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In memoriam

Fallece a los 86 años en Roma

Bud Spencer: grande de la pantalla

Impresionaba su aspecto, pues medía casi dos metros y pesaba unos 140 kilos. Ni él mismo se consideraba actor, pero triunfó en la pantalla, sobre todo asociado a Terence Hill. El conocido Bud Spencer ha fallecido en Roma, a los 86 años, el lunes, 27 de junio, “sin sufrimiento”, según ha declarado uno de sus hijos, que asegura que su última palabra ha sido “gracias”.

Bud Spencer: grande de la pantalla

Nacido el 31 de octubre de 1929, en Nápoles, Carlo Pedersoli comenzó a estudiar Químicas, pero por culpa de la Segunda Guerra Mundial (“sufrí mucho porque me tocó vivir los bombardeos”) abandonó la universidad para mudarse con su familia a Buenos Aires (Argentina), donde ejerce como bibliotecario, y después a Montevideo (Uruguay), donde trabajó en el consulado de su país. De regreso a Italia inicia su actividad como nadador profesional, ganando siete veces el campeonato nacional de 100 metros libres, y siendo seleccionado para los Juegos Olímpicos de Helsinki (1952) y Melbourne (1956), donde no pasó de semifinales. “Incluso mi amigo Tarzán (Johnny Weissmüller) me felicitó varias veces. Era increíble, pero yo le gané”, recordaba.

“Me casé con mi ángel de la guarda”, recordaba. Se refería a que en 1960 contrajo matrimonio con Maria Amato, con la que tuvo tres hijos, Giuseppe, Christine y Diamante. Su suegro, Giuseppe Amato, productor de La dolce vita, fue el que le propuso que se dedicara al cine cuando acabó su actividad deportiva, así que para buscarse la vida apareció como figurante, por primera vez como guardia romano en Quo Vadis, sin crédito en los títulos, seguida de Adiós a las armas, donde era un carabiniere.  

“No tengo ningún talento como actor”, reconocía, pero el realizador Giuseppe Colizzi estaba necesitado de un gigantón para un papel, y no encontró a nadie con sus características. “Al principio no nos pusimos de acuerdo por una cuestión económica, pero finalmente cedieron y aceptaron porque no encontraron a nadie con mis dimensiones”. Así acabó como contrapunto en pantalla para Terence Hill en Dios perdona… ¡Yo no!, aunque el director le explicó que en el duro terreno del spaghetti-western un actor no podía llamarse Carlo Pedersoli, por lo que debía buscarse un nombre artístico. El napolitano pensó que le gustaba el legendario Spencer Tracy, y la cerveza Budweiser, por lo que iba a ser conocido como Bud Spencer.

El film no funcionó mal en taquilla, por lo que el propio Colizzi, volvió a emparejarle con Hill en otros dos filmes de corte similar, Los cuatro truhanes y La colina de las botas. Pero fue Enzo Barboni quien les convirtió en un fenómeno internacional con Le llamaban Trinidad, que fue un éxito internacional de primer nivel. Encarnaba a Bambino, sheriff del pueblo al que va a parar Trinidad (Hill), uno de los pistoleros más rápidos del oeste, que le ayudará a defender a una pacífica comunidad mormona. Estas películas del oeste se rodaban en Almería, de la que guardaba muchos recuerdos. “Teníamos que coger un tren de la capital que nunca pasaba. La gente era extraordinaria, magnífica, verdadera, amable, sensata, simpática, única”.

A continuación comenzaron a cambiar de género, con el film de piratas El corsario negro, y el de aventuras Más fuerte muchachos, antes de las secuelas de su trabajo más conocido, Le seguían llamando Trinidad. Más tarde, Hill filmaría sin Spencer, una tercera entrega, titulada Y después le llamaron el magnífico. Pero la pareja sí repetiría a lo largo de los 70 y 80 en Y si no, nos enfadamos, Dos misioneros, Dos super-policías, Pares y nones, Estoy con los hipopótamos, Quien tiene un amigo, tiene un tesoro, Dos supersuperesbirros, Dos super dos y Dos superpolicías en Miami, de 1985. En 1994, ya envejecidos, se rendirían tributo a sí mismos con Y en Nochebuena… ¡Se armó el Belén!, de nuevo en el terreno del western, donde ejercía el propio Hill como realizador.

De calidad cada vez peor, lo cierto es que tenían cierta gracia con diálogos impagables. “¿Serán caníbales estos indígenas”, preguntaba a Hill. “Creo que sí”, le respondía éste. “¡Pues conmigo se habrán hecho ilusiones!”. Y desde luego, nadie puede negar que tenían un estilo propio, basado en la falta de sangre y la abundancia de risas y mamporros. En 2010 les concedieron el premio honorífico en los David di Donatello.

Llegó a tener éxito en solitario, con filmes en la misma línea, como Banana Joe, o la insólita Aladino, donde fue un genio de la lámpara que recurría a los puñetazos. Al final de su carrera, rodó un par de títulos en España, Al límite (1997), de Eduardo Campoy, e Hijos del viento (2000), de José Miguel Juárez. En su país, llegó a presentarse a las elecciones, junto a Silvio Berlusconi, en 2005.

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