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Biografía

Russell Crowe

Russell Crowe

56 años

Russell Crowe

Nació el 07 de Abril de 1964 en Wellington, North Island, Nueva Zelanda

Premios: 1 Oscar

Fuerza y honor

01 Febrero 2006

Es un actor serio como pocos. Odia la falsedad y guardar las apariencias. Y tiene muy claro que no quiere hacer el ridículo: cada uno de sus papeles es un ejemplo de hondura y autenticidad. Quizá sea el actor más completo de los últimos años.

De un tiempo a esta parte todo lo que toca es oro. Recientemente ha triunfado en la piel del boxeador Jim Braddock, repartiendo directos y uppercuts en pro del sueño americano. También ha tenido algún que otro encontronazo con la justicia, pero es que si hay algo que Crowe no soporta es el frívolo famoseo, el acoso de los "paparazzi" y toda la tontuna que rodea a las estrellas. Da una imagen de tipo normal y corriente (un poco chulo, es cierto), enamorado del rock, amigo de sus amigos y sobre todo con una vida que se antoja plena al margen de las películas. Casado desde 2003 con la actriz y cantante Danielle Spencer, con quien espera su segundo hijo, vive feliz allá en su querido rancho australiano de 225 hectáreas, al noroeste de Sydney. “Me mudaría a Los Ángeles si Australia y Nueva Zelanda fueran tragadas por una enorme ola gigante, si hubiera una peste bubónica en Europa, y si todo el continente africano desapareciera por algún ataque marciano”. Eso es lo que se llama abominar del ambientillo pachanguero y palmeril de Beverly Hills.

Russell Ira Crowe nació en Wellington (Nueva Zelanda) el 7 de abril de 1964, pero con tan sólo cuatro años marchó a Australia con su familia. Hoy se siente tan australiano como neozelandés y ha solicitado varias veces la nacionalidad “aussie”. Su abuelo emigró desde Wales y él afirma que tiene ancestros irlandeses, noruegos y maoríes. Desde pequeño estuvo en contacto con el mundo del cine, ya que sus padres, Jocelyn y Alex, eran dueños de una compañía de catering para rodajes de películas. A los seis años el joven Rusty se puso frente a una cámara de televisión y más tarde, ya a los 14, fundó el grupo de rock 30 Odd Foot of Grunt. Comenzó a estudiar interpretación en el National Institute for Dramatics Arts de Sydney, pero tuvo que desistir al quedar su padre sin trabajo y tener que sacarse las habichuelas en trabajillos de poca monta. Y así hasta que decidió que iba a ser actor, pues “más valía estrellarse que deslizarse cuesta abajo”, según sus palabras.

A los veinticinco años hizo su debut en la serie de televisión Living with the Law (1988) y dos años más tarde entró en el cine gracias a la bélica Juramento de sangre. Ese mismo año conocería, en el drama The Crossing, a quien 13 años más tarde se convertiría en la Sra. Crowe, la actriz Danielle Spencer. Además, por ese film recibió la primera nominación de su carrera por parte del Australian Film Institute (AFI), premio que ganó finalmente en 1991 y 1992, con las notables Proof y Romper Stomper. En los dos años siguientes destacaron sus trabajos en Tensa espera (1993) y en el drama familiar Nosotros dos (1994). Pero fue gracias a su papel de Hando por el que entró en Hollywood. Resulta que la por entonces sex symbol Sharon Stone quedó encandilada de él cuando vio Romper Stomper y ofreció a Crowe un papel importante en Rápida y mortal (1995), western de Sam Raimi que producía y protagonizaba la actriz. Y el aussie pasó con nota el examen yanqui. Luego, tras las mediocres Virtuosity y Hechizo en la ruta maya, espació más sus trabajos y dieron comienzo los grandes papeles de este monstruo de la interpretación. Su composición de Bud White en L.A. Confidential (1997) es verdaderamente descomunal, tanto como la que hizo del sufrido Jeffrey Wigand en El dilema (1999), por la cual fue nominado al Oscar. No ganó la estatuilla, sin embargo, hasta convertirse en el heroico Maximus Decimus Meridius de Gladiator (2000), un tipo de personaje que no recibía desde hacía mucho tiempo el respeto de la crítica y del público. Más tarde, tras Prueba de vida, volvió a dar muestras de su extraordinaria versatilidad como el matemático John Nash en Una mente maravillosa (2001), con nueva nominación al Oscar. Su regresó a la épica tuvo lugar en la fantástica aventura naval Master and Commander (2003), dirigida con maestría por el australiano Peter Weir, y de la mano de Ron Howard en la reciente Cinderella Man (2005). Actualmente tiene por estrenar A Good Year, drama que tiene lugar en la campiña vitícola francesa y que ha dirigido Ridley Scott. Por lo demás, su carrera musical ha fructificado en tres álbumes que, al contrario que su cine, no ha tenido mucha respuesta del público. Pero a él no parece importarle y sigue dedicando canciones a sus amigos, entre ellos a Jodie Foster o al fallecido Richard Harris. Entretanto, prosigue poco a poco sumando papelones, con las ideas muy claras: “Hay tres tipos de películas: las que te importan y están dirigidas por un director con quien deseas trabajar; las que haces por razones políticas -los actores tienen pedigrí y hay un gran equipo; y las que son descomunales, por las que te ofrecen tanto dinero que ni te lo piensas un segundo. Lo que sucede, es que no estoy interesado en las categoría segunda y tercera”.

Oscar
2001

Ganador de 1 premio

Filmografía
Unhinged

2020 | Unhinged

Rachel llega tarde al trabajo. Para colmo de males tiene un altercado en un semáforo con un extraño cuya vida lo ha dejado sintiéndose impotente e invisible. Pronto, Rachel se encuentra con que ella y todos sus seres queridos se convierten en el blanco de un hombre que ha decidido dejar una última marca en el mundo, enseñándole a ella una serie de lecciones mortales. Lo que sigue es un peligroso juego del ratón y el gato que prueba cómo nunca se sabe lo cerca que puedes estar de alguien a punto de desquiciarse.

