El cine de Cameron Crowe destaca por su clasicismo en un Hollywood que a veces parece perdido en el laberinto de la modernidad. Ahora, con "Elizabethtown", propone una historia con aire capriano y de descubrimiento personal.
He escuchado hay dos versiones de la película. ¿Hay una versión más larga que la exhibida comercialmente? ¿Qué ocurrió?
Estrené la película en el Festival de Venecia. Pero la película, tal como se proyectó allí, era diferente a la versión final. Todo el mundo sabía que no era la copia definitiva. Todavía estábamos trabajando en el montaje. Decidimos ponerla así, incluso sabiendo que la gente iba a escribir sobre la película a partir de lo que viera en el Festival. No es la primera vez que ocurre eso con una película. En el DVD la película está tal y como se exhibió en el cine.
Usted es el autor del guión. ¿Incluye muchos elementos autobiográficos?
Sí tiene algo de autobiográfico. Yo hice el mismo viaje a Kentucky cuando murió mi padre. Entonces descubrí a muchos parientes a los que no veía desde hacía tiempo, y que se habían convertido en adultos. Pero a partir de esos recuerdos, creé un personaje completamente inventado, al que le ocurren sucesos ficticios.
¿Por qué era tan importante cuidar el apartado musical del film?
Como está ambientada en Kentucky, he intentado recrear el ambiente de allí. El protagonista viene del norte y cuando llegaba al sur, tenía que dar la sensación de que entraba en otro mundo. Eso es lo que intentaba transmitir la compositora Nancy Wilson con la música original de la película. Tenía que parecer que al protagonista le envolvía un nuevo universo.
¿Cuál piensa que es el tema central de este film?
Quería empezar esta película en el momento en que finaliza Jerry Maguire, otro de mis trabajos. Al principio, parece que al protagonista le ha ocurrido la peor cosa posible, pero luego le sobreviene la peor de las desgracias, que es la muerte, en este caso la de su padre.
Precisamente quería preguntarle sobre el tema de la muerte. Refleja el dramatismo del momento, pero quizás se echa en falta una mayor trascendencia. ¿Por qué no hay ninguna referencia a la vida después de la muerte?
Interesante pregunta. Mientras rodaba la película especulé sobre la posibilidad de mostrar la vida después de la muerte de forma más explícita. En un momento dado llegué a pensar que la estrella fuera Mitch, el padre muerto. Incluso hay una secuencia cenital, que se ve desde el punto de vista del espíritu de Mitch. Creo que mi propio padre estaba presente durante el rodaje. Cuando se habla de los recuerdos que se tienen sobre los familiares fallecidos, es como si éstos estuvieran vivos de alguna forma. Es una extensión de la vida. Preferí hacerlo de este modo y no hacer comentarios más abiertos sobre la religión.
¿Cómo acabó convirtiéndose Tom Cruise en productor del film?
Después de que rodamos juntos Jerry Maguire me dijo que si quería traerle los guiones que escribiera, para leérselos. El padre de Tom Cruise también es de Kentucky, por lo que el guión tenía cierta conexión con él. Me dijo que le había gustado, le ofrecí producirla y creo que desde ese momento procuró que todo saliera bien en el film.
Después de eso, ¿cree que el proyecto salió adelante porque era Tom Cruise quien lo avalaba? ¿Habría tenido problemas en caso contrario?
El proyecto ya estaba en marcha cuando se unió Cruise como productor. Aunque no lo parezca, Cruise es muy bueno en el aspecto técnico y me ayudó mucho en aspectos como escoger las localizaciones. Y en una ocasión, cuando estaba leyendo por primera vez el guión con los actores, y faltaba uno de ellos, se puso a leer con nosotros.
Usted fue el director de Vanilla Sky, remake americano de Abre los ojos. ¿Ha visto más cine español aparte del film de Amenábar?
Mi abuela es de Santander y tengo cierta conexión con España. Siempre me ha gustado mucho lo que he visto de cine español, aparte de Almodóvar y Amenábar. Para mí, Almodóvar es el Billy Wilder de nuestros días, por sus ingeniosos personajes. En cuanto a Amenábar, fue Tom Cruise quien me propuso que rodáramos una versión estadounidense de Abre los ojos. Yo acepté siempre y cuando Amenábar diera su aprobación. Tengo la idea de que existe una comunidad muy rica de cineastas en España.
Me gustó mucho cuando Amenábar dijo que Abre los ojos era como el hermano que se crió con la música clásica y Vanilla Sky el hermano criado con la música rock. Lo que me gusta del cine español es su forma de tratar a los personajes y su estilo visual.
¿Cree que el cine estadounidense actual está lejos de directores clásicos como Billy Wilder y Frank Capra, claros referentes de su film?
Parece que está desapareciendo esta raíz tan importante que ha sido el cine clásico estadounidense. Son cineastas que se valoran menos de lo que claramente se merecen. Siempre hay directores inteligentes que mantienen viva la llama, como Steven Soderbergh, en Ocean’s Eleven, porque tiene en cuenta este tipo de cine de muchos personajes, en la línea de Preston Sturges. Me gusta trabajar con Paramount, porque fueron los estudios que produjeron estupendas comedias clásicas, pero lo cierto es que hoy en día no tienen apenas en cuenta su enorme tradición en este negocio. Nadie menciona en los estudios nada sobre el pasado.
Hace un año estuve en un evento que reunió en una mesa a muchos productores de la vieja escuela. Entonces pregunté a uno de ellos si conocía toda la historia de los estudios. Los otros me dijeron que ese señor no sabía nada. Entonces pienso que si él no sabía nada, nadie sabrá nada de la historia de Hollywood.
Sería interesante que se hiciera un museo sobre los antiguos maestros. Sobre todo para que supieran de dónde han venido.
Billy Wilder no podía creer que había una generación de directores muy interesada por su trabajo. Yo escribí un libro sobre Wilder y él mismo se sorprendería de la cantidad de gente que viene a preguntarme sobre su trabajo.
¿Qué recuerda de Billy Wilder?
Siempre decía que la comedia tiene que sentarse en la mesa más importante, en la de los niños. Creo que esto cambiará alguna vez, y la gente se dará cuenta de que la comedia es tan importante como los grandes melodramas.
