personaje, del que se estrena ahora la primera entrega, Che, el argentino. Y da gusto mantener una conversación larga e inteligente con Steven Soderbergh, ganador del Oscar al mejor director por Traffic.
No es la primera vez que aborda en una película a personajes reales, ahí estén los casos de Kafka y Erin Brockovich. Pero este film es lo más parecido que ha hecho a un biopic hasta la fecha. ¿Cómo se planteó el desafío?
La trampa de los biopics está en que la gente trata de abarcar demasiado de la vida del personaje retrataado. Yo quería evitar esto, y por eso prefiero centrarme en un período muy específico. Empecé en Bolivia, lo amplié a Cuba, y luego las escenas de Nueva York. Prefiero hacer dos años al detalle de la vida del personaje que abarcar mucho y decir poco. Además, es un proceso muy extraño porque, por naturaleza, cuando uno agarra una cámara, está mintiendo de alguna manera, esas imágenes no son la verdad. Por eso hacer algo sobre una persona que ha existido en la realidad es muy raro.
Che, el argentino tiene una estructura muy peculiar, con esa entrevista en blanco y negro en Estados Unidos que puntea la narración. ¿Esto estaba ya en el guión inicial?
Lo de Nueva York lo rodamos hace dos años y medio, y lo de Cuba estaba todo en una sola pieza. Pero fue en la sala de montaje cuando decidí hacerlo como se puede ver en su aspecto final.
¿Y la yuxtaposición de escenarios la tenía ya en la cabeza?
Sabía que la iba a utilizar de alguna forma, pero no tenía ningún plan concreto de cómo lo iba a hacer. Una vez que llegan a las villas, en el último tramo, ya es tiempo real todo, menos al final, y esto era algo apropiado. Pero luego decidí que para contar lo que sucede en Nueva York el montaje tenía que ser diferente. Cuando llegamos al momento de las villas, ya teníamos establecido el personaje, cómo era, así que no hacía falta recurrir a la faceta pública, como de estrella del rock, que se ve en la ONU.
El guión está basado en las memorias del Che. ¿Ha tenido en algún momento miedo de que esto se interprete como una toma de partido? ¿Ha acometido el film de alguna forma, para evitar dar tal impresión?
No, no ha sido una preocupación que haya ocupado mi cabeza el pensar en que pudiera haber gente que estuviera en contra del film. Sabía que la película no incluye una cantidad tal de barbaridades como para que partidarios o contrarios se sientan atacados. Aún así, yo no me lo he planteado en ningún momento desde un punto de vista concreto, he sido ajeno a nivel ideológico. Por otra parte, además de basarme en los escritos del Che, que escribió muchísimo, también me serví de las entrevistas. Y algo que deduje de todo el material que he manejado es que no creo que fuera una persona con la que fuera fácil estar.
La realización de esta película ha sido un largo viaje, le ha ocupado varios años. ¿Ha cambiado su punto de vista desde que comenzó hasta ahora?
No, sigo donde estaba. Sin embargo, de lo que no fui consciente hasta que empecé a rodar fue de lo duro que era físicamente lo que hacían los revolucionarios, estar en la selva, caminar, ausencia de comodidades... Es una decisión, la de establecerse en la selva, que mucha gente que dice que apoya al Che no podría llevar a cabo. Es muy difícil aguantar ese ritmo de vida.
Una cosa que llama la atención en Che, el argentino es que no se incluyen los típicos discursos marxistas, su peculiar dialéctica, su lenguaje. Imagino que en parte será porque no resultan muy cinematográficos.
En las escenas de las villas hay algo de eso, cuando intenta reconciliar a los dos grupos y habla de sus ideas de reforma agraria y otros aspectos de su ideología. Pero sinceramente, yo también he leído todo lo que leyó él y no comparto sus conclusiones, así que no me apetecía meterlo en la película.
Hay un momento en la película, en la entrevista, en que el Che dice que el amor es lo que empuja a la revolución. Esto puede tener algo que ver con la imagen que le dan muchos al guerrillero, esa iconografía que le compara a Jesucristo. ¿Usted ve esa conexión?
Esta declaración suya sobre la fuerza revolucionaria del amor me resultó muy asombrosa, sobre todo en el contexto de lo que había hecho y escrito. En la entrevista luego él es más específico, pero no nos dio tiempo a meterlo en la película. Explica que no se refiere al tipo de amor de un hombre a una mujer, o a una familia. El revolucionario no puede permitirse el lujo de ese amor. Reconozco que es muy idealista este tipo de amor. Él hace una clara distinción entre el tipo de amor del que él habla, y la idea de amor que tiene la mayoría de la gente, más romántico y personal.