La voz más alta

2019 | The Loudest Voice | Serie TV

Biografía del controvertido Roger Ailes, estratega de Nixon y Reagan, y presidente de Fox News, que poco antes de su muerte fue demandado judicialmente por Gretchen Carlson, una de las presentadoras estrella de la cadena, por acoso sexual. Comienza mostrando su fallecimiento, en 2017, por hematoma subdural, para después viajar al momento en el que el magnate Rupert Murdoch le recluta para lanzar una cadena informativa por cable. Tom McCarthy, que ya retrató los medios de comunicación en Spotlight, ha concebido junto al guionista y productor Alex Metcalf, artífice de Heridas abiertas, una miniserie para Showtime que adapta el libro del periodista Gabriel Sherman. Este profesional siguió tan de cerca al personaje que aparece, encarnado por Frank Kranz. Los guiones parecen haberse inspirado en el excelente trabajo del gurú Aaron Sorkin para Steve Jobs, donde no se recogía todo el periplo del fundador de Apple, sino tres momentos significativos. De forma similar, cada uno de los siete capítulos reconstruye uno de los años más importantes para el protagonista, comenzando en 1995, en los albores de Fox News. Se nota el posicionamiento ideológico de sus creadores, tendentes a la izquierda, pues se ofrece la sensación de que sólo las compañías conservadoras manipulan sus informativos, pretenden influir en las elecciones, etc. Y se demoniza a Ailes pero se deja fuera de las críticas a la familia Murdoch. Pese a todo, esta producción se distingue por una puesta en escena impecable, se reconstruyen con esmero los hechos, y se genera la suficiente intriga como para que acaben pegados a la pantalla incluso los menos interesados por los entresijos de las cadenas estadounidenses. Se hace hincapié en su faceta de depredador sexual, en ese sentido brillan secuencias como la entrevista a una aspirante a presentadora. Pero también se abordan otros asuntos, como sus decisiones para explotar el morbo durante los atentados del 11-S, o su animadversión hacia Barack Obama. Pese a que se le pinta como un tipo despiadado, egoísta y misógino, al menos se concede a Roger Ailes una enorme astucia para los negocios, decidió dirigir con gran acierto su cadena al público conservador que sentía que los demás medios estaban muy sesgados a favor del Partido Demócrata, y no informarles sino "hacerles sentir informados" (llega a asegurar en un episodio que crea las noticias). Muy caracterizado, Russell Crowe realiza un gran trabajo, se diría que el mejor desde los tiempos de American Gangster o Cinderella Man, componiendo a un titiritero que utiliza a los demás a su antojo, pero al que le sobra carisma. En el extenso e impagable reparto destaca Naomi Watts como la citada Carlson.

7/10
La verdadera historia de la banda de Kelly

2019 | The True History of the Kelly Gang

Enfrentado contra las tierras baldías de la Australia colonial, donde los ingleses dominan con un puño sangriento y los irlandeses perduran, Ned Kelly (George MacKay) descubre que proviene de una línea de rebeldes irlandeses llamados Sons of Sieve, un implacable ejército de bandidos cruzados inmortalizados para aterrorizando a sus opresores en Irlanda. Alimentado por el famoso luchador Harry Power (Russell Crowe) y alimentado por el injusto arresto de su madre, Ned Kelly recluta a un grupo salvaje de guerreros para planear uno de los ataques más audaces de anarquía y rebelión que el país haya visto.

Identidad borrada

2018 | Boy Erased

Película basada en hechos reales, plasmados en las memorias de su protagonista, Garrard Conley. Sigue la peripecia de Garrard, hijo único de un pastor baptista en un pueblo de Arkansas, que con apenas 18 años tiene inclinaciones homosexuales, le gustan los hombres. Confuso por dentro, también por sus creencias religiosas y por temor a disgustar a sus padres, Marshall y Nancy, no cuenta a nadie sus sentimientos; y estando en la universidad sufrirá una violación de otro estudiante, con el que había trabado amistad. Sincerándose más tarde en casa, acepta el camino que le marca su padre, seguir el programa del centro de terapia “Amor en Acción”, que se supone que enderezará su tendencia homosexual, y que dirige con mano de hierro Victor Sykes. Joel Edgerton escribe, dirige y coproduce Identidad borrada, reservándose el papel más incómodo a priori, el de Sykes, con la intención de evitar los reduccionismos que podrían convertirlo en un villano de opereta. Porque la idea del cineasta, según él mismo ha explicado, es la de humanizar a todos los personajes, y entender los diversos puntos de vista, ya que se supone que cada uno a su manera, con mayor o menor tino, busca el bien de quien se supone que debe ser curado. Lo que no impide que su intención didáctica sea bastante evidente, la de condenar las llamadas “terapias de conversión” de las tendencias homosexuales, que harían un enorme daño psíquico, e incluso podrían incitar al suicidio; con un enfoque prevalente de persuadir a los espectadores cercanos a la perspectiva de los padres del protagonista, que presentarían una fe cristiana y una cultura algo rudimentarias, la primera pegada a la literalidad de la Biblia. Es evidente que se describe un caso concreto, y que en el contexto de personas con sensibilidad religiosa y antropológica particulares, pueden producirse reacciones de todos los tipos, incluida la descrita en el film. Por otro lado, los tiempos han cambiado bastante desde los tiempos no tan lejanos en que agrupaciones profesionales, como la Asociación de Psiquiatría Americana, describían la homosexualidad como una enfermedad. En ese contexto cualquier terapia que busque una modificación de conducta no es aceptable en las modernas sociedades contemporáneas, menos con la presión del muy activo lobby LGBTQ. Lo que no deja de ser paradójico cuando al mismo tiempo se habla de identidad de género, y de la libertad que cualquier persona tendría para construirse dicha identidad. Pero más allá de estas consideraciones socioculturales, en el film llama la atención la completa ausencia de amor en un programa que se autodenomina “Amor en Acción”, pues se actúa con rigidez y modos de robot, siguiendo normas de manual, y nunca atendiendo las necesidades del individuo concreto, no parece que existan personas. También la fe ciega con la que los padres de Garrard entregan a su hijo a los cuidados de unos desconocidos, por muy aconsejados que estén por supuestos hombres sabios de su congregación. Por eso algunas reacciones, como la de Nancy reprochando a Sykes que seguramente no tiene ni siquiera un título de psicólogo, resultan chocantes. Y al fin, el objetivo de humanizar el relato fracasa parcialmente, hay algo de desequilibrio creciente en el doble relato paralelo, el chico en el centro, y los hechos que le han llevado hasta ahí, hasta cierto momento climático, no demasiado bien resuelto. El film, filmado con corrección, tiene la buena intención de invitar a la comprensión entre las personas; aunque vean las cosas de modo distinto, el amor debería prevalecer sobre la condena y el rechazo tajantes, unos padres deberían querer y ayudar a su hijo homosexual, respetando sus decisiones aunque no las compartan, y éste no debería romper los lazos con ellos, aunque piense que no han sabido echarle una mano cuando la necesitaba. En este sentido hay un gran esfuerzo actoral para dibujar esas relaciones paternofiliales, Russell Crowe y Nicole Kidman con Lucas Hedges, éste repitiendo el rol de joven estrechamente unido a su madre, después de trabajar con Julia Roberts en El regreso de Ben.

5/10
La momia (The Mummy)

