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"Método para escribir un guión", de Tomàs Aragay

Método para escribir un guión (Tomàs Aragay, Alba, colección Fuera de Campo, 285 págs)

"Método para escribir un guión", de Tomàs Aragay

Cada maestrillo tiene su librillo. Citando este conocido dicho aborda Tomàs Aragay su manual de escritura de guión, cimentado en su experiencia personal a cuatro manos a lo largo de más de dos décadas, pues ha escrito con el también director Cesc Gay los libretos de Krámpack, En la ciudad, Ficción, Una pistola en cada mano, Truman e Historias para no contar. Un acercamiento de agradecible humildad, donde el autor confiesa sin ambages que puede haber muchos métodos de acometer la escritura de los guiones, y que él simplemente desea ofrecer el suyo, el que le funciona y conoce, y que podría servir a otros, aunque por supuesto puede haber otras aproximaciones. Le avala pues una profesionalidad contrastable, no estamos ante un teórico.

Como existen muchos libros dedicados a la materia que nos ocupa, adelantemos sin demora que este volumen entrega lo que debe, y que lo hace con enorme claridad expositiva y de un modo ameno. Y que todo lo que cuenta Aragay lo hace tomando como principal referencia los guiones de dos películas españolas, una coescrita por él con Gay y ganador del Goya en esta categoría, Truman, y la otra un clásico indiscutible del cine patrio, Plácido , de Luis García Berlanga y Rafael Azcona.

Tienen gran interés las “consideraciones generales” del autor, que podrían parecer obviedades, pero no lo son, al menos para muchos aspirantes a guionistas, que se lanzan a escribir... careciendo de una voz propia, de algo que decir. O que aburren a los ovejas y nunca conseguirán ver plasmado su guión en la pantalla porque caen en la trama de la autorreferencialidad, con elementos autobiográficos que no tienen público, las experiencias que les fascinan sólo les interesan a ellos mismos. De este modo Aragay va desarrollando ideas como la importancia de plantear la cuestión a la que trata de dar respuesta la película, la de elegir caminos descartando otros, la de contar historias con imágenes. Desafiando las concepciones tradicionales, que suelen dominar en los manuales de autores estadounidenses, se recuerda que el conflicto, sí, puede ser el motor narrativo, pero no tiene por qué serlo siempre, como demostrar Beckett en su obra teatral “Esperando a Godot”.

Escribir con otra persona, como hace él con Gay, puede devenir en enriquecedor juego de ping pong, ideas que se arrojan y se devuelven. Y cualquiera que se dedique a la escritura entenderá los problemas que suscita escribir todo en el ordenador, a veces la fisicidad del papel permite una visión más amplia, a la hora de mirar de arriba abajo o desplegando folios y cuartillas en una mesa, que las posibilidades de una pantalla que con frecuencia nos aturulla o limita.

Por supuesto, el meollo del libro consiste en abordar la estructura del guión, que Aragay compara con una pirámide de base ancha, cinco pisos de los cuales el último es la estrecha punta en que consistiría el guión propiamente dicho. Porque antes de llegar a ese piso final hay que hacer un trabajo más general, amplia, en que hay que dejar muy claro lo que se pretende contar, que no puede ser una vaguedad, un tema, y que debería poder tener la capacidad de seducir al potencial espectador de la película acabada. El autor habla de avanzar piso a piso, paso a paso, ejemplificando con los dos filmes españoles, aunque citando a veces otros títulos, y señalando que a veces toca retroceder como los cangrejos, porque algo no se ha tenido en cuenta. De modo que en el proceso las cosas se clarifican y se tendrá la oportunidad de clarificar pronto el principio y el final, y la definición de los personajes, con las acciones que los definen. De ahí se podrá pasar a plantear y estructurar las secuencias que, a la postre, permiten escribir el guión con sus diálogos.

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