A algunos directores el éxito les ha pesado en su filmografía posterior como una losa. A pesar de los Oscar, se diría que James Cameron se ‘hundió’
A algunos directores el éxito les ha pesado en su filmografía posterior como una losa. A pesar de los Oscar, se diría que James Cameron se ‘hundió’ con su Titanic, pues allí, en el fondo del mar junto al mítico barco, se ha quedado tantos años. Algo parecido le ocurrió a Jonathan Demme, cuyos corderos no han dejado de chillar, a tenor de su discreto cine posterior a la oscarizada El silencio de los corderos. Pero se diría que se ha resarcido con su documental Neil Young: Heart of Gold, visto en Zabaltegi. Su retrato del cantante con motivo del concierto en que promociona su último disco es una joya, las canciones alcanzan una resonancia enorme por lo que se dice al principio del film: Young padece un aneurisma cerebral, del que va a ser operado a los pocos días.