2017 | The Mummy

El caradura Nick Morton, miembro de los Navy Seal, aprovecha su destino en Irak, en teoría con el objetivo de localizar terroristas, para robar tesoros que puedan garantizarle un buen dinero en el mercado negro, con ayuda de su buen amigo, el sargento Vail. Acaba descubriendo con la arqueóloga Jenny Halsey una tumba ancestral que a pesar de su localización, parece egipcia. Corresponde a Ahmanet, una mujer embalsamada viva, que tiene la capacidad sobrenatural de volver a la vida. Universal se ha planteado resucitar a los míticos monstruos con los que el estudio aterrorizó a los espectadores en los años 30. La idea consiste en entrecruzar filmes, en el llamado Dark Universe, mera imitación de la fórmula que tan buenos resultados le ha dado a Walt Disney con los personajes de Marvel, y que también se esfuerza en trazar Warner con los de DC. Al fin y al cabo el estudio ya fue pionero en mezclar a sus personajes, en títulos como Frankenstein y el hombre lobo y La zíngara y los monstruos. En un principio iba a formar parte de la saga Drácula, la leyenda jamás contada, pero finalmente ha quedado descartada, por lo que La momia sería la primera entrega. Revisa el viejo mito que dio lugar al film de Karl Freund, de 1932, posteriormente revisada por Stephen Sommers en 1999, que aportaba modernos efectos especiales, secuencias de aventura que bebían de Indiana Jones, y mucho humor. Aquí se intenta recuperar todo eso, pero con una ambientación oscura. Supone el segundo trabajo como realizador del veterano productor y guionista Alex Kurtzman, que no consigue ni de lejos el ritmo, la socarronería y la eficacia del film de Sommers. Puede servir como entretenimiento menor, al tratarse de un trabajo técnicamente impecable, con grandes estrellas. Pero adolece de notables defectos, sobre todo que parte de un libreto apresurado, que hasta roba sin demasiada gracia de varias fuentes, al incluir, por ejemplo, al amigo muerto sarcástico de Un hombre lobo americano en Londres. De realización rutinaria, pues no incluye ninguna secuencia mínimamente memorable o fresca, que se recuerde al día siguiente del visionado, resulta significativa la falta de química entre Tom Cruise y su coprotagonista Annabelle Wallis; quizás ninguno de los dos acaba de creerse a sus personajes. El plantel de secundarios, entre los que se encuentra Russell Crowe, tampoco ha trabajado mucho para dar personalidad a los suyos. Por su parte, Sofia Boutella compone a una antagonista bastante plana, por sí misma insuficiente para crear tensión, y que desilusionará sobre todo a quienes conozcan los trabajos de Boris Karloff y Arnold Vosloo, que precisamente justificaban muy bien a sus villanos.  

5/10
Dos buenos tipos

2016 | The Nice Guys

En los finales de los 70, suman fuerzas como inusual pareja investigadora en Los Ángeles, un detective sin placa y otro con placa, el segundo con una hija adolescente. El aparente suicidio de una actriz de cine porno, que habría estrellado su propio coche contra una casa, es el primer eslabón de una serie de muertes relacionadas con la película que ella estaba rodando. Shane Black empezó como guionista de películas policíacas un tanto inusuales, a pesar de plegarse a algunas convenciones del género, como en Arma letal, donde teníamos a un par de agentes de personalidad contrapuesta. Tramas como las de El último boy scout o El último gran héroe trataban de ser comerciales siendo al tiempo algo diferentes. Lo mismo le ocurrió cuando debutó como director en Kiss Kiss Bang Bang, y ahora con Dos buenos tipos. Pues estamos ante una hilarante comedia de acción, muy bruta y alocada, que desafía los encasillamientos, las apariencias engañan en una narración que destila ironía. Aunque vayan avanzando en su investigación, Healy y March se muestan bastante torpes, y las cosas les van saliendo bien porque ellos son los buenos y así lo exige coherentemente el guión. Abundan los gags y los diálogos trabajados, huyendo de lo políticamente correcto, ahí tenemos a una adolescente de sonrisa encantadora, inmersa en una sórdida trama, o a los protagonistas fumando, bebiendo y matando, no es que sean precisamente unos personajes modélicos. Black recrea un ambiente setentero hortera, que en el cine se caracterizó muchas veces por una violencia seca y una ambientación cutre, con muchas escenas de desnudos gratuitos. Ello con un tono festivo e iconoclasta, tal vez podríamos hablar de la versión “elegante”, por así decir, y salvando todas las distancias que uno quiera, del mismísimo Torrente. Y en tal tesitura parecen pasárselo en grande Ryan Gosling y Russell Crowe. 

6/10
De padres a hijas

2015 | Fathers and Daughters

De padres a hijas se desarrolla en dos tiempos paralelos. En los 80, el novelista Jake Davis sobrevive a un accidente de coche en el que fallece su esposa. Como consecuencia, sufre un brote psicótico que no le hará desistir de cuidar a Katie, su hija de cinco años, a la que apoda "Patatita". El otro hilo argumental tiene lugar en el presente, cuando esta última se ha convertido en asistente social, que trata de ayudar a una pequeña huérfana, lo que parece ir sobre ruedas, a pesar de que ella misma tiene que lidiar con la adicción al sexo generada por lo que vivió cuando era niña. Gabriele Muccino reincide en la historia de un padre que con tesón trata de sacar adelante a su vástago, aquí una hija, lidiando con los problemas en solitario, tras la memorable En busca de la felicidad. En esta ocasión no encuentra tanta frescura ni alborozo, pues se notan los resortes melodramáticos que deben conducir a la lágrima. Como le pasa en la ficción al protagonista, en un momento de la trama en el que escribe un libro malo con frases como "los tulipanes son bellos, por ahora", corre a veces el peligro de que la tensión dramática se convierta en cursilería barata. Aún así, el italiano rueda con fluidez, imprime cierta elegancia a los puntos más sórdidos del relato, consigue transmitir la fuerza del amor paterno-filial, y explora bien la idea de que todo lo que sucede en la infancia, bueno o malo, tiene después repercusiones en la edad adulta. A Russell Crowe le han confiado uno de esos personajes con incapacidad, en este caso una patología, que suelen tener tirón de cara al Oscar, al estilo de Una mente maravillosa, por la que recibió una candidatura. Aunque el australiano cumple con profesionalidad, no está tan bien como cuando le toca una interpretación más contenida, por ejemplo la de Gladiator, por la que obtuvo la estatuilla. Lo mismo ocurre con Amanda Seyfried, de nuevo a su lado tras Los Miserables el Musical, que convence pero no emociona. Se agradecen más las sutiles composiciones de los secundarios, como Aaron Paul, aspirante a novelista dispuesto a luchar porque su nueva novia supere sus dificultades, la veterana Jane Fonda, una editora casi maternal, Octavia Spencer, la jefa del personaje de Seyfried, Diane Kruger, la cuñada neurótica que quiere arrebatarle al prota a su hija, y sobre todo el siempre sorprendente Bruce Greenwood, que tras una buena recreación del presidente de CBS en La verdad, aquí entrega al esposo de ésta, un abogado sutil y elegante pero maquiavélico.

