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Segundas partes alguna vez fueron buenas

Es un hecho. Hollywood ha sucumbido a la fiebre de las secuelas, sagas, franquicias y remakes. Y es que las películas cuestan cada vez más dinero.

Segundas partes alguna vez fueron buenas

Siendo así las cosas, los productores sueñan con ‘la gallina de los huevos de oro’, un título que sea fuente de la que manen otros muchos, que el público irá a ver, gozoso por el buen sabor de boca que dejó el film original. Nada que objetar –hasta cierto punto–, siempre que… se hagan buenas películas. Tan sencillo –y tan difícil– como eso.

Hacer segundas, terceras y cuartas partes comporta un riesgo. El espectador alberga unas lógicas expectativas, que deberían ser satisfechas en los nuevos filmes. Con mayor motivo si el film iniciador de una saga fue un éxito rotundo, que sorprendió por la originalidad de su historia, los personajes, etc. Y por aquí empieza el problema. Pues los cineastas temen desviarse demasiado de la fórmula que funcionó. Y una mentalidad conservadora puede conducir a dar ‘más de lo mismo’, a lanzarse del trampolín, no con triple salto mortal, sino con triple red protectora. Se trata de un gran error, que no puede arrancar más que bostezos entre el público, que tendrá ante sus ojos una historia previsible.

Una nueva entrega de una saga ofrece una ventaja que cualquier guionista debería saber aprovechar: los personajes son ya conocidos, no se parte de cero, hay más posibilidades de ahondar en su carácter, sus debilidades y puntos fuertes. De Peter Parker ya sabemos por el primer film de Spider-Man que es un chico tímido, al que le cuesta conciliar su vida normal con el ejercicio de sus superpoderes. Cabe pues avanzar, y así lo hace el guión de Alvin Sargent de la segunda entrega. La historia insiste en la pesada carga del superhéroe y en la tentación de creer que el talento arácnido tiene la culpa de las dificultades pecuniarias, los empleos precarios, la incapacidad para confesar el amor que siente por Mary Jane Watson: con la solución de tapar un roto, esa vida ordinaria que no va, con el descosido de colgar las mallas de hombre araña. La clave de las sagas es aportar algo nuevo, pero sin caer en el error de reinventarlas, hasta hacerlas irreconocibles. Así, un gran acierto de Spider-Man 2 es entregar un villano más humano, con el que Parker había hecho muy buenas migas; precisamente la conversión del científico en malvado enloquecido, en una de las intervenciones de Spider-Man, apuntala el convencimiento de éste de que él no sirve para superhéroe.

En Shrek 2 el error habría sido convertir el film en una mera acumulación de gags, en la misma línea que su antecesor. Pero lo cierto es que el equipo de guionistas contaba con un buen arranque, apuntado en la primera entrega, que habría sido difícil estropear: presentar la reacción de los padres de la princesa Fiona ante su ‘guapo’ yerno Shrek, y el aspecto que presenta su hija. Jugar con personajes de cuento permite tirar abajo otra vez los convencionalismos, singularmente el hada madrina, que desempeña el papel que en un cuento tradicional habría correspondido a una bruja o a la madrastra (no en vano, es una madre posesiva, que quiere colocar a su hijo, el príncipe encantador).

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