El Japón y España comparten la jornada de películas en competición en un Festival que se acelera a marchas forzadas hasta el fin de semana, pues el sábado será el último día de proyecciones competitivas. Sólo media docena de películas destacan, a la que ha venido a unirse ayer la Melancholie de Lars Von Trier. Hoy ni Takashi Miike ni Pedro Almodóvar parecen ser –en principio, pues siempre puede haber sorpresas–, candidatos serios a la Palma de Oro.
Cuando llegó a Cannes como jurado en 1992, Pedro Almodóvar venía acompañado de su reputación de iconoclasta. Fue preciso sin embargo esperar a 1999 para que Todo sobre mi madre entrara en competición y le diera su primera desilusión, pues la Palma de Oro que muchos le vaticinaban, se le escapaba. Sin embargo esta película le aseguraba una “abono” al Festival puesto que desde 2004, con La mala educación, todas sus películas que estaban listas a tiempo han figurado en la selección oficial. Pero siempre se le ha resistido la Palma de Oro, y ello aunque su nombre o el de sus intérpretes encontraran siempre un lugar en el Palmarés. No me parece que esta año vaya a ser la excepción a la regla.
Es cierto que Almodóvar se renueva. Lo prueba con La piel que habito, que conservara en Francia su título español, y que es su primera película de terror. Sobre este punto son importantes sus precisiones en la rueda de prensa, que ha seguido la presentación de la película. El director manchego admite que su película aborda un nuevo género, pero rechaza la idea del terror “gore”, con exceso de hemoglobina, él prefiere el suspense. Ciertamente el” cine de género” le abre nuevas posibilidades, pero todo ha sido arreglado para ser servido con su propia salsa, así de la novela de Thierry Jonquet que inspira el guión, solo ha conservado ciertos elementos, como la idea de la venganza. Nos ha revelado también que la familia de psicópatas que muestra –un doctor que trabaja en la cirugía estética y que trata de fabricar carne humana, su madre, su hermano–, vienen del Brasil, y ello porque ha querido que estos personajes escaparan de un contexto, la educación en el pecado y del castigo, que ha sido la suya. Este origen les proporciona una dimensión monstruosa que va más allá de toda limitación moral. Y naturalmente Almodovar ha insistido en que no se identificaba con su doctor criminal, y ello aunque todo director de cine puede atribuirse una dimensión creadora.
Viendo la película es evidente que la fuente más directa de inspiración de Almodóvar es un clásico del cine-fantástico horrífico francés, Los ojos sin rostro, de Georges Franju, interpretado por Claude Brasseur , Alida Valli y Edith Scob. Allí teníamos a un médico que pretendía reconstruir el rostro desfigurado de su hija a causa de un incendio. Almodóvar ha precisado que esta película había estado presente a todo lo largo de la preparación del guión y durante el rodaje, pero es cierto que la trama deriva en su segunda parte en otra dirección, que es más coherente con el mundo de Almodóvar, que ya nos ha habituado a la confusión de los sexos. El resultado es, como siempre en Almodóvar, brillante, aunque el punto de partida sea confuso, y aunque la conclusión no resulte demasiado convincente, salvo en el terreno de la venganza ejecutada.
El tema de Frankenstein ha sido también evocado, Así el paso de un personaje masculino transformado por la ciencia en femenino, es presentado en la historia como un desafío que será el instrumento de una venganza, aunque no conduzca después a una verdadera conclusión. Todo ello ha permitido tanto a Pedro Almodóvar como a Antonio Banderas evocar los progresos de la ciencia que “serán siempre necesarios”, ha dicho Almodóvar, “pero que nos conducen al borde de un abismo que asoma a lo desconocido”.