6/10
Noé

2014 | Noah

Vistosa película espectáculo de teología ficción, que parte de las páginas que el Génesis dedica a Noé y el diluvio universal para ampliar el lienzo. Ocho generaciones han transcurrido desde la pareja primigenia constituida por Adán y Eva. Después de que Caín matara a su hermano Abel, dos linajes pueblan la Tierra. El que viene de Caín es poco respetuoso con la naturaleza, son carnívoros y tienen en muy poca estima la vida humana. Mientras que los descendientes de Set, de los que quedan sólo unos pocos, se alimentan de plantas y sí tienen conciencia de que deben cuidar la creación. Noé, uno de ellos y patriarca de una familia, tiene una visión. Dios le anuncia la destrucción del mundo y le encomienda la construcción de una gran arca donde habrá parejas de todas las especies animales y que albergará también a su familia. Pero dentro de la libertad de acción que Dios le ha dejado, piensa que su misión es dejar que se extinga la estirpe humana, sólo debe pervivir el resto de la creación, donde no hay maldad ni pecado. Darren Aronofsky dirige y coescribe con su colaborador habitual Ari Handel esta película bíblica, alrededor de la cual se ha generado una polémica un tanto artificial acerca de si era suficientemente fiel a la fuente que la inspira, y de si respetaba las creencias de judíos, cristianos y musulmanes. Desde nuestro punto de vista la película no debería ser problemática en ese sentido. Pero el caso es que con muchos millones de dólares en juego, había temor al batacazo y al rechazo del público creyente, lo que parece notarse en un film algo frío y muy calculado, con estrategias demasiado obvias como la de tratar de conseguir el beneplácito del Papa acerca de la película. Más allá de estos elementos extracinematográficos –pero que han influido en el resultado final–, la película funciona en algunos aspectos y muestra su debilidad en otros. Lo más logrado es el carácter de Noé –bien Russell Crowe–, entre patriarcal y profético, investido de una misión, de ánimo apesadumbrado, y al que se le han insuflado rasgos de otros personajes bíblicos, hace pensar en Jonás a la hora de mostrar falta de compasión por el ser humano pecador, y en Abraham cuando se plantea sacrificar la vida de los de su propia sangre. Y alrededor de esto se suscitan cuestiones de carácter religioso de indudable interés, como la existencia del pecado, el castigo que merece, y las oportunidades que da el Creador, todo en un marco veterotestamentario, o sea, no vemos a un Dios personal interactuando con el hombre, a no ser a través de señales y visiones, y está ausente la idea de la oración. Ideas como la de escudarse en que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios para suplantar precisamente a Dios, resultan sugerentes. Igual que las consideraciones sobre el don de la libertad, y cómo se concilia la idea de justicia con la de misericordia. Pero en lo que es el puro entramado argumental, no todo funciona con igual eficacia. Por un lado el toque ecologista está algo pasado de rosca, no hace falta ser vegetariano para preocuparse del medio ambiente. Además, se quiere plantear un drama familiar y doméstico, y no todos los integrantes del clan tienen la misma fuerza. El abuelo Matusalén en plan ermitaño en una cueva anda algo perdido, y de los tres hijos de Noé, Sem y Jafet quedan muy desdibujados, sólo al rebelde Cam se le perfila un poco mejor, al igual que a los personajes femeninos de Naamé –Jennifer Connelly–, esposa de Noé, y la huérfana y suerte de hija adoptiva Ila –Emma Watson–. El villano de turno de linaje cainita se salva gracias al poderío de Ray Winstone, porque resulta demasiado arquetípico. Aronofsky es un director que visualmente siempre ha sido muy potente, pero aquí parece algo ahogado –si se nos permite la expresión– por los efectos especiales, llamativos –los bosques milagrosos, los animales que acuden al arca, el mundo cubierto por las aguas...­– pero no especialmente imaginativos. En tal sentido se llevan la palma una especie de ángeles de roca semicaídos, los Vigilantes, que parecen haber sido concebidos con el mismo software que los Transformers.  

6/10
Cuento de invierno (Winter's Tale)

2014 | Winter's Tale

Nueva York, principios del siglo XX. Peter Lake es un ladrón perseguido por un siniestro personaje llamado Pearly Soames, que no es otra cosa que un demonio que pretende vengarse de quien antaño fue uno de sus “socios”. Antes de marcharse de la ciudad, Peter entrará a robar en una suntuosa mansión y allí se enamorará de la bella Beverly Penn. Pero el destino de ese amor es trágico porque ella tiene tuberculosis y le queda poco tiempo de vida... Tras una exitosa carrera como guionista, en donde ha formado tándem con un peso pesado como Ron Howard, en películas de la talla de Una mente maravillosa o Cinderella Man, el neoyorquino Akiva Goldsman debuta en el largometraje con Cuento de invierno (Winter's Tale), después de haber hecho ya sus pinitos detrás de las cámaras en la serie Fringe. Para su puesta de largo en la gran pantalla ha elegido una historia difícil de manejar, que se adentra por vericuetos fantásticos y a la vez pretende mantener la verosimilitud de la trama, con acendrados acentos dramáticos, en torno a la lucha entre el bien y el mal, la perpetuidad del amor y la fuerza del destino. Basada en una novela de Mark Helprin, el mayor problema de Cuento de invierno (Winter's Tale) es la dificultad de digerir la enorme amalgama de elementos fantásticos en un escenario realista, el Nueva York actual y el de un siglo atrás. Quizá provengan del material previo, o quizá Goldsman haya incluido ideas propias, sea como fuere aquí la trama es especialmente confusa por exceso de ingredientes en el cóctel, que incluye desde tradiciones puramente religiosas, hasta concepciones mitológicas y mágicas, pasando por el ideal romántico de la fuerza inmortal del amor. Religión, magia, mitología, con una severa dosis de imaginería milagrosa a lo New Age es el ecléctico resultado. A veces estos elementos se muestran con sutileza, como ese estado de percepción en que la luz y sus reflejos ayudan a ver el mundo desde una nueva perspectiva, pero en otras ocasiones las cosas no funcionan tan fácilmente: verdaderamente es complicado aceptar la existencia de un caballo blanco con alas que aparece mágicamente sin explicación alguna. Y que se trate de un cuento no es suficiente. Dicho esto, está claro que lo que mejor funciona es la pura historia de amor de toda la vida, punto detonante del film. Por lo demás, lo más destacado de Cuento de invierno (Winter's Tale) es la lograda ambientación de la historia, sobre todo la de la época de principios del siglo XX, con un cuidadoso diseño de producción, así como el tono fotográfico de la película, que saca mucho partido a los colores grises del invierno. Y al margen de sus personajes, los actores están todos bien, con mención especial para un eficiente Colin Farrell (en su pose de sufridor) y la guapa jovencita Jessica Brown Findlay (Downton Abbey). Sin embargo es una pena constatar lo relegados que quedan en la trama actores de la talla de William Hurt o Jennifer Connelly.

4/10
El maestro del agua

2014 | The Water Diviner

Debut como director de Russell Crowe –también protagonista– en el centenario de la batalla de Gallípoli, bien recogida en el film homónimo de Peter Weir, aunque centrándose sobre todo en el punto de vista australiano. El neozelandés se inspira en hechos reales para seguir las tribulaciones del granjero australiano Joshua Connor, que ha perdido a sus tres hijos en la Gran Guerra, lo que ha hecho enloquecer a su esposa, embargados ambos por la pena. Tras otro suceso desgraciado, Joshua decide cumplir la promesa hecha a su mujer de viajar a Estambul para averiguar cómo cayeron sus vástagos, encontrar sus restos en el campo de batalla y traerlos de vuelta a casa. Puede ayudarle su talento natural de zahorí. Sorprende gratamente esta historia de hechuras clásicas e impresionante marco a lo David Lean, primero Australia, luego Turquía, que sirve para mostrar que el dolor también existe en el lado otomano, lo constata el protagonista en la pensión donde se aloja, ahí le atiende una viuda de guerra con un niño. Drama, aventuras, romance y cine histórico y bélico se dan bien la mano, y se agradece la visión del lado turco –lo que obviaba el Gallípoli de Weir–, el nacimiento de una nación. También asoma el enfrentamiento con los griegos –villanos acordes a los tiempos de crisis europea que corren–, la postura británica y avances humanistas como dar digna sepultura a los caídos en combate. Los flash-backs en las trincheras se introducen bien, y en el caleidoscopio de personajes arquetípicos llama la atención el oficial otomano encarnado por Yilmaz Erdogan, un hombre con virtudes humanas, comprometido en la lucha por Turquía y capaz de empatizar con el dolor del campesino que quiere saber qué fue de sus hijos.

