Las guerras de Lucas (Laurent Hopman y Renaud Roche, Norma Editorial, 208 págs)
Una verdadera joya de la “bande dessinée”, de las que hacía años que no disfrutábamos los que amamos especialmente los grandes clásicos. Laurent Hopman, guionista, y Renaud Roche, dibujante, han obrado el milagro de contar los primeros pasos de la carrera fílmica de George Lucas, y el modo en que cambió el cine con La guerra de las galaxias, de un modo que sigue con brillantez las reglas del buen cómic, y que da toda la información esencial para el buen saber. En efecto, los autores han evitado los defectos de otras obras basadas en hechos reales, en que la necesidad de ceñirse a lo sucedido, produce un efecto de envaramiento, de didactismo demasiado obvio, en que se quieren recoger numerosos datos, por ejemplo fechas, con todas las anécdotas biográficas habidas y por haber, sin saber distinguir el grano de la paja, para prescindir de lo superfluo, o hacer un necesario ejercicio de síntesis. Y la narración fluye de modo natural, y atrapa la atención desde la primera página del álbum.
Aquí se logra que cualquier aficionado reconozca numerosos datos de Lucas y Star Wars, a la vez que se ofrecen otros que desconocía, al menos ese es mi caso; y sorprende la economía de medios y el sentido del humor con que se cuentan las cosas, con numerosos gags, y eso sin renunciar al suspense y la emoción, como en el accidente automovilístico con que arranca todo y que provoca un largo flash-back en la narración. Verdaderamente tiene gracia cómo se recuerdan las proverbiales dificultades a la hora de escribir un guión de Lucas, dado a una excesiva verborrea, o se evoca la inspiración de Campbell y sus ideas del viaje del héroe, los tics nerviosos del héroe, la complicidad con la que sería su esposa Marcia, o el modo en que se imagina ahogando al estilo Darth Vader a alguien que le irrita. Hay cabida para las luchas con los estudios y su miope incomprensión, el respaldo de Alan Ladd Jr., las opiniones de los colegas cuando les muestra el avance de su trabajo, las complicidades de Coppola o Lucas. Sí, es verdaderamente prodigioso que se dé cuenta de la evolución de la trama de La guerra de las galaxias, desde sus primeros borradores, del esfuerzo titánico en diseño de producción, maquetas, efectos visuales... De cómo se elige el reparto y la cabezonería de Lucas que no quiere incluir al “carpintero” Harrison Ford, porque ya hizo con él American Graffiti y no quiere repetir. Del desparpajo de Ford para modificar sus diálogos o su atuendo. Del romance con Carrie Fisher. De la veneración hacia el mítico Alec Guinness. El modo en que se aborda la muerte de Obi Wan, o la promesa del merchandising para Mark Hamill, son un par de simpáticos ejemplos de la brillantez de esta BD.
Y junto al guión de hierro, unos dibujos maravillosos, con predominio del blanco y negro y la correspondiente gama de grises, pero con una inteligente nota de color puntual para pintar de azul un cielo, de amarillo una colisión, de rojo un amanecer, de marrón la túnica de Obi Wan Kenobi... Evidentemente aparecen muchos personajes reales, y la inteligente opción de Roche es que sean reconocibles, y no caricaturescos, pero sin un detallismo hiperrealista, están esbozados de maravillas sus rasgos, es una maravilla cómo se logran atrapar gestos faciales de Ford, o la simpatía de Marcia, tan paciente con el abrumado Lucas. En tal sentido es todo un regalo el apéndice final en que se muestra la evolución que han experimentado los dibujos de los personajes.
