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Entrevistas

Habla el nuevo rey de la comedia

Judd Apatow, Adam Sandler y Leslie Mann se han propuesto hacer honor a la película que presentan, Hazme reír. El director del film y los actores no dejan de improvisar bromas, aunque a ratos se ponen serios.

Habla el nuevo rey de la comedia

Hazme reír tiene mucho de su profesión, el mundo de la comedia. ¿Han plasmado alguna de sus experiencias en la película?

Judd Apatow: Lo que se refleja en la pantalla se podría haber convertido en mi vida. Es verdad que está basada en cosas que nos han pasado…

Adam Sandler:  ... pero gracias a Dios, hemos conocido a nuestras estupendas esposas (no olvidemos que Leslie Mann es la esposa de Judd Apatow) y en lugar de vivir esta vida tan solitaria y tan desgraciada como la que vemos en la pantalla…

J.A.: … vivimos en un mundo controlado por mujeres (risas).

La película contiene muchos chistes atrevidos pero también defiende valores tradicionales, como el hecho de que una mujer está mejor con su marido y con sus hijos que con el que puede ser el amor de su vida.

A.S.: Es verdad.

J.A.: Es cierto. Esta película trata sólo en realidad de una cosa, sólo una (se vuelve hacia Leslie Mann, y pone tono dramático) : Leslie, no me dejes, no me dejes, por favor (risas).

Leslie Mann: Tiene que haber segunda parte de esta película, porque no sabemos realmente si ha tomado la decisión correcta (bromea).

No se prodigan mucho en el drama, aunque aquí tratan temas tan serios como la muerte. ¿Es más difícil hacer reír que llorar?

A.S.: No pienso en si es más fácil hacer reír que llorar, lo que sí es difícil es constatar que la gente se está riendo, porque en directo los ves reírse, los oyes, pero en una película no. Así que es difícil porque todo el mundo se queda mirándome sin decir nada (maúlla, las onomatopeyas serán una constante de la entrevista).

Trabajar con su esposa y con sus amigos tiene que tener muchas ventajas. Pero imagino que también habrá algún inconveniente.

J.A.: Ventajas muchas, y desventajas no se me ocurre ninguna. Al trabajar con familia y amigos te sientes muy cómodo porque ya los conoces y no puedes pegarte a nada, es imposible esconder nada. En mi labor de director, esto hace que salgan todas las emociones y consigue que mi mujer esté más vulnerable (aúlla).

¿Cómo ha sido trabajar con Eric Bana, que no forma parte de ese grupo de amigos y familia?

J.A.: Nos ha gustado mucho trabajar con él. Es un encanto, la verdad, y ha sido genial aunque no sea parte del grupo. Además es la primera vez que tenemos en una película de las nuestras a alguien con músculo, guapísimo y estupendo. No le dejé acostarse con mi mujer en la película, por mucho que me lo pidió. Cuando solucionamos el tema del sexo, todo fue sobre ruedas (risas).

L.M.: Trabajar con Eric Bana es estupendo. Es verdad, tiene músculos para aburrir, por todo el cuerpo. Además es guapísimo y es muy buen actor.

Esta película se aprovecha de un tópico que hay sobre los cómicos, que afirma que se acaban llevando el sarcasmo y la ironía a su vida privada. ¿Le ha pasado alguna vez o a alguien que conozca?

A.S.: Sí, hay veces que lo he visto en compañeros que son superestrellas. Suelen ser cortantes con la gente y esto es porque están pensando muchas cosas. Debajo tenemos un corazón enorme y parece que estamos siendo antipáticos, pero no es verdad. O bueno, un poquito.

¿Cuando compartían piso hace años pensaron alguna vez que iban a acabar así?

J.A.: Siempre hemos querido ser cómicos. Entonces llegó un momento en que me di cuenta de que no era tan gracioso como me habría gustado ser. Adam sí que es muy gracioso y lo ha sido desde siempre. La meta siempre ha sido la misma: queríamos trabajar en clubs, en televisión, en películas, etc. Uno escribiendo, dirigiendo, y el otro contando los chistes. Y ha salido así. Desde luego yo sabía que no era tan gracioso como Adam, aunque él decía que lo era y me hacía dudar. Pero al final, aquí es donde hemos llegado y somos un buen tándem.

L.A.: No estoy de acuerdo, yo creo que es gracioso y que tiene carisma.

Hay un gag en la película con el músico James Taylor, donde se pone de manifiesto que hoy en día las comedias hacen muchos chistes sexuales. ¿No se cansa un poco, como el personaje de Taylor le pregunta a Seth Rogen en la película?

J.A.: Siempre ha habido películas subidas de tono. A veces algunas son graciosas precisamente por su contenido sexual y otras, sin embargo, también lo son y no tienen sexo. Pero aquí lo que intentaba reflejar es que los cómicos, cuando se reúnen y hablan, como ya lo han oído todo, o se pasan muchísimo o no se hacen gracia los unos a los otros. Y esto es un reflejo de cómo hablan entre ellos. Normalmente la gente jamás se comportaría de esa forma, pero bueno. Aún así, después de haber dicho esto, después de un día de trabajo duro, hay mucha gente a la que le apetece un chiste subido de tono sobre un pene. No hay que pensar mucho y hace un gran servicio a la comunidad. (risas)

¿Cómo plantearon las escenas de los monólogos?

