Contra lo que durante años ha sido casi dogma, Meryl Streep no se inspiró directamente en Anna Wintour, editora de Vogue, para construir a la temible Miranda Priestly en “El diablo viste de Prada” (2006). O al menos, no tanto como se pensaba.
La actriz ha confesado en el programa de Stephen Colbert que su referente real fue una curiosa “mezcla genética” de dos directores: Mike Nichols y Clint Eastwood. Y lo resumió con una frase que ya es oro puro: “Si Mike Nichols y Clint Eastwood tuvieran un hijo, sería Miranda Priestly.”
Según Meryl Streep, de Mike Nichols tomó "esa autoridad elegante con ironía incorporada: autoridad envuelta en humor fino, casi venenoso… pero con sonrisa. De Clint Eastwood "el susurro que impone más que un grito: dirección calmada, voz baja, pero todo el mundo en tensión máxima".
El resultado fue ese personaje que no necesita levantar la voz para congelar la sangre —una jefa que despide con un “eso es todo” y deja cadáveres emocionales en la moqueta.
La sombra de Anna Wintour sigue siendo inevitable: la novela original de Lauren Weisberger se basaba en su experiencia en Vogue. Pero la propia Anna Wintour, lejos de ofenderse, acabó disfrutando la película. La calificó de divertida y llena de ingenio. Aplaudió especialmente a Meryl Streep (cómo no). Y la consideró, en el fondo, un retrato “justo”
Es decir: la supuesta víctima salió del cine sonriendo… y probablemente revisando estilismos.
La historia no termina ahí: Meryl Streep retomará el personaje en la secuela, que llega a los cines el 1 de mayo. Todo apunta a que Miranda Priestly seguirá dictando sentencia…