6/10
La trama (Broken City)

2013 | Broken City

Allen Hughes dirigió con su hermano Albert la fallida Desde el infierno y la mucho más interesante El libro de Eli. La trama (Broken City) supone el primer largometraje en el que aparece acreditado como director en solitario. El guión del debutante Brian Tucker formó parte de la Lista Negra, recopilación de los guiones más brillantes que no se habían producido en Hollywood, en 2008. Billy Taggart (Mark Wahlberg), ex policía que se gana la vida como puede como detective privado, acepta trabajar para el alcalde, Nicholas Hostetler (Russell Crowe), que en plena campaña para la reelección supone que su esposa (Catherine Zeta-Jones) le está siendo infiel. Pronto, Taggart sospecha que el edil no le ha contado la historia completa. Al estilo de los clásicos de la literatura negra, y de las viejas películas del género, La trama (Broken City) despliega una trama policiaca como mera excusa para describir la parte más sórdida de una sociedad en la que nadie carece de trapos sucios. Se centra en la falta de valores que impera por norma general en la clase política, que deja en segundo plano los problemas de los ciudadanos para ocuparse de sus trapicheos. A pesar de todo esto, a La trama (Broken City) le falta la intensidad dramática y la hondura de títulos revisionistas del film noir como Fuego en el cuerpo, La última seducción o L.A. Confidential. Allen Hughes logra mantener interesado al espectador hasta el final, pero no tiene mayores ambiciones. Ha escogido a los actores más adecuados para su personaje. Sobresale Russell Crowe –el político–, aunque Catherine Zeta-Jones –la esposa– y Mark Wahlberg –el detective– cumplen con sus papeles. Los aspectos técnicos están cuidados, por ejemplo la evocadora partitura de Atticus Ross, ganador del Oscar por La red social junto con Trent Reznor, con el que también se encargó de Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres.

6/10
El hombre de acero

2013 | Man of Steel

Warner trató de recuperar la franquicia del primer superhéroe de la historia del cómic en 2006 con Superman Returns, de Bryan Singer, que ni convenció ni obtuvo la recaudación que se esperaba. Ahora, la productora le confía el carismático personaje al realizador Zack Snyder, que ha adaptado para la pantalla los comics 300 y Watchmen. Además, El hombre de acero cuenta con el respaldo como productor nada menos que de Christopher Nolan, que ha obtenido altas cotas de calidad con Batman, la otra gran creación de DC. Si Singer trató de crear lazos con los anteriores filmes del personaje, Snyder y Nolan van en la línea de romper por completo con todo lo anterior, en sintonía con El caballero oscuro. Así, la trama conserva elementos ya vistos pero es sustancialmente diferente. Aconsejado por su padre adoptivo en la Tierra, que teme el miedo de la población a lo que no entiende, Clark Kent ha decidido mantener sus poderes en secreto, en la medida de lo posible, aunque cuando tiene ocasión no puede evitar echar una mano a escondidas para salvar vidas, al tiempo que recorre el mundo en busca de pistas sobre sus orígenes. Por ejemplo, ayuda a la avispada periodista del Daily Planet Lois Lane, que inicia una investigación para determinar quién es su extraño salvador. Pero la llegada de la astronave alienígena del general Zod, al mando de un grupo de siniestros supervivientes del planeta Krypton, del que también procede Kent, pondrá a este en un dilema ético. Zod exige a los terrícolas que se entregue el superhombre que habita en secreto entre ellos, hijo de su antiguo enemigo, o de lo contrario destruirá el planeta. Varios son los aciertos de El hombre de acero, especialmente un guión tan sólido como este metal (discúlpese el chiste fácil), elaborado por David S. Goyer, colaborador habitual de Nolan en la saga del murciélago, que parte de un argumento desarrollado conjuntamente entre ambos. Desde luego existe una enorme habilidad a la hora de darle frescura a la historia, y de sortear tópicos del género superheroico y del personaje, como la capa oculta no se sabe muy bien cómo debajo de la camisa, la cabina para cambiarse, etc. Los cinéfilos más veteranos reconocerán que Goyer ha usado de forma muy inteligente un esquema típico del western, estilo ‘forajidos que llegan a un pueblo’ (Solo ante el peligro, Río Bravo), maniobra que da un aire muy clásico al relato a pesar de que aquí los enfrentamientos se resuelvan con secuencias de muchos efectos especiales. También funciona muy bien el tono, tremendamente trágico, al estilo de los filmes de Nolan, subrayado por la intensa banda sonora de Hans Zimmer. A diferencia de lo que ocurría en las otras adaptaciones de las peripecias de Supermán, aquí hay poco espacio para el humor, y cuando lo hay (por ejemplo, en la forma que elige el personaje para vengarse de un camionero sin escrúpulos, o en las inspiraciones celestiales de Jor-El a Lois Lane) se introduce de forma sutil para no estropear la enorme tensión dramática que han logrado las imágenes. Los tintes fantásticos de la historia no rompen el realismo, pues aquí no vale todo (no hay besos que hagan olvidar a la chica la identidad secreta del héroe, giros alrededor de la tierra que hacen que el tiempo vaya hacia atrás, ni otras licencias de fantasía ingenuas y poco creíbles de anteriores largometrajes). La historia de El hombre de acero, que reflexiona sobre temas como la moralidad y el sacrificio, acaba convirtiéndose en una interesante fábula sobre la capacidad del ser humano para alcanzar grandes logros, y superar sus limitaciones, si se siguen los modelos adecuados. Curiosamente, en esta versión cobran más importancia que nunca los paralelismos con el Evangelio presentes en mayor o menor medida en las anteriores cintas y en los comics originales creados por Jerry Siegel y Joe Shuster (curiosamente ambos eran judíos). Esta vez, se recalca que el protagonista ha sido enviado a la tierra por su padre ‘celestial’ con el objetivo de que sirva con sus actos como un modelo para los humanos, éste permanece 33 años–el dato se llega a repetir por si alguien no lo ha pillado– oculto –limitándose a realizar pequeños milagros– antes de salir a la luz pública, y para subrayar el carácter espiritual-religioso del relato, cuando se plantea ofrecer su vida para salvar a la humanidad, recurre a un sacerdote cristiano que le ofrece un inteligente consejo. El hombre de acero apuesta por el individuo corriente del mundo, o sea el que no es un superhombre. Así, adquieren más valor que en otros filmes de superhéroes las heroicidades humanas, y las hazañas ‘corrientes’ de un científico, un grupo de militares y la periodista Lois Lane resultan claves para resolver la situación, con el apoyo de su aliado sobrenatural. Un reparto de primera fila aprovecha que los personajes son de carne y hueso, todos ellos –tanto los protagonistas como los más episódicos– muy bien definidos. Destaca un esforzado Russell Crowe como el padre planetario de Supermán, Jor-El, con más papel que nunca, pues su espíritu está muy presente a lo largo del metraje, pero también realiza un trabajo igual de bueno Kevin Costner, como el padre terrícola, un hombre honesto que recomienda sensatez y discreción. Existen valiosos trabajos en roles secundarios de Diane Lane –la madre adoptiva–, Laurence Fishburne –como Perry White, el astuto editor jefe del periódico– y sobre todo de Michael Shannon, actorazo de títulos como Take Shelter, que defiende muy bien al villano de la función, obsesionado hasta la locura por salvar a su planeta. Los protagonistas también vuelan alto (nunca mejor dicho). Amy Adams compone sin duda a la mejor Lois Lane que se ha visto en una pantalla –y ha habido muchas–, una periodista comprometida en esclarecer la verdad que no duda en arriesgarse si hace falta. También Henry Cavill (que ha trabajado en títulos como la serie Los Tudor) supera a sus predecesores, pues compone un Supermán que sigue un enorme recorrido emocional, mucho menos plano que el bonachón ingenuo que encarnó el (justamente recordado y admirado, pero menos meritorio) Christopher Reeve, y que llega incluso a llorar, de forma creíble. Por supuesto, el público más ‘palomitero’ saldrá entusiasmado. El hombre de acero tiene un ritmo dinámico, rico en acción, con grandes dosis de espectacularidad en secuencias como las persecuciones en Krypton, el incendio en la plataforma petrolífera, el combate en Kansas y el brutal enfrentamiento final en Metrópolis, que se esfuerzan por lograr cierta originalidad.

