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Entrevistas

Retorno al estilo clásico

Stephen Frears ha vuelto a reunirse con la actriz Michelle Pfeiffer y con el guionista Christopher Hampton, con quienes colaboró en su emblemática Las amistades peligrosas. La ocasión se llama Chéri, una cinta de época que ha rodado con cierta elegancia, a pesar de que se trata de una historia sobre prostitutas.

Retorno al estilo clásico

Tuve el honor de conocer a Stephen Frears pletórico, cuando triunfaba con La reina hace un par de años, y me llevé la impresión de que era una persona locuaz. Pero en esta ocasión, parece notablemente enfadado y con pocas ganas de hablar. El motivo es que otro periodista le ha pedido que se quitara los zapatos para sacarle una foto ‘original’, lo que al cineasta no parece haberle hecho demasiada gracia. Imposible conseguir sacarle demasiada información al entrevistado.

¿Cómo tuvo la idea de adaptar a Colette?

En realidad, me mandaron el guión de Christopher Hampton. Yo no había leído los libros ni los conocía. Pero el texto de Hampton me cautivó. Tenía muchísimo sentido del humor y sobre todo un romance de lo más interesante. Es una historia frívola pero también trágica, llena de significados.

Sus últimas películas, Mrs. Henderson presenta, La reina y ésta, giran en torno a mujeres maduras. ¿Es una forma de ir contracorriente teniendo en cuenta que el cine ofrece pocas oportunidades a las actrices de cierta edad?

Ha sido por casualidad, pero es que las encuentro mucho más interesantes. Saben mucho más de la vida que las mujeres jóvenes y sobre todo, son mucho más sinceras, valientes y desinhibidas. Lo que no entiendo es por qué a otros cineastas no les resultan tan interesantes como a mí.

¿Podría haber rodado la película con otra actriz que no fuera Michelle Pfeifer?

No, nunca tuve en cuenta la posibilidad de que me dijera que no. Pensé en ella, la llamé y aceptó, así que no tuve que hacer jamás el esfuerzo de pensar en otra actriz.

Cuando leí el guión y vi que era una historia para una mujer madura extremadamente guapa, sólo me vino a la mente Michelle Pfeiffer, que es precisamente eso. Es una actriz genial. Nunca se ha visto que una pueblerina californiana sea capaz de encarnar a una dama europea con tanta convicción.

Ha rodado la película al estilo clásico, en tiempos de cintas videocliperas. ¿Cree que esta forma de rodar conectará con el público?

Mi referencia a la hora de rodar esta cinta ha sido Gigi, de Vincente Minnelli. A Gigi la están educando para ser una cortesana, una prostituta, pero eso no se menciona en ningún momento, y ahí reside la elegancia de la cinta. Yo he querido recuperar algo parecido.

Yo ruedo únicamente lo que voy a necesitar para la película. Ahora se rueda con cinco cámaras, cuando sólo se va a escoger una toma. O sea que cuatro de esas tomas son erróneas, no hacen falta. Para mí el truco es escoger la toma buena. Admito que estoy anticuado, eso no lo pongo en duda.

¿Por queé decidió poner la voz al narrador usted mismo en la versión original?

Pues la idea es que hubiera una narradora, como la escritora Colette. Hice un casting, y estuve escuchando a diferentes candidatas a las que yo les leía el texto para que se dieran cuenta de lo que quería. Ninguna me convenció, y alguien me dijo que cuando leía yo quedaba bastante bien, así que al final me ahorré un sueldo.

Siempre se ha esforzado por rodar películas que no se parezcan en nada entre sí. ¿Cree que existe alguna conexión entre esta película o por ejemplo, Héroe por accidente y otras de sus películas?

No se parecen mucho, es cierto. En cualquier caso, creo que tanto esta cinta como Las amistades peligrosas giran en torno a gente que no dice la verdad. En aquella película porque todos los personajes mentían. En esta ocasión, los personajes no son capaces de expresarse y decir lo que sienten. En Héroe por accidente, Andy García miente por interés.

Siempre me han encantado las historias donde la gente no dice lo que siente, donde lo que dicen y sus sentimientos son totalmente contradictorios. Debo ser una especie de pervertido (risas).

Siempre ha trabajado con los mejores guionistas, como Peter Morgan, Christopher Hampton, Hanif Kureishi. ¿Se esfuerza por encontrar las mejores plumas?

En realidad me fijo en el resultado, no en el escritor. Yo soy analfabeto (risas). Soy un absoluto inútil a la hora de escribir, como tampoco sé hacer pasteles. Lo mío es dirigir. Como mucho, intento escoger buenas historias que interesen a la gente, eso creo que se me da bien.

¿En qué se distingue Christopher Hampton de los demás?

En el caso de Hampton, ha sido una suerte volver a trabajar con él. No es habitual que un director pueda tener al guionista en el set, y que éste le deje trabajar. Si llamas al guionista te arriesgas a tener a un sabihondo que te dé la vara todo el rato con lo que tienes que hacer y lo que no. Pero Hampton es discreto y tiene un gran instinto para darse cuenta de cuáles son las secuencias que funcionan. Es bueno a la hora de proponer soluciones.

¿Cuál es su próximo proyecto?

He rodado una película que se llama Tamara Drewe, que está en fase de postproducción. Supone mi regreso a las historias de la Gran Bretaña actual y es una comedia.

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