El amor del Che está relacionado con la idea de dar la vida por los demás, por una causa. Y esto algunos lo conectan con Jesucristo.
Bueno, es muy distinto porque el Che tenía armas, combatía de modo violento. Y esto es una distinción muy importante.
También se ha relacionado al Che con el movimiento religioso que hay en Sudamérica conocido como Teología de la Liberación, que tiene ese componente violento.
Este tipo de planteamiento tiene algo de presencia en la segunda película, donde hay dos que están discutiendo. Uno le dice al otro que no entiende por qué la gente que los oprime sí puede usar la violencia, mientras que nosotros no podemos utilizar la violencia para combatir esa opresión.
¿Cuál ha sido el grado de implicación de Benicio del Toro en la película?
Muy alto. En la preparación del guión siempre estábamos Benicio, Peter Bucham y yo. A mí no se me ocurría tomar ninguna decisión creativa sin consultarla con él, yo nunca estuve solo en esta empresa.
No sé si sabe algo de español. ¿En qué idioma se escribió el guión?
El guión se escribió en inglés y luego se tradujo. Fue un proceso muy complicado, para que el resultado final fuera creíble.
En Traffic hubo partes en español y aquí hay muchísimas más. ¿Cómo se siente dirigiéndolas?
No es un problema. Sé el suficiente español para saber si los actores están diciendo lo que pone en el guión, también me doy cuenta de si han omitido algo. Además es importante fijarte en la actitud del actor y la expresión. Y, por supuesto, he tenido la ayuda de Benicio. Cuando él notaba que algo no acababa de sonar bien en español, me lo decía. A la larga, lo importante es ser honesto y respetar el idioma. Esto es fundamental, por encima de que yo me sienta cómodo.
¿Tiene conocimiento de si la película ha provocado ya alguna reacción en Estados Unidos y en Cuba?
Todavía no.
¿Teme posibles boicots o cosas por el estilo?
Eso sería muy buena publicidad. (risas) En serio, no creo que las películas influyan en la gente de ese modo. Creo que su influencia se sobrevalora, y que en realidad es bastante más limitada. Influyen, por ejemplo, en la forma de vestir. Quien va a ver una película dice “quiero esa chaqueta”, pero no creo que piensen “voy a vivir mi vida así”.
El rodaje ha tenido que ser bastante duro. ¿Ha habido momentos en los que deseaba que todo acabara de una vez?
No ha sido una experiencia divertida. No es la típica cosa que quieras repetir. Yo sabía desde hace ocho años que iba a ser así de duro, y no me ha decepcionado en absoluto.
Ha rodado películas comerciales, experimentales, en digital, etc. Por otro lado, hay una especie de revolución en la forma en que se hacen y se distribuyen las películas, con fenómenos como internet. ¿Cómo ve el futuro del cine?
Es complicado hacer vaticinios sobre por dónde van a ir las cosas. Lo que sí puedo decir, es que en Estados Unidos hay una especie de curioso paralelismo entre lo que ocurre en la economía y en el cine. La clase media está desapareciendo, crece el número de gente que tiene mucho dinero, y el que tiene poco. Y en el cine ocurre algo parecido, se hacen películas muy pequeñas o grandes producciones. Están desapareciendo esas películas de tamaño medio que solían estar dirigidas al público adulto. Al final, lo único que queda es adaptarse para hacer lo que te interese, es la manera de sobrevivir.
¿Y cómo consigue adaptarse a algo así? Porque parece que ahora sólo triunfan las películas fantásticas de enorme presupuesto, como si no hubiera hueco para las historias cotidianas.
Pues la verdad es que hay una zona muerta entre las películas de alto presupuesto –85 millones para arriba- y las de bajo –25 millones para abajo-. Y yo intento meterme en esa zona. Che por ejemplo, no es tan caro dentro de lo que cabe, porque las dos películas juntas han tenido un coste de 58 millones de dólares. Todo ese dinero no se ve en la pantalla, porque de esa cantidad, cuatro millones fueron para los bancos, para conseguir la financiación. Mi próximo proyecto va a tener problemas de este tipo, y ya veremos a ver cómo consigo la financiación. Porque ni es espectáculo, ni es una película que se pueda hacer con poco presupuesto.
