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La dignidad de las personas que hacen lo que pueden

San Sebastián 2017, día 28: James Franco y el cine indie estadounidense made in USA & Spain

El cine de y en Estados Unidos ocupa la sección oficial. Con una estrella hollywoodiense delante y detrás de la cámara, James Franco, “The Disaster Artist”, hablando de un cineasta marginal, y al más puro estilo indie, “Sollers Point” y “La vida y nada más”.

San Sebastián 2017, día 28: James Franco y el cine indie estadounidense made in USA & Spain

 

SollersPoint1Poco tiene que ver con el cine de palomitas de Hollywood, el cine independiente americano, aunque algunos de sus directores estrellas, como los hermanos Coen, han acabado integrándose plenamente en la industria, mientras procuraban no vender en la aventura su alma al diablo. El cine de la sección oficial que toca comentar hoy, conecta claramente con los planteamientos de las películas indie, aunque cada una a su particular manera.

Sollers Point sigue a Keith, un preso recién salido de la cárcel, que recala en la casa de su padre en Baltimore. Está en libertad condicional, tras una etapa de arresto domiciliario, lo que limita sus movimientos, no puede ir al cumpleaños de su sobrina porque vive en otro estado. En su vagar de aquí para allá buscando algo que hacer, se dibuja la dificultad de integrarse en una vida normal y honrada, los líos aguardan a la vuelta de la esquina, antiguas malas compañías, prontos violentos, necesidad de dinero que podría obtenerse con los viejos trapicheos.

Matthew Porterfield, director y guionista, ya tenía varias películas a sus espaldas que han circulado en festivales, y que pintan sencillos dramas familiares de personas con problemas. Aquí describe minuciosamente los tumbos que va dando Keith, sus necesidades afectivas, su contacto con pandilleros, drogadictos y prostitutas, el encuentro con la abuela, la visita al cementerio. McCaul Lombardi encarna bien al protagonista, aunque quien sorprende es Jim Belushi como su padre, en un papel muy alejado de sus comedias habituales. Es una película correcta, pero también algo insulsa.

vidaynadamas homeAutenticidad de la América que no vemos, atrapada por un español

Antonio Méndez Esparza, madrileño formado cinematográficamente en Estados Unidos, sigue empeñado en retratar la realidad que le interesa de ese país tras su aplaudido debut Aquí y allá, que en 2012 fue mejor película en la Semana de la Crítica en Cannes. Y en efecto, con un estilo muy indie, imprime a La vida y nada más un sentido grande de realismo, lo que vemos parece muy autentico, cosas que pasa, “c´'est la vie”, podemos decir parafraseando el título de otra película en competición de la que ya he hablado.

En un pequeña ciudad innombrada y como otra cualquiera de Estados Unidos, Andrew es un joven negro a punto de llegar a la mayoría edad, que ya he tenido que pasar por los juzgados, acusado de robos de poca monta, pero que le han puesto en el punto de mira de condenas más severas si no cambia. Es un buen chico, pero vive en un hogar desestructurado. Su padre está en la cárcel, apenas le recuerda, aunque le manda cartas, nunca ha ido a verle. Su madre Regina se desloma trabajando como camarera, criando a una niña pequeña, y tratando de que el camino de Andrew no se tuerza. Un cliente del bar ronda a Regina, parece buen tipo, busca una relación, ella le gusta. Pero no se llevará bien con el hijo mayor.

Los anteriores son algunos trazos con los que se compone la narración, pero no le hacen justicia. El mérito de Méndez Esparza, que menciona explícitamente como influencia el neorrealismo italiano, es lograr que la cotidianeidad nos interese, que no componga una historia de buenos y malos, y ofrezca en cambio una interesante radiografía de la sociedad americana sin tremendismos, donde poco parece importar que manden Trump o Clinton, con personas de carne y hueso no perfectas pero revestidas de enorme dignidad. Y se señalan las dificultades de integración y promoción de las personas, hablando de los prejuicios raciales, la marginalidad, los hogares rotos, señalando cómo es determinante un entorno familiar que facilite las cosas, junto a una gran fuerza de voluntad.

La narración fluye muy bien, en lo que se dice, y también en la elocuencia de lo que no se dice, pero se ve. Están muy bien trazadas además las relaciones entre los personajes, y los actores, no profesionales, son un prodigio de naturalidad, con mención especial para Regina Williams, la madre.

El “Ed Wood” de James Franco

disaster artist 2Parece que James Franco ha querido seguir los pasos de Tim Burton con Ed Wood, a la hora de hablar de “la peor película de la historia”, que sería según algunos analistas The Room, una cinta dirigida por el actor de origen polaco Tommy Wiseau.

De origen incierto –él decía que era de Nueva Orleans a pesar de su imposible acento, según IMDb nació con el nombre de Piotr Wieczorkiewicz en Poznan, Polonia, en 1955– vemos en The Disaster Artist que aspira a lo más alto de la carrera artística, ser actor y director de cine. Pero no trata de realizar su sueño hasta que encuentra un alma gemela, una suerte de hermano con todo el ímpetu de la juventud, que sienta lo mismo. Se trata de Greg Sestero, con quien conecta inmediatamente, de modo que ambos marchan juntos a Los Angeles. Tras intentos infructuosos para conseguir trabajo, será el propio Wisau quien ponga en marcha su propia película con guión escrito por él, The Room, que financia gracias a su nutrida cuenta corriente, nadie sabe de donde ha podido sacar el dinero.

Todo el mundo sabe que James Franco no para quieto un momento, a su inicial carrera de actor ha sumado la de director y productor, en la sobreabundan los proyectos, algunos ya realizados. Esa pasión por la profesión de cineasta es lo que sin duda le ha cautivado de la estrafalaria personalidad de Tommy Wiseau, que suple su falta de talento con el entusiasmo puro y duro. Puede ser raro, egocéntrico, celoso, de carácter imposible, pero su determinación para hacer lo que desea, sin dejar que le afecte la pésima opinión que tienen de él los demás como cineasta, resulta admirable, y es que nunca se viene abajo. Y cuando está a punto, ahí está la amistad de Greg Sestero, quien resiste lo loco y absurdo que parece un proyecto que podría echar por tierra su trayectoria futura, de un artista desastre sólo cabe esperar una película desastre.

La película logra su propósito, contagiar el amor al cine y por ende a la propia profesión a través de alguien que no es el mejor ni mucho menos, pero que lo intenta. La paradoja de que la chapuza pueda caer en gracia engancha, aunque al mismo tiempo deja la sensación de que este “así se hizo” dramatizado no da para tanto.

Podría uno preguntarse por qué James Franco, que interpreta a Tommy, ha decidido que su hermano Dave encarne a Greg Sestero. Todo apunta a subrayar la metáfora de que tenemos a unos “hermanos del alma”, de los que al principio se acentúa su innegable parecido físico. En cambio, a medida que discurre la narración y surgen los problemas, las diferencias en su aspecto son más marcadas, uno sigue en las nubes, mientras que el otro quiere pisar el suelo.

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