Paul Schrader, de 79 años, no es precisamente un recién llegado a las revoluciones del séptimo arte. Pero su última predicción ha dejado a muchos con la ceja levantada: según declaró a Vanity Fair, “estamos apenas a dos años de la primera película hecha completamente con inteligencia artificial”.
“Estuve hablando por teléfono sobre un guion que tengo, y dije: ‘este sería el guion perfecto para hacerlo todo con Inteligencia Artificial’. Es sólo una herramienta”, explicó el autor de Taxi Driver. “Cuando eres escritor, usas un código: palabras, letras, descripciones. Un actor tiene su propio código. Con la IA, eres un pixelador: puedes crear el rostro, la emoción, y esculpir la reacción igual que un autor lo haría en una novela".
Paul Schrader, que en los últimos años se ha hecho famoso también por sus reseñas sinceras (y a veces feroces) en Facebook, fue más allá: aseguró que la IA podría incluso mejorar la crítica cinematográfica.
“La IA hace una cobertura mejor que la media, y no tiene que favorecer a nadie. Cuando te pagan por escribir, a veces notas que esperan que te guste la película. A la IA no puedes darle esa instrucción”, comentó.
El cineasta aludía a los sistemas de script coverage —análisis de guiones para estudios y agencias—, aunque no dejó claro si hablaba de críticos humanos o de software profesional. Ya en verano, Schrader había publicado un post donde imaginaba a ChatGPT escribiendo críticas “al estilo de Pauline Kael, Andrew Sarris o Manny Farber”, tras analizar en segundos toda su obra y la de los cineastas implicados.
“Eso le llevaría unos 30 segundos”, bromeó entonces.
La idea, naturalmente, provoca más inquietud que entusiasmo entre los amantes de la crítica tradicional. ¿Queremos de verdad una reseña “sin sesgos”? Parte del encanto de leer a un crítico —de Kael a Roger Ebert— está en su voz humana, subjetiva y emocional, capaz de conectar o de irritar.
Paul Schrader, sin embargo, parece cómodo con el vértigo tecnológico. Después de medio siglo diseccionando almas rotas y sociedades violentas, el autor de American Gigolo y El contador de cartas se lanza ahora a explorar otro tipo de abismo: el de la creatividad sin humanos.
Si su “guion perfecto” llega a materializarse, podría convertirse en un nuevo punto de inflexión para el cine… o en el capítulo perdido de Black Mirror que nadie se atrevió a firmar.