6/10
El hombre de los puños de hierro

2012 | The Man with the Iron Fists

En la China imperial, un clan de poderosos guerreros se rebela contra su jefe, León de Oro, y le asesina con la idea de robar un cargamento de oro del emperador. Poco a poco el clan empezará a eliminar posibles enemigos de otros clanes y estará dispuesto a cualquier cosa con tal de hacerse con el botín. Para lograrlo deberán tener en cuenta a numerosos personajes de intenciones poco claras, entre quienes se encuentran un inglés caradura llamado Jack Navaja (Russell Crowe); Madame Flor (Lucy Liu), que regenta el enorme prostíbulo Flor de Rosa; el hijo del jefe traicionado (Rick Yune); los guerreros Géminis a las órdenes del emperador; y, por último, un experto herrero (RZA), forjador de armas mortíferas. Una pequeña localidad rural, Pueblo de la Selva, será el ring de la carnicería cuando el oro del emperador haga acto de presencia. Bajo la tutela de Quentin Tarantino, el cantante de hip-hop y eventual actor, RZA, debuta en la dirección con este aturullante film de acción en el que ha logrado reunir a un elenco de cierto caché. El propio RZA escribe el guión en compañía de Eli Roth (Hostel), pero el producto final deja bastante que desear y en general resulta desconcertante y vacuo. El motivo del despropósito es el exceso de casi todo: personajes, peleas, velocidad, frivolidad, sangre, inverosimilitud, etc., aparte de la desproporcionada mezcolanza de géneros y de tonos narrativos. Estamos ante un film de acción y artes marciales al estilo Tigre & Dragón, pero sin un ápice de épica ni heroísmo, con algo de farsa aunque a la vez sea muy violento en ciertas escenas, y sin renunciar a un aire irreal, fantástico, de cómic. La historia de El hombre de los puños de hierro está ambientada a inicios del siglo XX en una zona rural de China, pero hay efectos especiales propios del cine de superhéroes, amén de esas coreografías de cuerpos voladores y piruetas imposibles creadas por Corey Yuen, y que sean hecho ya tan célebres y repetitivas... Comenzando por los nombres de los personajes (Jack Navaja, Lady Seda, Cuchilla-X, Madame Flor, Cuerpo de Latón, Daga Venenosa, etc.), el toque tarantiniano está presente en todas partes, con esa música moderna constante, variada, que enlaza las agotadoras peleas de un kung-fu de ciencia ficción, las fracturas de imagen tan propia de viñeta de tebeos, e incluso con la aparición del personaje de Lucy Liu (trasunto del que interpretó ya en Kill Bill Volumen 1), de lo poco que se salva del film. El otro que sale más o menos airoso es Russell Crowe, aunque ya de por sí hay una clara degradación interpretativa al ofrecer su poderosa presencia para semejante fantochada. El hombre de los puños de hierro es un film de acción tan desorbitado y vacío que sólo podrá entretener a los espectadores menos exigentes.

3/10
Los miserables, el musical

2012 | Les misérables

Año 1815. Jean Valjean cumple condena de trabajos forzados por robar una hogaza de pan, bajo los vigilantes ojos del estricto inspector de policía Javert. Obtenida la libertad condicional, desespera porque nadie le da trabajo cuando se conoce que es un ex convicto. Pero su vida da un vuelco cuando redescubre el amor y la compasión gracias al obispo que le acogió en su casa, a quien robó su cubertería, y que descarta denunciarle asegurando que el botín fue un regalo. Valjean iniciará una nueva existencia bajo otra identidad, pero a lo largo de los años Javert se cruzará en varias ocasiones decisivas de su vida, poniendo en peligro todo lo logrado. Pese a todo siempre optará por intentar hacer lo correcto, lo que supone entre otras cosas ayudar a su ex empleada Fantine, obligada a prostituirse, y que tiene una hijita, Cosette. Mientras, en las calles de París, entre los miserables, cada vez se extiende más el anhelo de la libertad frente a la tiranía y la injusticia social. “Los miserables” de Victor Hugo ha sido repetidamente adaptada al cine, además de convertirse en maravilloso musical de Alain Boublil, Claude-Michel Schönberg y Herbert Kretzmer, el más representado hasta la fecha en los escenarios. Tom Hooper (ganador del Oscar por El discurso del rey) acomete el desafío de versionar para el cine musical, con un guión donde a los autores originales se suma William Nicholson, que dio muestra de sensibilidad con historias tan humanas como la de Tierras de penumbra. Él y Hooper consiguen dar a la película aliento cinematográfico, no tiene el espectador la sensación de que las canciones se encadenen abruptamente saltando de un escenario o año a otros, y los diálogos no cantados se han reducido para este fin al mínimo. Los temas de Los miserables, el musical, son, por supuesto, los bien conocidos para todo aquel familiarizado con la obra de Hugo. Es decir, la confianza en Dios en situaciones extremas, el mantenimiento de la esperanza y la necesidad de dar gratis el amor a los demás. También el realismo de no negar la existencia de la miseria y de aprovechados que sacan partido exprimiendo a los más débiles o simplemente a los incautos, la disposición a dar la vida por ideales que merecen la pena, la lucha por la libertad. O la importancia de tener corazón frente a la tentación de atarse a frías normas y reglamentaciones. El mérito del musical, en los escenarios y en el cine, es no volver simplón este amplio y rico abanico de cuestiones. En la película Los miserables, el musical, Hooper añade un arriesgado tono épico, apostando por un marco abrumador en el que se desarrolla la acción, como subrayando más la universalidad y grandeza de lo narrado, eso no es simplemente una pequeña historia en el devenir de la humanidad. Y deslumbra con escenarios como el lugar de los trabajos forzados de Valjean, un muelle sacudido por la tormenta, el paisaje por el que vaga ya en libertad, o los marcos de la capilla donde hace su plegaria, del París sediento de libertad, o el que marca el destino de Javert. También es muy hábil el montaje, sobre todo en el momento climático que une diversos temas musicales y a casi todos los personajes. Pero por supuesto, lo importante es el drama humano de los personajes, expresado en desgarradoras canciones. El director pone el acento sobre todo en los aspectos trágicos, lo que hace que los personajes cómicos de los mesoneros Thénadier (Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen), presentados con zafiedad, queden algo desdibujados, no producen gracia sino repulsa, y hasta se acercan a lo grotesco con su aparición en la boda. A cambio, Valjean crece, ayudado por la increíble interpretación de Hugh Jackman, verdaderamente notable en sus solos como “What Have I Done?”, al igual que Anne Hathaway como Fantine -increíble con “I Dreamed a Dream” y, sorpresa, la desconocida Samantha Barks como Éponine que deslumbra con “On My Own”. Es meritorio el trabajo del resto de actores, niños y mayores, con Russell Crowe interpretando a su racionalista Javert de modo contenido, evitando cualquier asomo de histrionismo, una arriesgada opción que acaba dando sus frutos.

