Kenneth Branagh, caballero del teatro shakespeariano y director con pedigrí hollywoodiense, ha soltado una bomba reflexiva en una reciente entrevista: Tom Cruise, ese titán de la acción, está “infravalorado” como actor. Y no lo dice por cortesía. Lo dice con conocimiento, y con la convicción de quien ha trabajado con medio Olimpo del cine.
Kenneth Branagh no se queda en los fuegos artificiales de Misión: Imposible o Top Gun: Maverick. Aplaude el compromiso profundo de Cruise con el personaje, el detalle, la narrativa. “Si algún día se cansa de dejar al mundo boquiabierto con sus acrobacias, sorprenderá a más de uno”, asegura. “Lo que ha hecho con Misión y Top Gun es único: entretenimiento serio con alma”.
Y razón no le falta. Antes de ser el rey de las secuelas, Tom Cruise era el favorito de los grandes autores: Kubrick, Scorsese, Spielberg, Oliver Stone, P.T. Anderson... Desde Barry Seal: El traficante (2017), Cruise no se aleja del universo McQuarrie. Pero hubo un tiempo en el que podía mutar en asesino letal en Collateral, o desaparecer bajo kilos de maquillaje como el desternillante Les Grossman en Tropic Thunder. Versátil. Brillante.
Kenneth Branagh no ha hecho más que poner voz a lo que muchos cinéfilos llevan años pensando: Tom Cruise ha elegido el espectáculo, pero el actor dramático sigue ahí, esperando su nuevo gran papel. No necesita colgarse de un avión en marcha para demostrar talento. Basta con que se atreva a volver a mirar a cámara sin explosiones de fondo.
