Akiva Goldsman es un reputado guionista, ganador del Oscar por su libreto de Una mente maravillosa, escrito para uno de sus socios fílmicos habituales, Ron Howard. En esta ocasión escribe y produce para Francis Lawrence, el director de la diabólica Constantine, donde ambos coincidieron. Ahora me hablan de su segunda colaboración, la traslación al cine de la novela de ciencia ficción de Richard Matheson Soy leyenda.
Me gustaría que contaran el largo proceso que va de la novela de Richard Matheson al aspecto final de la película, pasando por las dos versiones fílmicas previas, un primer guión de Mark Protosevich, las aportaciones de Akiva Goldsman y Francis Lawrence, lo que añade Will Smith…
Francis Lawrence: Lo primero que hice fue leer una de las muchas versiones del guión que hizo Mark, y que cayó en mis manos justo antes de que rodara Constantine. Tras hacer esa película leí la novela, y creo que la Warner, después de que el proyecto se cayera varias veces entregó todo ese material a Akiva. Como los dos nos habíamos llevado muy bien trabajando juntos en Constantine, acabamos juntos de nuevo en este proyecto.
Akiva Goldsman: Por este proyecto han pasado un montón de directores a lo largo de diez años, y por distintos motivos no acababa de arrancar. Nosotros empezamos a trabajar un guión de Mark, y nos dimos cuenta de que no sólo nos interesaba éste y la novela original de Matheson, sino también la segunda adaptación, El último hombre… vivo. En ese momento empezaron a llegar las películas de 28 días después y 28 semanas después… Y vimos claro que había que reinventar la historia.
F.L.: Después de esto nos pusimos en contacto con Will Smith. Yo le conocía de hacer hecho un vídeo musical con él, y Akiva de haber rodado Yo, robot. Decidimos formar parte los tres de la historia, y nos sentamos en una habitación para que cada uno confesara lo que le gustaba y lo que le disgustaba del proyecto. Y así llegamos adonde estamos ahora.
La película se basa en un material existente. ¿Contactaron con Richard Matheson?
F.L.: A pesar de que el guión cambió mucho a lo largo de todo el proceso, mandamos una versión a Matheson, y nos dio todas sus bendiciones. Pero hay que tener en cuenta que es una persona mayor, con más de ochenta años, con dolores en la espalda, que el tema de viajar no lo lleva bien… En Tokio le invité a la premiere, y ya él se había movido para conseguir estar ahí. Una vez vista la película le encantó. En fin, nos ha ayudado en todo y su visión ha sido muy positiva con respecto a nuestro trabajo.
Akiva, tengo la sensación de que prefiere manejar material ya escrito, como las novelas de John Grisham o Dan Brown, que escribir guiones originales. ¿Hay alguna razón especial?
A.G.: Bueno, lo primero que me gustaría dejar claro es que la forma en que llegué al negocio del cine fue a través de un guión original, titulado Un testigo en silencio, que se rodó en 1994. En Hollywood se funciona por el sistema de expectativas sobre opciones de guión, y yo presenté el guión de esa película, y aunque creía escribir ficción bastante mal, el caso es que salí bastante victorioso, porque lo vendí.
Aunque es verdad que he hecho muchas adaptaciones, yo creo que siempre añado algo original a las historias, aunque las adapte. Siempre hay un pedacito de original, aunque parta de un material que ya existe.
Dentro de esas aportaciones, Akiva, me llamó poderosamente la atención en Soy leyenda cómo aborda el tema de la soledad en la escena del videoclub. ¿Fue tal vez ése uno de esos pedacitos de originalidad?
A.G.: La idea de partida de los maniquís hay que concedérsela a Matheson. Es gracioso que lo menciones, porque en El último hombre… vivo aparece la escena de una mujer superviviente, que para esconderse se hace pasar por un maniquí. Evidentemente esa idea la elaboramos mucho para que se convirtiera en lo que vemos en el videoclub de la película.
De todos modos, es muy difícil atribuir a uno u otro a quién corresponde el mérito de algo. Nuestra forma de trabajar, de alguna forma, es que todos hacemos todo. No se puede separar con tiralíneas, y decir “esto es de Francis”, “esto es de Will”, “esto es mío”. Para lo bueno y para lo malo, es un trabajo de todos. Somos un equipo, trabajamos juntos.
Resulta valiente en nuestros días hablar de la espiritualidad y la religión como elementos que ayudan a sobrellevar las situaciones difíciles. Pero, tras su guión basado en El código Da Vinci, Akiva, se me ocurría que tal vez de alguna manera había querido compensar las críticas por el contenido anticristiano de ese libro y su versión cinematográfica…
A.G.: No. Ummmm. No. Para nada. Recuerdo que hace tiempo, cuando hicimos Yo, robot, alguien me señaló que era una alegoría de Cristo. Y vamos, nada más lejos de mi intención y de mi pensamiento. Me quedé perplejo. Yo creo que llegamos a incluir el elemento de la fe a partir del concepto de supervivencia. Nos dimos cuenta que la gente, cuando está en una situación extrema, necesita agarrarse a algo. Robert Neville se agarra a la ciencia, y de alguna manera sentíamos que era necesario añadir otro punto de vista, y ese punto de vista era la religión. Por eso, estos dos tipos de fe están en la película.
