No estudió interpretación, pero marcó gol en la pantalla con un puñado de entretenidas películas.
La muerte de Alfredo Di Stéfano, leyenda del fútbol con mayúsculas, jugador del Real Madrid y de la selección española, y en los últimos tiempos presidente de honor del equipo blanco, ha conmocionado a todos los aficionados del deporte rey, y en definitiva al ciudadano de a pie, que apreciaba la naturalidad y sencillez del personaje. El genial deportista que sumó 5 Copas de Europa tenía 88 años, y sufrió un infarto el sábado 5 de julio, del que no pudo recuperarse.
Aunque nunca recibiría un Oscar o un Goya, Alfredo Di Stéfano tuvo una carrera cinematográfica compuesta de varias cintas, entre las que sobresale Saeta rubia, de 1956, donde le dirigió Javier Setó, y donde el título aludía al sobrenombre por el que fue siempre conocido. En el film Di Stéfano hacía de sí mismo, un famoso futbolista que trataba de ayudar a los chicos implicados en el robo de su cartera, a través del deporte, “mens sana in corpore sano”, ya se sabe.
Di Stéfano debutó en la pantalla en su país de origen, Argentina, con Con los mismos colores, de 1949. Le dirigía Carlos Torres Ríos, y en aquella época jugaba en el River Plate. Otras cintas donde se le pudo ver son Once pares de botas, de Francisco Rovira Beleta, de 1953, y La batalla del domingo, a las órdenes de Luis Marquina, de 1963. Más recientemente estuvo, como no podía ser de otra manera, en el documental Real, la película, de 2005.
Gran aficionado al fútbol, el director de cine José Luis Garci definía a Di Stéfano como “el Shakespeare del fútbol”, y afirmó en 2012 en El País que “el cielo sería, por ejemplo, ver al Madrid de Di Stéfano compitiendo con el Barça de Guardiola”.
