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"My Fair Lady. Diario de rodaje", de Cecil Beaton

My Fair Lady. Diario de rodaje (Cecil Beaton, Hatari! Books, 286 págs)

"My Fair Lady. Diario de rodaje", de Cecil Beaton

Cuando se cumplen 60 años del estreno de esa maravilla fílmica musical basada en el “Pygmalion” de George Bernard Shaw titulada My Fair Lady, con libreto de Alan Lerner, Hatari! Books tiene el acierto de recuperar el diario de rodaje mantenido en aquella época por el diseñador de producción de la película Cecil Beaton. Y lo edita con una magnífica traducción de Andrés Moret Urdampilleta, y aparato documental espléndido, que incluye la reproducción de cartas y comunicaciones mantenidas por Beaton con distintos miembros del equipo del film –George Cukor, Jack Warner, Audrey Hepburn...–, además de numerosas fotografías, en gran parte tomadas por el propio autor, pero también otras.

El libro no sólo es un regalo para los ojos, que garantiza el gozo instantáneo del cinéfilo, sino que sirve para ilustrar lo mejor del modo de hacer cine de los grandes estudios, en este caso la Warner, capaz de dedicar recursos ingentes para obtener óptimos resultados, cara a reproducir lugares emblemáticos londinenses de las primeras décadas del siglo XX, lo que incluye por supuesto el mercado de flores de Covent Garden donde trabaja nuestra florista Eliza, la residencia del profesor Higgins en Wimpole Street o los sofisticados ambientes en torno a Ascot; o para elaborar un vestuario perfecto para cada personaje y cada situación.

También ofrece la descripción perfecta de en qué consiste la labor de un diseñador de producción, que es más que alguien contratado para “que recomiende su paleta de colores favorita, para que dé rienda suelta a sus gustos sobre tejidos y muebles de manera indiscriminada”. Beaton, con paciencia, comenta que su papel es más amplio: “Su trabajo es pintar la historia, proveer los aspectos plásticos de la obra a través de formas, luz y color. (…) Debe crear el carácter de cada personaje y cada escena en términos de vestuario y localización. Debe dar énfasis a todas las palabras y los cambios, e incluso obrar el milagro de mostrar las diferentes variaciones en los estados de ánimo de determinados personajes, aunque no hubiera un cambio de vestuario. Maneja la realidad a su antojo para adecuarla a cada ocasión: realzarla o minimizarla según requiera la historia.”

Beaton ofrece un diario minucioso y preciso, anotaba muchos detalles de interés, al estilo de lo que hiciera Charlton Heston en su imprescindible “The Actor's Life”, que abarcaba el arco temporal de dos décadas, entre 1956 y 1976, con tantos detalles personales y profesionales. Aquí nuestro diseñador describe estupendamente su relación de estrecha colaboración con los distintos departamentos y sus profesionales –Gene Allen, George Hopkins, Joe Hiatt...–, y sus impresiones sobre Cukor, o el brillo de Hepburn, con esa idea de quitarle la sombra de los ojos marca personal, o impresionado por una humildad que entendería que no fuera su voz finalmente la que cantara las canciones, a pesar de su empeño por tomar lecciones y mejorar en el canto.

Pero va más allá de hablar de las puras circunstancias de rodaje del film, incluidos calores y tensiones varias, o las dificultades en seleccionar a los extras, y ofrece una pintura colorista de Los Ángeles, sus autopistas imposibles que dan vértigo, o las reuniones sociales, a veces muy íntimas, ya sea con estrellas, o con escritores como Truman Capote o Gore Vidal. En su recogida de impresiones muestra respeto por todos, incluso los que salen peor parados, por ejemplo confiesa con sencillez que no traga a Alfred Hitchcock, pero hasta en estos casos echa mano de la ironía suave británica, no hace sangre.

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