El Festival emprende su tramo final, con la última película a concurso y la espera del reparto de los premios. Lo cierto es que en general la crítica especializada coincide en que la selección no ha sido la “bomba”. Esperemos que al menos Wim Wenders y compañía acierten en premiar lo premiable, que no es tanto.
La Mostra se acaba. Ayer se proyectó la última película de esta 65 edición del Festival de Cine de Venecia. La elegida para cerrar el cartel fue el último trabajo de Darren Aronofsky, The Wrestler. Con un bestial Mickey Rourke en el papel protagonista -ningún actor lo habría hecho mejor, aunque cierto es que parece que los papeles más salvajes se perfilan pensando en él-, cuenta la historia de una estrella del “wrestling” venida a menos, que vive hasta el último momento del calor que le proporcionan sus fans, en sus últimos años como una vieja gloria.
El director resta importancia a los combates y profundiza en los aspectos psicológicos del protagonista fuera del ring (algo que hace que The Wrestler no sea una película más de puñetazos y roturas de nariz); en su soledad, en sus conflictos personales, en su decadencia o en su orgullo. Aronofsky describe también los abusos del público, ávido de emociones fuertes, que exige al deportista entretenimiento, sin pensar que se trata de una persona.
El médico advierte al gran Randy Robinson, apodado “The Ram” (el ariete), que debe dejarse de asaltos y sobresaltos si quiere mantener su delicado corazón en su sitio; en su breve retirada, el agotado “wrestler” tratará de enderezar su frágil situación familiar. Acude a la hija a la que abandonó años atrás (Evan Rachel Wood), y trata de buscar cobijo en una talluda bailarina de streaptease (Marisa Tomei) que le da con la puerta en las narices. Incapaz de cambiar el pasado, su única salida es volver al ring, a pesar de los riesgos que conlleva.
El autor del film de culto Réquiem por un sueño, conocido por sus extrañas piruetas con la cámara a la hora de querer diferenciarse del resto de cineastas de su tiempo, decidió, por fin, rodar al estilo clásico y dejar como resultado un título claro y holgadamente acertado.
El regusto amargo de la jornada anterior remitió, afortunadamente, para que uno abandone la Mostra recordando sólo las buenas películas que han pasado por las salas del Lido.
Ahora la decisión del reparto de premios está en las manos del jurado, presidido por Wim Wenders (París, Texas, El cielo sobre Berlín), que decidirá cuáles de los 21 filmes a competición merecen los galardones. Y si de hacer cábalas se trata, pienso que el León de Oro debería recaer sobre Teza, aunque mi pronóstico es que se llevará la estatuilla dorada la animada Ponyo on the Cliff by the Sea.
