La industria del cine estadounidense podría estar a punto de rodar su drama más caro hasta la fecha.
Donald Trump, en su nueva etapa como presidente, ha lanzado una propuesta bomba: imponer aranceles a las películas rodadas fuera de Estados Unidos. El mensaje, publicado en redes sociales bajo el lema "make Hollywood great again", ha dejado a los principales estudios en estado de shock.
La respuesta no se ha hecho esperar. Este viernes, los gigantes de la industria —incluidos Disney, Netflix, Warner Bros. y Amazon— mantendrán una llamada de urgencia con Charles Rivkin, presidente de la Motion Picture Association (MPA), para definir una estrategia común. La cita no tiene nada de película: se juega el futuro de miles de producciones y empleos.
Golpe de efecto... y de bolsillo
Si el plan de Donald Trump se materializa, los costes de producción podrían dispararse hasta un 25%. En un momento en el que Hollywood apenas empieza a recuperarse de huelgas, cierres de salas y la resaca pandémica, el nuevo “muro” arancelario podría frenar no solo los rodajes internacionales, sino también el ritmo general de estrenos. Y eso, en taquilla, se traduce en menos blockbusters y más butacas vacías.
La medida, además, ha levantado dudas legales y logísticas: ¿cómo se grava un servicio digital creado por una empresa con sede en EE. UU.? ¿Qué ocurre con las coproducciones europeas o los incentivos fiscales que ofrecen países como España o Canadá?
Donald Trump, por su parte, asegura que rodar fuera de EE. UU. es una amenaza a la seguridad nacional. Entre bambalinas, se rumorea que el plan ha sido impulsado por el actor Jon Voight, ahora convertido en asesor cultural del presidente, junto a Mel Gibson y Sylvester Stallone. Este último, irónicamente, está a punto de empezar el rodaje de una película... en Malta.
