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La estrella emergente

Zoe Saldana empieza a sonar, tanto como la sonora bofetada que propinó a Johnny Depp en Piratas del Caribe. La maldición de la perla negra. Nativa de Nueva Jersey, aunque procede de una familia dominicana, este año se convertirá en una gran estrella si, como está cantado, arrasan en las pantallas dos superproducciones que protagoniza, la revisión de Star Trek y Avatar, el esperadísimo regreso a la dirección de James Cameron. En persona y sin querer pecar de frivolidad, es inevitable resaltar su extremado atractivo físico, pero a la vez posee la sencillez y el desparpajo de los habitantes de Nueva York, ciudad donde ha vivido casi toda su vida.

La estrella emergente

¿Conocía la serie Star Trek antes de rodar la película?

Muy poco. No era ni mucho menos una fan. Ahora soy mucho más consciente de lo que esa serie significó. Era una serie muy idealista. En plena Guerra Fría estaba protagonizada por una tripulación de individuos procedentes de diversos lugares, pues había un ruso, varios americanos, una mujer negra y un asiático. Los espectadores no se podían creer que se hubiera rodado algo tan optimista. Yo me he hecho admiradora de la saga ahora, aunque mi madre siempre lo ha sido. Cuando supo que me habían fichado para esta película saltaba de felicidad.

El hecho de que hayan cambiado a la intérprete original afroamericana, Nichelle Nichols, por una latina como usted, ¿es una prueba de que lo latino está de moda?

Pues ojalá. Pero si te digo la verdad se debe a la falta de conocimiento. Ciertamente, no se habían dado cuenta del cambio. Creo que me han fichado por ser negra. Ellos nos ven a todos los negros iguales (risas), aunque es cierto que en este caso me ha beneficiado mucho. Y lo digo porque en un momento difícil del rodaje empecé a decir palabrotas en español. J.J. estaba impresionado. Me preguntó si también hablaba español, y yo tuve que confesar que vengo de una familia dominicana.

En realidad, yo soy una actriz profesional. Así que mi trabajo consiste en convertirme en lo que sea. Si mi personaje es afroamericano, me convertiré en una afroamericana. El arte no entiende de razas...

¿Era consciente de que su personaje, Uhura, es un icono de la televisión?

Era un personaje muy importante para mí porque hizo historia. Fue la protagonista del primer beso interracial que se vio en la televisión, en Estados Unidos, en los 60. Como saben sobradamente todos los fans, en un episodio besa al capitán Kirk. Esto fue una pequeña revolución, ya que en aquella época aún no se había visto nada similar, y se veían con cierto recelo las parejas interraciales. Creo que Gene Roddenberry –el creador de la serie– fue muy valiente por haber incluido algo así.

Al parecer llegó a reunirse con Nichelle Nichols, la actriz original, para preparar el papel. ¿Cómo fue la experiencia?

Es una mujer maravillosa. Me contó con mucho cariño su experiencia interpretando el personaje. Cómo hizo la entrevista de trabajo y cómo Roddenberry le dejó que ella le pusiera el nombre a su personaje. Al final optó por Uhura, que en swahili quiere decir ‘libertad’. Me contó también que habían rodado la escena del beso de dos formas distintas. Primero se dieron un beso apasionado, tal y como lo quería Roddenberry, y después filmaron la versión que se emitió, un poco más autocensurada y discreta. El prudente Roddenberry temía que los estudios le pusieran pegas y acabó optando por un beso más moderado.

Pero ahora, en la época de Obama, esto no escandalizaría a nadie. ¿Cree que ya se ha superado el racismo del pasado?

Pues depende del lugar. Yo he vivido siempre en Nueva York, donde estamos todos perfectamente integrados. Desde que yo era pequeña, iba a la escuela con gente de procedencias diversas, asiáticos, blancos y negros, y estábamos todos mezclados, no nos segregábamos por grupos. Inconscientemente éramos todos iguales, nadie se sentía distinto del resto. Yo pensaba que eso era así en todas partes. Pero entonces mi familia se trasladó a Santo Domingo. Allí sí que los alumnos se agrupaban por razas. Y entonces me di cuenta de que mi color de piel podía ser motivo de segregación. Esto fue un shock, porque yo tenía diez años y no acababa de entender nada. Pero me alegro de que me haya pasado, porque me di cuenta de que la vida no es fácil y de que la igualdad ha sido una conquista valiosa que ha sido difícil de conseguir.

¿Cómo fue el trabajo con J.J. Abrams, el director del film?

Pues era un tipo siempre dispuesto a hablar conmigo, y recuerdo horas y horas de conversación sobre aspectos inimaginables del personaje, como su forma de andar. Es un tipo carismático y sobre todo muy meticuloso. La única desventaja es que sabe al cien por cien lo que está buscando. Va siempre con su guión, y para él es un libro sagrado. No se puede cambiar nada. Así que hasta que sale exactamente lo que él quiere, no termina la jornada de trabajo.

Protagoniza usted también Avatar, la nueva película de James Cameron, que lleva más de una década sin dirigir desde Titanic. ¿Puede adelantar algo de esa película?

No puedo hablar mucho, lo siento, tendréis que esperar a que se estrene. Puedo decir que los protagonistas somos Sam Worthington (Terminator Salvation) y yo, y que me preparé durante seis meses para el personaje. Creo que Avatar a ser un punto de inflexión, ya que va a cambiar por completo la historia del celuloide. No se parece a nada en lo que haya trabajado antes. Creo que supondrá una revolución como la llegada del cine sonoro.

Lo mejor de haber rodado este film es la posibilidad de trabajar con James Cameron. Es un perfeccionista, del que se aprende mucho. Es un hombre inquieto, obsesionado con las nuevas tecnologías –como J.J. Abrams y también Spielberg–. Su principal objetivo es rodar tomas que no se hayan hecho antes, y que dejen patidifuso al espectador.

Por cierto, Cameron es para mí uno de los directores fundamentales con los que siempre quise trabajar. Me quedan algunos, pero también he cumplido el sueño de trabajar con Spielberg. Mi madre y yo éramos muy aficionadas al cine cuando yo era pequeña. Siempre veíamos películas de directores como Spielberg y Cameron, que para mí eran muy lejanos. Nunca soñé que trabajaría con ellos.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Estoy a punto de rodar Death at a Funeral, el remake estadounidense de Un funeral de muerte. Interpreto a la novia del tipo que por error ingiere drogas, y se comporta de forma radicalmente loca durante toda la película. Va a ser una comedia divertida, espero que al menos tanto como el original.

Usted que habla español, ¿había venido antes a España? ¿Cómo ha sido la experiencia?

Pues yo como latina he encontrado a los españoles muy cercanos. Me acabo de escapar para comer algo en un bar típico madrileño. He ido yo sola y por suerte paso desapercibida. He estado comiendo carne guisada y realmente se parecía mucho a la comida de mi familia de toda la vida, o sea que los sabores y los gustos nuestros son parecidos a los vuestros. Ha sido una experiencia genial.

Hace unos años rodé En el punto de mira y cuando leí el guión me puse muy contenta porque la acción transcurría en España. Concretamente en Salamanca. Pero al final se rodó en México en una reconstrucción de la Plaza Mayor. Así que me quedé sin venir a España, pero esta vez me he quitado la espinita clavada.

Por cierto, que me gustaría venir alguna vez porque uno de mis directores míticos es español. Se trata de Alejandro Amenábar, con el que quiero trabajar desde que vi Abre los ojos. Me pareció una gran película.

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