A.S.: Preparábamos los chistes durante el día. Nos metíamos en el coche, cenábamos e íbamos al club. Una vez allí, decía mi monólogo y se grababa. Lo que más me gustó es que me traía recuerdos -a los dos- de años atrás, cuando hacíamos lo mismo dos o tres veces por noche. Fue estupendo.

L.M.: Yo, como mujer, tenía que quedarme en casa con los niños (bromea).

En esta película comparte cartel con cómicos de otra generación como Seth Rogen. ¿Cómo ha sido su relación con él?

A.S.: Lo más importante es intentar ser amable. Son gente joven pero brillante, son muy divertidos, muy buenos cómicos. Cuando yo estaba en Saturday Night Live había cómicos que tenían 20 años más que yo y me acuerdo de ellos no por los consejos, sino por la forma que tenían de comportarse con el resto de compañeros. A los que eran simpáticos conmigo los sigo adorando. Los que eran cortantes quizás eran buenos cómicos, pero como personas no merecen la pena. Así que intenté hacer lo mismo. Espero que dentro de unos años ellos también lo recuerden y digan que estuvieron en una película con Adam Sandler; ¡no es nada gracioso, pero es un tipo estupendo!

¿Son consumidores de comedia de otros países como fuente de inspiración? ¿Han visto comedia española?

J.A.: Cuando voy a escribir comedia, intento pensar en cosas que encajen en todo tipo de culturas. Me siento y me pregunto cosas como si los pedos tienen gracia en España. Entonces llamo a España y lo pregunto, y si me dicen que parece ser que sí, que la gente se ríe aquí con los pedos, pues lo pongo. Lo que intento evitar es poner cosas muy específicas norteamericanas que puedan aparecer por ejemplo, en una serie que sólo emiten allí, o algún personaje propio de allí, etc. Intento escribir comedia basada en el comportamiento humano. No veo muchas películas extranjeras. Y esto me da vergüenza. Una vez estuve sentado en una cena al lado de Penélope Cruz y cuando llegué a casa dije que tenía que ver Volver por lo menos ochenta veces. Pero entonces también me riñen y me recuerdan que tengo que pasar un ratito con mis hijos, ¡que ya está bien!

¿Supone mucha presión ostentar el título de salvador de la comedia norteamericana?

J.A.: No hay ninguna presión, esto de ser el gurú es facilísimo. Lo que sí me preocupa es quedarme algún día sin ideas. Ponerme a pensar y ver que no me sale nada gracioso. Pero no os preocupéis, porque me quedaré mirando al micrófono y diré: ¡anda, si es como un pene! Entonces será divertidísimo y ya está. (risas) No, la verdad es que la presión que siento no es por lo que opinan los demás de mi trabajo, sino por sentir que he hecho un buen trabajo.

¿Se siente cómodo con el adjetivo de fabulador que plantea una moraleja?

J.A.: No son moralejas, pero como son situaciones cotidianas lo que sí intento mostrar es que todo el mundo quiere hacer lo correcto. La vida es muy difícil muchas veces, incluso puede llegar a ser absurda, y quiero mostrar que estoy de parte de esa gente. Y cuanto más alta es la apuesta, más drama y más comedia puede haber. Estoy del lado de esa persona que quiere hacer lo correcto.

Que haya tantos chistes sobre colegas de la profesión, ¿le ha supuesto algún problema?

J.A.: De vez en cuando me llegan noticias de que a alguien no le ha sentado muy bien, y estamos de acuerdo con esa persona. Pero lo que intento hacer no es una crítica hacia esa persona, sino el papel que está criticando ese colega. Así que no es el colega el que no tiene razón, sino el personaje.

¿Por qué son tan interesantes cinematográficamente los ‘Peter Pan’ que se niegan a crecer?

J.A.: Podré responder cuando me haga mayor…

L.A.: No lo tengo muy claro, pero es curioso que cuando preguntas a alguien de 60, 70 u 80 años, la mayoría te dicen que saben que tienen esa edad pero que se sienten jóvenes. Y no es negar hacerse mayor, es cómo se sienten. El espíritu está ahí.

A.S.: Yo tengo una niña de 3 años que se pasa el día diciendo que quiere ser mayor. Y yo le digo que no tenga prisa, que todo llega. Quizás cuando tú eres mayor y ves a los pequeños que quieren crecer, tu instinto te dice que les digas que se lo tomen con calma. Todo el mundo te está cuidando y todo el futuro está ahí por descubrir.

El personaje de Adam Sandler tiene momentos más oscuros que otros muchos de los papeles que ha interpretado. ¿Le ha resultado más difícil porque quizás tiene que ver con sus inicios?

J.A.: No fue difícil para mí interpretar este papel. Cuando Judd escribió el guión entendí perfectamente lo que quería de mí. No me resultó difícil volver a meterme en ello, fue divertido volver a verlo todo, constatar que he engordado muchísimo desde que empecé. También es verdad que piensas y dices que ahí fue donde empezaste y que hasta aquí es donde has llegado, y es todo un camino en la vida. Fue muy divertido.

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