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"Los seductores", de James Ellroy

Los seductores (James Ellroy, Random House, 623 págs)

"Los seductores", de James Ellroy

Hay cinéfilos a los que apasionan las historias más turbias de la meca del cine, lo que suele englobarse bajo el paraguas “Hollywood Babilonia”, escándalos sexuales, suicidios, muertes poco claras, adicciones... En fin, aquello que desmiente ese otro apelativo de “fábrica de sueños”, a no ser que los sueños sean pesadillas. El novelista James Ellroy ha ubicado varias de sus novelas en este marco, mezclando ficción y realidad hasta el punto de que a veces se hace difícil para el poco conocedor distinguir qué es lo que se inventa y qué tiene una base más o menos sólida. Han gozado de popularidad e incluso se han llevado al cine L.A. Confidential en 1997, y La dalia negra, en 2006, que forman parte del llamado Primer Cuarteto de Los Ángeles. Al Segundo Cuarteto pertenece el libro que nos ocupa, que tuvo una suerte de precuela con “Pánico” en 2021 al contar con el mismo protagonista, el detective de muy dudosa catadura moral Freddy Otash, un personaje real.

Ahora, particular “homenaje” (?!) a Marilyn Monroe, llega a las puertas del centenario de su nacimiento “Los seductores”, que parte de la muerte por sobredosis de barbitúricos de la mítica actriz, el 5 de agosto de 1962. Rodeada de misterio por contar entonces Marilyn con tan solo 36 años, ha sido terreno abonado para las teorías conspiranoicas, sobre todo por la relación con Camelot, la corte presidencial de JFK, John Fitzgerald Kennedy, y su hermano y todopoderoso fiscal general Bobby, que abonaría posibilidades más allá del fatal accidente o el suicidio. Aquí, con Freddy Otash como narrador tenemos una trama que combina esta muerte y el espionaje de la actriz por encargo del gángster Jimmy Hoffa para tener trapos sucios contra los Kennedy, con otra también sórdida del secuestro fingido de una actriz, que habría dado pie a un asesinato en el que estaría implicado Freddy con detectives de la Brigada de Los Sombreros, de la policía de Los Ángeles.

El libro está escrito con el estilo seco de frases breves característico del autor, que quizá seduzca a los incondicionales pero no tanto al público general. Estamos ante un libro muy voluminoso y algo obtuso, que resulta muy reiterativo en la descripciones a menudo escabrosas de incursiones clandestinas a la casa de la Monroe o de Pat Kennedy, casada con el actor Peter Lawford y amante de Otash en el pasado, en los registros de material pornográfico, en el estilo mamporrero de amenazas a los personajes dudosos sometidos a interrogatorios, en el espionaje y seguimiento de personas. Fácilmente puede repetirse un centenar de veces, y no creo exagerar mucho, la expresión “hizo un gesto masturbatorio”, por ejemplo, y aún resulta “elegante” si se compara con otras que recorren la narración.

Resulta difícil empatizar con algún personaje, o enganchar con el relato, a la espera de alguna sorpresa, no creo hacer “spoiler” si digo que se inventan teorías para proteger a los Kennedy, y que se encuentra alguna conexión entre Monroe, que queda fatal, y el caso del secuestro simulado de una actriz. Puede tener gracia el telón de fondo de una Fox al borde de la ruina por el fiasco del costoso rodaje de Cleopatra, o el film inacabado de la Monroe, pero cansa el omnipresente cinismo, en que se carga las tintas contra la actriz y todo su entorno, y también contra los alrededores gangsteriles, policíacos y políticos, todo es fango y nada hay más que fango.

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