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Goya 2015

Impresiones sobre la gala de los Goya 2015: larga, sin sorpresas, con la chispa de Dani Rovira y celebrando los grandes resultados del cine español

Impresiones sobre la gala de los Goya 2015: larga, sin sorpresas, con la chispa de Dani Rovira y celebrando los grandes resultados del cine español

Ya se ha hecho pública la cuota de pantalla de los Goya, un 24,7%, buen resultado, los 3,8 millones de espectadores se convierten en un buen aval para tratar de dar continuidad a los grandes resultados del cine español en taquilla de 2014, lograr superar, o al menos repetir, esas magníficas cifras va a ser todo un reto. Eso sí, en la gala se sacó pecho, “resistiremos” cantaron Ana Belén y compañía, había buenas y optimistas vibraciones por la contribución al PIB español, a la vez que, jugando a la paradoja, el presidente de la Academia, Enrique Gónzalez Macho, decía que no quería ser cansino mientras recordaba el imperturbable ministro Wert que un 21% de IVA para la cultura supone una carga brutal e insoportable. En cualquier caso, se aprovechó la ocasión para hacer promoción, el cine que viene en dos entregas, imágenes de los filmes españoles que están actualmente en desarrollo, incluidos los nuevos de Amenábar, Bayona, Querejeta, Saura y muchos otros.

Lo dije, y no creo que tenga demasiado mérito, que había un margen mínimo, mínimo, para los sorpresas en los premios, y en fin, creo que nadie puso cara de estupor al ver que La isla mínima arrasaba con sus 10 Goyas, y que El Niño debía conformarse con los premios de consolación, mientras que Ocho apellidos vascos veía al menos reconocidos a tres de sus actores, incluido el presentador de la gala Dani Rovira.

Fue un acierto el ficha de Rovira, que lo hizo muy bien, el tipo tiene gracia y simpatía por arrobas. El problema de la gala no fue suyo sino de sus creadores, que incluyeron muchísimos números prescindibles, el momento de la aparición de Alex O’Dogherty con su organillo marcó el declive, se perdió el ritmo, y ya fue irrecuperable. Ni Rovira ni Miguel Poveda, cuyo arte del flamenco tuvo la mala pata de ser colocado en el momento en que los bostezos y las ganas de terminar arreciaban, pudieron hacer nada para impedirlo.

Hay veces en que los agradecimientos a los premios dan lugar a momentos emotivos. No los reconocí. Admito que el discurso de Antonio Banderas por su Goya de Honor estaba muy elaborado, y tenía detalles bonitos, como la petición de perdón a su hija por no haberle dedicado toda la atención que requería; pero fue largo, y en parte era una reflexión personal más para él que para compartirla con el público, al menos en toda su amplitud. Pero bueno, en los premios a una trayectoria es admisible que el homenajeado se explaye como mejor le parezca.

Aunque se procuró no traspasar ciertas líneas, las alusiones al ministro quizá fueron reiterativas, y fue muy poco elegante la de Pedro Almodóvar negándole el título de “amigo de la cultura”. Es curioso que alguien ocurrente en su filmes, que sabe vender muy bien, a la hora de hablar cause cierto rechazo, al menos a mí: decir que con frecuencia le señalan que le falta capacidad de síntesis y que tiende a hablar de sí mismo, para a continuación ceñirse a tales carencias, parece un despropósito. No sé, quizá sea muy almodovariano, pero... En cambio no habría estado de más que cuando Relatos salvajes fue reconocida como mejor film hispanoamericano hubiera cantado las virtudes del otro, Damián Szifron. Pero no dijo palabra, hablo su hermano Agustín.

No es de recibo que una gala que está previsto que concluya a las 0:45 lo haga una hora más tarde. Una televisión comercial no lo admitiría, otros compromisos obligan, y si no se arriesga uno a ser penalizado por anunciantes y demás. En los Oscar, modelo obvio de los Goya, todavía no a su alcance, se toman medidas, no sólo se aconseja a los premiados que no alarguen sus discursos de agradecimiento, sino que hasta se les quita el micro. Aquí la televisión pública quizá no tiene la presión de alguien que pida, un número fuera, corta esto, vamos a ganar unos minutos, se nos está yendo esto de las manos. Y la cuestión no es ser cuadriculados, o guiarse por criterios puramente económicos, aquí, el asunto es que se perdió un excelente ritmillo tras la tontería de O'Dogherty, y ya no hubo manera de que las aguas volvieran a su cauce.

Pero en fin, sea como fuera, enhorabuena a los premiados, nominados y resto del mundo, y larga vida al cine español.

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