Cuando se pone, Emily Blunt puede ser una chica dura. No hay más que verla en la cinta sobre el tráfico de drogas “Sicario”, que podría darle el premio a la mejor actriz en Cannes.
El ecuador del Festival ya se ha cruzado, y algunos títulos llaman la atención, aunque seguramente ninguno más que ese de Pixar llamado Del revés que, injusticias de la vida, no puede llevarse la Palma de Oro.
El canadiense Denis Villeneuve ya ha dado muestra de su talento para entregar poderosas historias sombrías, recuérdese que está detrás de títulos tan logrados como Incendies, el drama de Oriente Medio, y Prisioneros, sobre psicópatas secuestradores de niñas. Con Sicario vuelve a probar que lo de crear atmósferas inquietantes en torno a los recovecos más oscuros del ser humano es claramente lo suyo. Es bien sabido que el narcotráfico ha dado pie a horribles salvajadas, crímenes y torturas que te ponen los pelos como escarpias. Aquí la investigación en torno a los cárteles mexicanos de una agente del FBI, encarnada por Emily Blunt, en un mundo de hombres da pie a un auténtico descenso a los infiernos, donde está presente el tema de la venganza. Por cierto, que entre los actores está un actor con mucha presencia en películas de drogas, me refiero a Benicio del Toro, que tiene en su haber Escobar: Paraíso perdido, Salvajes y Traffic.

Valérie Donzelli se atreve a manejar una historia de amores incestuosos en Marguérite et Julien, a la que curiosamente intenta dotar de un aire muy romántico de cuento de hadas; la cuestión es si tal pretensión no viene a ser una “contradictio in terminis” imposible de ser ejecutada con acierto. Pero en fin, a la postre esto es un ejercicio de estilo más o menos acertado, cada cual dirá, y se quiere dotar a la cinta de un aire de extraña ensoñación, hacer digerible algo que provoca natural rechazo.
