No es la primera vez que ocurre. En 2000, la mejor película española que se vio en San Sebastián fue El Bola , de Achero Mañas . Y no iba a concurso,
No es la primera vez que ocurre. En 2000, la mejor película española que se vio en San Sebastián fue El Bola, de Achero Mañas. Y no iba a concurso, sino que se presentaba en la sección Zabaltegi. El caso es que el film fue toda una sorpresa, y ganó aquel año el Goya a la mejor película. También en 2003 la sorpresa más agradable del cine español en el Festival se encontró en Zabaltegi; me refiero a La flaqueza del bolchevique, de Manuel Martín Cuenca, una buena adaptación de la novela de Lorenzo Silva. Ahora, en 2006, me encuentro con un film notable, 53 días de invierno, superior a los tres títulos españoles a concurso, Vete de mí, Lo que sé de Lola y Las vidas de Celia. Las tres historias que componen la película de la catalana Judith Colell –una profesora de instituto que vive sola y se compadece de una vecina anciana; la joven estudiante de violín cuyos padres se han separado y que tiene un romance con su profesor; el guardia de seguridad de un centro comercial, que sufre para sacar a su familia adelante– hablan con hondura y cierta carga pesimista de una sociedad enferma de soledad, donde cada vez falta más la necesaria preocupación por los demás.