8/10
Robin Hood

2010 | Robin Hood

  Robin Longstride es un hombre del pueblo, valiente soldado de a pie, que regresa de la cruzada emprendida por su rey, el inglés Ricardo Corazón de León. Antes de llegar a su país, el monarca se ‘entretiene’ asaltando un castillo francés, envite en el que pierde la vida. Es la ocasión que Robin y otros ‘alegres camaradas’ aprovechan para desertar. Pero una serie de circunstancias les llevan a suplantar a la comitiva que debía dar la noticia del deceso del monarca. Juan será el nuevo rey, y Robin debe dirigirse a casa del padre de un fallecido caballero del que tomó su identidad, para cumplir cierta promesa. Allí conocerá a la bella mujer fuerte lady Marian. Entretenida inmersión de Ridley Scott en el mito Robin Hood, que imagina cómo el personaje llegó a ser el proscrito refugiado en el bosque de Sherwood, y eternamente perseguido por el sheriff de Nottingham. El planteamiento del cineasta británico combina el puro espectáculo de acción concebido para el gran público –donde el referente inmediato sería Gladiator, también protagonizado por Russell Crowe– y la mirada del medievo acorde con la sensibilidad moderna –al estilo de El reino de los cielos, pero con más sutileza–. De modo que el ritmo es trepidante, con una magnífica puesta en escena que saca todo el rendimiento a la ambientación medieval, fantástica dirección artística. Se hace muy atractiva la campiña inglesa –la cosa recuerda a la Comarca de El Señor de los Anillos, y es lógico, pues J.R.R. Tolkien se inspiró en ella–, las escenas de batallas están perfectamente coreografíadas –el ataque al castillo, y la batalla en la playa, que recuerda al día D imaginado por Steven Spielberg en Salvar al soldado Ryan–, y el vuelo de las flechas está muy logrado. La mirada contemporánea no falta en el guión de Brian Helgeland, no en vano hay que recordar que en 2001 firmó el libreto de Destino de caballero. Aquí ha tomado como referente un marco histórico que da un realismo al film que lo aleja de la simple aventura, pero el enfoque es el de alguien del tercer milenio, lo que se subraya al presentar a Robin y a su progenitor como precedentes de la democracia, nada menos, al reclamar una carta de derechos para todos los hombres. Se habla así de libertad, de derecho a una vida digna, y a no ser ‘freído’ a impuestos. De modo que se pone el acento en el individuo y sus libertades, y se critica a los que ostentan la autoridad, reyes, gobernantes y jerarquía eclesiástica, que se atreven a invocar el nombre de Dios para justificar sus acciones sangrientas o de expolio. Todo muy políticamente correcto –incluido el toque feminista–, con un esfuerzo para no ‘herir’ demasiado a nadie. El film acierta completamente en su reparto, todos los actores están perfectos, casi parece injusto empezar a hacer aquí la glosa de las virtudes de cada uno, por el riesgo inevitable de dejar a alguien fuera. Pero resaltemos la química Russell Crowe-Cate Blanchett, que permite plantear alguna simpática escena de guerra de sexos; el villano fuerte de Mark Strong y el voluble de Oscar Isaac; el anciano ciego de Max Von Sydow; el político pragmático de William Hurt; o el grandullón Pequeño Juan Kevin Durand.  

6/10
Los próximos tres días

2010 | The Next Three Days

La pesadilla de una familia corriente. Josh, profesor universitario casado con Lara, y con un niño, Luke, ha salido a cenar con su hermano y su mujer. Han discutido, pero nada del otro mundo. Al poco de volver a casa, la policía irrumpe intempestivamente, y se lleva detenida a Lara, a la que acusan de asesinato. Y en efecto, es condenada, pues todas las pruebas apuntan a que mató a una mujer en un aparcamiento. El tiempo pasa, y las distintas apelacionas no sirven de nada. Tan desesperado está Josh, que empieza a idear un plan de fuga para Lara. Lo que implica pensar no sólo en sacarla de la cárcel, sino en el traslado de la familia al completo a otro país. Paul Haggis (Crash, En el valle de Elah) escribe y dirige un dinámico y hitchcockiano remake de la reciente película francesa Pour elle. Se trata de un angustioso thriller contado desde el punto de vista de Josh, un tipo normal, no especialmente mañoso, que convencido de la inocencia de su esposa acometerá toda clase de acciones arriesgadas para devolverle la libertad. Su motivación, claro está, es el amor, él nunca duda de la esposa, porque la conoce; lo que no quita para que Haggis siembre interrogantes en el espectador. Quizá Haggis estira demasiado la trama en la parte que se refiere a los minuciosos preparativos de la fuga, pero lo hace con la idea de dar verosimilitud a lo que cuenta, se trata de no escamotear al espectador los muchos obstáculos con que se topa Josh, bien encarnado por el siempre convincente Russell Crowe. Desde los tratos con maleantes de diversa calaña, a la mirada preocupada de los padres de Josh, el distanciamiento de Luke de su madre... Es posible que en esta ‘obsesión’ excesiva por atar cabos el director haya tenido en la cabeza Un ciudadano ejemplar, hecha el año anterior y de temática comparable –se incide también en los errores del sistema a la hora de administrar justicia–, aunque bastante menos creíble. De este modo, cuando llega el último tercio de la película, la huida pura y dura, uno puede aceptar trucos y sorpresas destinados a despistar a sus perseguidores. Desde el punto de vista de guión y realización, destaca la escena de la autopista, un alarde de concatenar máximo peligro y tensa calma. Hemos hablado ya del buen trabajo de Crowe, pero conviene subrayar el completo acierto en el resto del reparto.

