Jake Schreier empezó como tecladista de un conjunto musical, pero siempre tuvo muy claro que su vocación consistía en hacer películas. Cumple su sueño con su primer largometraje, Un amigo para Frank, un film prometedor (habrá que estar atento a su periplo futuro) en torno a la relación entre un jubilado y el sofisticado robot doméstico que le compra su hijo. Para ser la ópera prima del realizador, tiene pocos fallos de principiante.
¿Su primera elección para el papel protagonista fue Frank Langella?
Pensé que no aceptaría, pues está en racha. Llevaba algunos años triunfando en el cine independiente, sobre todo con El desafío. Frost contra Nixon. Pensé que iba a creer que le ofrecíamos una película tonta de robots y que desecharía el proyecto sin leer el guión ni siquiera. Pero nada más reunirme con él, creo que entendió a la perfección lo que yo quería hacer, y por suerte aceptó.
¿Cómo consiguió rodearle de secundarios tan potentes como Susan Sarandon, James Marsden y Liv Tyler entre otros? Todos ellos le dan un gran nivel al film.
Soy un hombre afortunado. A Susan Sarandon le gustó el papel, lo cierto es que nunca creí que estaría en mi película. Liv Tyler me dijo que era el film que estaba buscando, muy distinto a lo que hacía habitualmente. Y James Marsden había rodado La caja con Langella, por lo que pensaba que tenía una enorme química con él. Mi principal preocupación era que se trataba de un film con un presupuesto tan ajustado que no pude disponer del reparto para realizar ensayos. Estaba agobiado ante esta perspectiva, pero luego resultaron ser todos tan profesionales que entendieron enseguida lo que esperaba de ellos y salió todo a la perfección a la primera.
¿Ha querido denunciar que la sociedad moderna tiende a apartar a los mayores?
Ese tema está muy presente en el guión de Christopher D. Ford, que también debutaba en el largometraje, y el potencial de la historia fue lo que hizo que me decantara por trabajar en este film. Yo creo que estamos desperdiciando el potencial de los ancianos y los abandonamos, hasta el punto de que en Japón ya están desarrollando robots para hacerles compañía, lo que nos ha inspirado para la película. Creo que los jóvenes tienen complejo de culpa pero que los dejan de lado, al menos en el país de donde vengo, Estados Unidos, y en algunos otros. Recientemente conocí a una persona de Ucrania, que me dijo que Un amigo para Frank no se entendería allí. En ese país ninguna familia abandonaría a sus abuelos. Deberíamos tomar buena nota.
¿Cree que si mejora la técnica, en poco tiempo la gente podrá suplir las relaciones humanas por la compañía de máquinas?
Creo que si se dieran circunstancias parecidas a lo que se ve en el film, las personas se refugiarían en relaciones con lo que vendría a ser un electrodoméstico evolucionado. No me extraña que ocurria en el caso de una persona como Frank, que se siente culpable, pues ha fracasado en la relación con sus hijos. De repente tiene una segunda oportunidad de hacerse un poco más extrovertido, aunque sólo esté acompañado por un robot.
¿Tenía miedo de no encontrar a su público? ¿Temía que los apasionados de la ciencia ficción quedaran defraudados y que los demás temieran meterse a ver un film de género?
Mientras rodamos la película no pensaba en eso. Pero sí que me entró el pánico cuando la presentamos en el Festival de Cine Fantástico de Sitges. Allí son todos apasionados en grado extremo del cine de ciencia ficción, y pensaba que me iban a echar a patadas.
En cierta forma se trata de un film arriesgado, pues tiene partes de comedia, pero también otras que parecen sacadas de una película de robos. ¿No le asustaba filmar algo tan difícil?
Como era mi primera película, no me plantee ciertas cosas. Me puse a rodar guiado por el entusiasmo. Luego me han dicho que era difícil mezclar elementos tan variopintos, pero que me había encajado todo muy bien. Si llego a ser consciente de los riesgos, igual no me habría salido igual.
Sin embargo, allí le dieron el premio del público, por lo que no les debió disgustar...
Creo que si supieran que no soy un fan del género, igual me retiraban el galardón (risas).
¿Cómo es posible que haya conseguido que la relación del personaje de Langhella con el robot parezca tan real?
Sólo a base de los giros argumentales y la tensión dramática de la historia. Era todo un reto, pues por ejemplo mucha gente recuerda cambios de expresión del robot. En realidad no se mueve. También piensan que cambia el tono de voz. Pero lo cierto es que el actor que le pone la voz, Peter Sarsgaard, habla de forma impersonal, como una máquina. Se trataba de conseguir que el público lo percibiera de forma distinta únicamente jugando con las imágenes, como se hace desde que los teóricos del montaje ruso aprendieron la base de la magia del cine.
¿Conoce el film español Eva, también sobre robots? ¿Le ha servido de inspiración?
No lo conocía, pero desde que he llegado a España hace un rato para promocionar Un amigo para Frank todo el mundo me pregunta lo mismo. Me dicen que tiene puntos en común con mi película, que también usa la ciencia ficción pero en realidad es un film muy humano. He tomado buena nota, así que la veré en cuanto pueda.
¿Tiene ya pensados nuevos proyectos?
Voy a volver a colaborar con el mismo guionista, Christopher D. Ford, pero sólo puedo decir que el film que preparamos será otra historia ambientada en el futuro.
