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¡Salva al gato!

¿Un libro más sobre cómo se escribe un guión? Pues sí... y no. El libro firmado por Blake Snyder da por supuesto que el lector tiene cierta idea de cómo es la estructura narrativa de un libreto, y lo que hace es proporcionarle claves muy prácticas y de sentido común para que los guiones resulten interesantes... y susceptibles de ser vendidos.

¡Salva al gato!

¡Salva al gato! (Blake Snyder, Alba, 247 págs)

Da gusto leer este libro, porque no es el típico manual de guionista, que empieza a hablarte de la estructura de tres actos y todas las demás zarandajas típicas del oficio. No es que el autor las desprecie, nada de eso –de hecho menciona gurús de la narrativa como Joseph Campbell y Syd Field– es que da por supuesto que el lector las conoce más o menos. El planteamiento de Snyder es ir más allá, y proporcionar al aspirante a guionista –o incluso al veterano– claves para que los que tienen poder decisorio caigan cautivados antes sus historias.

De modo que ya el título resulta intrigante. ¿Qué es eso de ‘¡Salva al gato!’? Pues es un pequeño y sabio consejo de Snyder, guionista profesional prematuramente fallecido. La idea es que el héroe de una historia ha de ser atractivo, humano, hemos de poder empatizar con él, por lo que resulta importante introducir pronto una escena gracias a la cual nos caiga bien, del tipo ‘Fulano salva a un gato”, o ‘Mengano ayuda a una ancianita a cruzar la calle’.

Dicho esto, el autor reparte consejos a diestro y siniestro. Algunos son básicos, como que la película debe contar con una premisa bien definida, y el protagonista debe ser eso, protagonista, llevar las riendas de los acontecimientos en que se ve inmerso y no ser un héroe pasivo que podía ser cualquier otro. También señala Snyder que uno debe tener claro en qué tipo de historia o género se encuadra lo que uno está escribiendo, e incluso propone una clasificación que no responde a la convencional de ‘comedia, drama, ciencia ficción, etc’, sino que responde a ideas tipo ‘un monstruo en casa’, ‘el vellocino de oro’, o sea, esquemas arquetípicos que se repiten de una película a otra. Hay que conocer película del mismo tipo en que estamos trabajando, no para ‘fusilarlas’ (o al menos, no del todo), sino para tener en la cabeza que tipo de ideas funcionan en la clase de historia en que andamos metidos.

Snyder es muy dinámico en su exposición, tiene un estilo gracioso que resulta estimulante, por ejemplo al pedir ‘¡dame lo de siempre, pero distinto!’, feliz expresión de lo perenne de los esquemas clásicos junto a la importancia de aportar algo que sea fresco y novedoso.

Dan ganas de pararse a comentar todas y cada una de las ideas, rebosantes de sentido común, que propone Snyder. Todas las escenas han de ser emocionantes, hay que medir los tiempos, funciona bien el manejo de un tablón con fichas de nuestras distintas escenas para trabajar con ellas. Verdaderamente hay imágenes muy felices de lo que hay que lograr, como la de ‘el Papa en la piscina’, que sería algo que nos deja tan boquiabiertos que sirve para suministrar a la vez información que expuesta de otro modo sería árida y generadora de bostezos. Y resultará utilísima la lista de errores típicos de guionista, o el glosario que ocupa las últimas páginas.

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