Al principio estábamos emocionados con las películas de superhéroes, pero ahora sólo vemos tipos en mallas en nuestras pesadillas.
Flash se ha hundido en taquilla al recaudar menos que Black Adam durante el fin de semana del estreno, ya que ha cosechado a nivel mundial 185 millones de dólares, muy por debajo de lo esperado. Más de uno está empezando a pensar que en vista de la calidad de estas dos cintas, y de la inenarrable Shazam! La furia de los dioses… ¿Cómo debía ser de mala Batgirl para que decidieran no estrenarla?
Podemos hablar ya oficialmente de fatiga de las películas de superhéroes. La situación se ha vuelto tan grave que los críticos de cine estamos empezando a clasificar las películas de superhéroes por su grado de originalidad. En algunas escribimos "El mismo superhéroe de siempre, pero con un traje ligeramente diferente" y otras se catalogan como "El superhéroe que nadie había oído hablar, pero que resulta ser casi idéntico a otro superhéroe popular".
Sería impensable hace unos pocos años que Chris Hemsworth se atreviera a confesar que Thor: Love and Thunder le había parecido simplona (y eso que aquella cinta sí que dio dinero). Tenía toda la razón, pues en aquel despropósito Russell Crowe vestido con un ridículo tutú interpretando a Zeus señalaba la decadencia de este tipo de cine. Pero sobre todo se nota el cansancio porque si ahora Martin Scorsese volviera a declarar que odia las películas de superhéroes, la gente ya no se indignaría tanto. En estos momentos se ha dejado de masacrar en redes sociales a los críticos cuando despotrican contra el último estreno de Marvel o DC. Se da la paradoja de que hasta... ¡se les da la razón! Por una vez, la crítica está en sintonía con la audiencia, algo pocas veces visto.
No me extrañaría que en poco tiempo las masas agotadas salieran a las calles para exigir una tregua de las películas de superhéroes que inundan las pantallas de cine. Bajo el lema "¡Necesitamos una película normal!", los manifestantes expresarán su deseo de ver algo más en el cine que no involucre capas, máscaras y músculos sobredimensionados. "¡Ya es suficiente!", gritaría algún manifestante con lágrimas de desesperación en los ojos. "No podemos seguir soportando las secuelas, los reboots y las precuelas de los mismos superhéroes una y otra vez. ¡Queremos ver historias diferentes! ¡Queremos personajes que no sean inmortales ni tengan la capacidad de volar por los aires!".
Deberíamos imponer por ley un límite en la cantidad de películas de superhéroes que pueden estrenarse en un año, así como una cuota obligatoria de películas originales y emocionantes que no involucren a seres superpoderosos. Entiendo que puede surgir algún cineasta bueno que aporte todavía alguna cosa interesante, pero en este momento la cosa está muy malita.
