El mundo está polarizado, ¿quién lo despolarizará? Desde luego no Woody Allen, que ha echado leña a la controversia de la invasión rusa de Ucrania aceptando participar en un evento de cine en Moscú y declarándose “apolítico”.
El cineasta ruso Fedor Bondarchuk moderó un coloquio con Woody Allen en la sección “Genios del Cine Mundial”, que forma parte de la Semana de Cine Internacional que se celebra en Moscú, y allí tuvo grandes alabanzas para las películas que ha dado Rusia a lo largo de la historia, como la monumental Guerra y paz de Sergei Bondarchuk, y hasta comentó que le encantaría hacer una película sobre lo bien que se vive en Moscú y San Petersburgo.
El cancelado cineasta, que de genio indiscutible ha pasado a ser un apestado en Estados Unidos, por la perpetua acusación de abusos a su hija Dylan Farrow siendo niña, de la que en su día fue absuelto, está claro que no tiene pelos en la lengua, y dice lo que le da la gana, pero su periplo ruso no ha sentado nada bien en Ucrania. Andrii Sybiha, ministro de asuntos exteriores de Ucrania, ha atacado al director de La última noche de Boris Grushenko afirmando que su viaje y declaraciones eran una vergüenza. Desde luego lo que no se puede negar es que Woody Allen conecta con el alma rusa, pues filmes como Delitos y faltas y Match Point beben de Dosteievski y “Crimen y castigo”. Pero esto no ha impedido a Sybiha aseverar que su estancia rusa “es un insulto al sacrificio de actores y directores ucranianos asesinados o heridos por los criminales de guerra rusos en su guerra actual contra Ucrania” y que no es correcto “hacer la vista gorda”, tal vez en velada alusión a las gafas de pasta con cristales gruesos que usa Woody Allen.
