HollyWoke. Cómo Hollywood vendió su alma con el cine buenista (Christian Toto, Rialp / Libros de Cine, 321 págs)
Autores disputan, pero dicen que el cine es el arte que a más obras maestras nos ha regalado en el siglo XX. Podría ser. Imposible negar en cualquier caso las emociones que nos han hecho sentir tantas películas maravillosas, muchas de ellas nacidas en Hollywood, que antaño fuera conocida como la “fábrica de los sueños”. No hace tanto tiempo podías dar por hecho que una película regada de premios Oscar era una muy buena película, incluso excepcional, genial, inspiradora. ¿Pero esto sigue siendo así? Porque da la impresión de que se está olvidando la función de entretener, las ideas de siempre se consideran “anticuadas”, y abunda en cambio el sermoneo impostado de signo político e ideológico muy concreto.
Estamos en la era “woke”, de lo políticamente correcto, de la diversidad cultural, sexual, racial. De los linchamientos en las redes sociales y de la cancelación. Con más posibilidades creativas y de difusión que nunca, pero con las libertades mucho más limitadas de lo que parece, a la hora de manifestarse artísticamente o de poder expresar sinceramente lo que uno piensa. Dedicarse al cine, y más en Hollywood, resulta más difícil que nunca, sobre todo para los no consagrados, si no te mimetizas con el “paisaje”. La gran paradoja estriba en que el resultado se llama “mediocridad fílmica”, películas cada vez menos interesantes, y que el público no quiere ver, pasa incluso con títulos tan populares como los de superhéroes.
El crítico de cine estadounidense Christian Toto rema contra corriente con un libro escrito con coraje, que se atreve a señalar, como en el cuento y sin actitudes aduladoras propias del cortesano, que “el emperador está desnudo”. El autor de “HollyWoke”, con un tono amenísimo, explica la ilusión con que se inició en la crítica de cine, el amor desarrollado viendo películas, trabajando en el videoclub familiar, y peleando para poder al fin escribir de cine en un diario. Y cómo, en los últimos años, bien asentado profesionalmente, ha crecido su decepción, debido a la polarización de un cine que ridiculiza las ideas conservadoras, o que pide a los guionistas cambios en sus libretos para que haya más gays, o más asiáticos, o que se cargue más la mano contra el ejército.
Con enorme sentido del humor, Toto recuerda el desastre de convertir a los Cazafantasmas en las Cazafantasmas, cosechando el mayor de los fracasos entre el público, y luego el lloriqueo de los periodistas más “woke” diciendo que todo era una confabulación de los espectadores más machistas. Disecciona el escandaloso caso de la cancelación de Gina Carano por parte de Disney, una de las actrices más queridas por su Cara Dune de la serie The Mandalorian, y echada con cajas destempladas por manifestar sus ideas en las redes sociales sobre los pronombres neutros, o sobre Trump; puro machismo, además, si se compara con el guante de terciopelo con que ha sido tratado Pedro Pascal, con comentarios igual de incendiarios, pero de signo “woke”.
Describe Toto con pelos y señales el ambiente asfixiante que se respira en Hollywood y la cultura pop, en que no se puede contar cualquier historia, y en que las celebridades, incluso las más asentadas como Taylor Swift, tienen que medir sus palabras, pedir perdón por todo, y sumarse a causas que seguramente ni les van ni les vienen por puro postureo. Ocasión propicia son las galas de premio, cada vez más insoportables porque los galardonados se sienten obligados a ofrecer alguna perla buenista en sus discursos de agradecimiento.
Lo vemos todos los días, y nos hemos acostumbrado, señala el autor, pero resulta notable que películas míticas como Lo que el viento se llevó se conviertan en sospechosas para los guardianes de la nueva moral, que como modernos inquisidores rebuscan vídeos del pasado de artistas que se pintaron de negro el rostro con betún para que someterlos al escarnio, hasta que piden perdón; y está el caso Molly Ringwald renegando de sus exitosas películas ochenteras adolescentes como El club de los cinco, que no responde a los estándares “woke” de hoy en día; hasta un actor que ya no debería tener nada que temer como Matt Damon titubea cuando la "masa enfurecida" le reprocha algo.
Pese a las denuncias de Toto, busca mantener en el libro un tono jocoso, y añade una nota esperanzada hablando de los artistas que no se dejan encadenar por la esclavitud “woke” y las compañías capaces de producir películas y series que luego son muy bien recibidas por un público muy numeroso que las echa en falta, como la serie financiada mediante “crowdfunding” The Chosen.
P.S. Estoy muy contento de haberme ocupado de la traducción al español de este libro.
