Decine21

Reportajes

Cannes 2010, Día 10: Arrecia la polémica con "Hors-la-loi"

Hors-la-loi del francoargelino Rachid Bouchareb es sin duda la película más polémica del 63 Festival de Cannes. El periódico de la región Niza-Matin titulaba esta mañana a toda página “La película que molesta a los inmigrantes de Argelia. Pero quizá no solamente a ellos...

Cannes 2010, Día 10: Arrecia la polémica con "Hors-la-loi"

En realidad Rachid Bouchareb, que había venido a Cannes en 2006 con Days of Glory –premio de interpretación masculina colectivo–, continúa en Hors-la-loi la historia comenzada en la película anterior. Ésta trataba de los combatientes de origen árabe del Norte de África que habían participado en la guerra. La película terminaba con la victoria sobre el nazismo. No se contaba, sin embargo, el episodio de Sétif de 1945; la represión de una manifestación en Argelia, que en la euforia del triunfo aliado, reclamaba la independencia de Argelia.

La historia continúa

Bouchareb retoma así el hilo de su historia, siempre centrada en tres hermanos: Abdelkader (Sami Bouajila), Said (Jamel Debbouze) y Messaoud (Roschdy Zem), comenzando en los años 20, cuando la familia es desposeída de su tierra con ayuda de los jefes árabes locales. Sin embargo son los acontecimientos de Sétif, el 8 de mayo de 1945, los que provocan la polémica, que no pretenderemos resolver aquí. Es cierto que la manifestación degeneraba, y que un joven que enarbolaba una bandera argelina, era mortalmente herido, la Policía y el Ejército intervenían, y los muertos se multiplicaban, también en el campo de los colonos franceses, que contaroan un centenar de muertos. Todo el problema está en saber quién había desencadenado la primera acción represiva que dio pie a las masacres en los dos campos. Naturalmente Bouchareb da su versión de los hechos, poniendo de relieve algo indudable: Sétif es el símbolo del comienzo de la guerra de Argelia.

En realidad este episodio solo ocupa unos minutos en una película que dura 2h 17. Con todo, la política no estará ausente, la cosa era inevitable si se quería seguir la saga familiar de los tres personajes de la primera película ,ligados a destinos diversos.  Abdelkader se convierte en el responsable del Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino, Said hace su fortuna en las salas de fiestas de Pigalle, Messaoud, después de formar parte del ejército francés en Indochina, vuelve a Francia y hace un poco de intermediario entre su madre y sus dos hermanos.

De los tres destinos que la película sigue, el de Abdelkader es el más comprometido. Se denuncian los métodos radicales del FLN, que bajo la amenaza y el crimen trata de obtener la adhesión de los argelinos en Francia, a finales de los años cincuenta muy numerosos.

No es fácil liberarse en Francia del peso de la historia ,y por ello un juicio cinematográfico estará siempre contaminado por la apreciación política. Es necesario, sin embargo apuntar que Hors-la-loi es un gran fresco humano e histórico, que se inspira más en el cine americano que en el francés. Si Days of Glory se interesaba por la anécdota de la convivencia de los magrebíes dentro del Ejercito francés, Hors-la-loi recuerda a las películas de gángsteres, con sus chantajes, traiciones y arreglo de cuentas, que terminan a menudo en un baño de sangre. Las historias de amor son apenas esbozadas, por el contrario son los lazos de fraternidad los que constituyen el eje dramático de la película.

En ruta con Ken Loach

Incluida a última hora en la competición, Route Irish de Ken Loach ha sido difícil de ver a causa de la necesidad de programar las cinco horas y media de Carlos. Pero en fin, la película tenía ayer los honores de la Sala Lumière y una ‘soirée’ casi normal.

Es bien sabido que Ken Loach, después de una comedia ligera –Buscando a Eric, sobre una idea de Eric Cantona– deseaba volver a un tema dramático. Y no solo dramático, sino fuertemente comprometido. La tentación de ocuparse de la guerra en Irak era fuerte, tanto para Loach como para su guionista obligado, Paul Laverty. Difícil, sin embargo tratar la guerra de frente después de la serie de fracasos económicos que el tema produce. Por ello era preciso encontrar la tangente. Y esta es la de las Fuerzas de Seguridad, milicia de carácter privado, con salarios sustanciosos, que colaboran con el Ejército y que gozarían además de la misma protección jurídica que éste por sus acciones represivas.

La base dramática de la película se articula sobre el enrolamiento de dos amigos de la infancia (Fergus y Frankie) en estas Fuerzas de seguridad. La acción transcurre en Liverpool, donde es repatriado el cadáver de Frankie, y todo gira en torno a la acción – discutible evidentemente – en la que éste ha perdido la vida. El relato se monta así sobre las imágenes de un teléfono móvil que van descubriendo los sucesos del pasado con los inevitables flash-backs. El sistema es hábil y evita además la reconstrucción minuciosa de acciones de guerra.

La interpretación de Mark Womack es excelente, y la película transmite los sinceros afectos de una amistad que se remonta a la infancia. Ken Loach es menos convincente cuando nos quiere mostrar las Fuerzas Privadas de Seguridad como una simple banda de criminales, protegidos por el poder de la presencia americana. No es la primera vez, recordemos Agenda oculta (1990), en la que Loach transforma una película en panfleto político.

Una historia de fantasmas

Es raro que en el siglo XXI un director de cine, presente en el Primer Festival del mundo, afirme que cree en la “trasnmigración de las almas entre hombres, plantas, animales y fantasmas.”. Éste es el caso del director tailandés Apichatpong Weerasethakul, que se ha convertido en un habitual de Cannes, quizá porque es bueno mostrar la apertura universal del certamen. Partiendo de estas ideas no es extraño el título de la película, El tío Boomee que recuerda varias vidas pasadas. Tailandia, Gran Bretaña, Francia, Alemania y España participan en la producción de esta película, rodada con una mezcla de actores y no profesionales.

Cuenta la historia de un hombre, que sintiéndose próximo a la muerte, va a su casa de campo, donde aparecen los fantasmas de su esposa y su hijo, este último con la apariencia de un mono. Todo ello transcurre en secuencias interminables, de las que es difícil extraer alguna conclusión. Seguramente cuando se es tailandés y cuando se tiene una cierta familiaridad con la espiritualidad de este país es más fácil plegarse al ritual incierto que la película propone. Por el momento Tailandia esta lejos, y los acontecimientos que tienen lugar y que llegan a Occidente son de otro orden. No es extraño pues que una parte de los espectadores abandonen la sala. Triste espectáculo en un Festival de Cine.

Lo último del mundo del cine

Últimos tráilers oficiales

¡Hola, soy Hal21, tu androide experto en películas!
HAL21 Chatbot