6/10
La sombra del poder

2009 | State of Play

A la redacción del Washington Globe llegan para ser cubiertas dos historias en apariencia inconexas, ocurridas en la ciudad capitolina. Por un lado, la muerte de un ladrón de poca monta y las heridas casi mortales de un repartidor de pizzas, a manos de un tirador profesional. Por otro, la muerte de Sonia Baker, investigadora para el congresista Stephen Collins, arrollada en el metro. Este último suceso tiene diversas connotaciones: Stephen tenía una relación extramarital con la difunta, quien estaba reuniendo pruebas en su investigación de la principal empresa privada contratista del Ministerio de Defensa; y el periodista del Globe Cal McAffrey es el mejor amigo de Stephen y de su esposa Anne. McAffrey se ocupa del primer caso, pero echará una mano a la novata Della Frye, que se ocupa del escándalo político. Adaptación de la miniserie de la BBC creada en 2003 por Paul Abbott, ha contado con un curtido equipo de guionistas, especialistas en intrigas con visos de gran conspiración: Matthew Michael Carnahan (La sombra del reino), Tony Gilroy (Michael Clayton) y Billy Ray (El espía); a lo que se suma un director al que le gustan las tramas políticas, Kevin Macdonald (El último rey de Escocia). El resultado es un entretenimiento de gran calidad, con una madeja argumental lo suficientemente enrevesada para captar la atención, y lo suficientemente inteligible para que el espectador no se pierda. El film se esfuerza en rendir un sincero homenaje a lo mejor de la profesión periodística, que trata de desvelar la verdad por muy escandalosa que resulte, lo que la emparenta con títulos como Todos los hombres del presidente, un referente claro. Así, Cal es un reportero de la vieja escuela, que busca los hechos, contrasta la información, maneja bien las fuentes; su fobia a las nuevas tecnologías –tiene un ordenador antediluviano– es una pose frente a las facilidades blogueras, capaces de decir inmediatamente cualquier cosa de modo irresponsable, sin la preocupación de la verdad que contengan o el daño que puedan hacer, y la presión aumentada por la primicia. Funciona bien el contraste con la novata –que potencialmente representa el peligro de decadencia de la profesión–, el equipo de apoyo de Cal, y la figura de la editora, donde se diría que la composición de Helen Mirren homenajea a Katharine Graham, mítica figura del Washington Post. Hay inteligencia en el modo en que se imbrica la intriga política y la investigación periodística, con lo estrictamente personal, que afecta a Stephen y Cal, una amistad puesta a prueba por dos complicados triángulos amorosos, y por el telón de fondo de un grupo paramilitar de aviesas intenciones, y por los tejemanejes de los politicastros, que en vez de servir al público, sirven a su propio interés. E incluso hay espacio para la sorpresa. Aunque puede haber pasajes discutibles –el interrogatorio en el motel, por ejemplo–, en general se dota a la narración de una densidad adecuada, con tiempo para que los personajes se nos aparezcan como de carne y hueso, principalmente los compuestos por Russell Crowe (extraordinario, como siempre), Ben Affleck (correcto) y Robin Wright Penn (estupenda en su breve pero intenso papel). Hay además buenos pasajes de acción e intriga, donde se logra sorprender, algo no tan sencillo cuando un espectador hastiado de efectos especiales, cree haberlo visto ya todo: sin parafernalia digital, funcionan bien por su suspense la escena del hospital y la del garaje subterráneo.

6/10
Tenderness

2008 | Tenderness

Una película triste y extraña. Dibuja la interconexión de tres personajes heridos anímicamente. Eric es un joven menor de edad de Buffalo, que asesinó a sus padres, y acaba de ser puesto en libertad. La justicia ha dictaminado que no era dueño de sus actos, los fármacos antidepresivos que tomaba entonces fueron decisivos en los hechos. No es del mismo parecer Cristofuoro, el detective que se encargó del caso: hombre triste y apagado, que cuida con cariño de su esposa en coma, está convencido de que Eric es un psicópata y que si él no vigila, volverá a matar. La tercera en discordia es Lori, una colegiala sexualmente desinhibida, criada en un hogar desestructurado, y que tiene cierta fascinación por Eric desde que se cruzó fugazmente con él una vez junto al río: a partir de entonces ha coleccionado recortes de prensa de su caso, y buscará el encuentro con él.John Polson (El escondite) adapta una novela de Robert Comier, y dibuja una parcela de la América profunda, donde pueden tener lugar terribles crímenes, algo que han mostrado películas como A sangre fría -y las derivadas en torno a Truman Capote-, o An American Crime. El director sabe crear con adecuado pulso narrativo una atmósfera malsana e intrigante, desde el momento en que Eric y Lori viajan juntos en auto, una relación cuya evolución no es fácil prever. Están bien los desconocidos John Foster y Sophie Traub componiendo sus papeles. Pero en el capítulo interpretativo demuestra ser un actor colosal Russell Crowe, su Cristofuoro se convierte en la quintaesencia de la pena arrastrada, y el deseo de desactivar la posible amenaza del psicópata.Domina la narración un tono pesimista, subrayado por la voz en off del inicio y el desenlace, en que Cristofuoro describe como actitudes humanas dominantes la búsqueda del placer y la huida del dolor; la primera, se afirma, sirve para olvidar, la segunda para alimentar la esperanza. Peculiar y limitada filosofía de la vida, donde quedan difuminadas las fronteras del bien y del mal, o la posibilidad de cambiar.

5/10
Red de mentiras

2008 | Body of Lies

Ridley Scott aborda el espinoso tema del terrorismo islámico y el contraterrorismo, en esta interesante adaptación de una novela de David Ignatius, actual columnista de Washington Post, y veterano periodista, que ha cubierto informaciones sobre Oriente Medio y operaciones de la CIA. El texto ha sido adaptado por William Monahan, oscarizado por su guión de Infiltrados, que también contaba con el actor Leonardo DiCaprio. Esta vez, DiCaprio es otro ‘infiltrado’, Roger Ferris, agente de campo estadounidense que se hace pasar por árabe en diversos países para obtener información sobre radicales que cometen actos violentos. Ferris está a las órdenes del veterano Ed Hoffman (Russell Crowe), que organiza las operaciones desde un entorno tranquilo en Estados Unidos, pero está al tanto de lo que ocurre mediante imágenes captadas por satélite, y la más sofisticada tecnología. Ferris descubre que Al-Saleem, peligroso terrorista emergente que ha organizado una campaña de atentados, tiene un piso franco en Amán, por donde pasan sus sicarios, que podrían llevar a la CIA hasta su jefe. Deciden vigilar el lugar con la ayuda de la inteligencia jordana, puesto que la CIA no tiene suficientes agentes árabes que no llamen la atención allí. Mientras se lleva a cabo la operación, Ferris estrecha lazos con una enfermera jordano-iraní que le atiende de sus heridas. Si bien muchas veces ha partido de un guión mediocre que es incapaz de reconvertir en un buen film, el director de Blade Runner es un valor seguro cuando cuenta con un guión aceptable, que dice cosas. La inventiva visual del británico no tiene parangón, como lo demuestran las aparatosas secuencias de persecuciones con helicópteros y demás momentos clave del film. El nivel interpretativo es muy alto, pues Leonardo Di Caprio sorprende una vez más como intrépido espía capaz de sacrificarlo todo. No desentona Russell Crowe, que ha llegado a engordar más de 20 kilos para el papel, y brilla en las secuencias en que dirige operaciones complicadísimas a través del móvil mientras atiende a sus hijos. La gran revelación del film es el actor británico Mark Strong, que da vida a Hani Salaam, el refinadísimo pero a la vez amenazador jefe de la inteligencia jordana. Negarle la nominación al Oscar al mejor secundario sería un gran error. La trama atrapa al espectador, y quizás el único defecto del film es que a veces parece que se le podría haber sacado más partido. Ofrece una visión crítica de las actuaciones internacionales de la CIA, denuncia actuaciones inmorales y torturas, justificadas para evitar un mal mayor. La absoluta superioridad tecnológica de los estadounidenses a veces no sirve de mucho cuando compite con métodos sencillos pero ingeniosos. En este sentido, llama la atención una secuencia en la que unos terroristas en coche despistan a la vigilancia por satélite. También tiene una gran presencia en la trama el precio que pagan los hombres que se dedican a vigilar a los terroristas, cuyas relaciones familiares acaban siendo un desastre.

7/10
El tren de las 3:10

2007 | 3:10 to Yuma

Los aficionados al western están de enhorabuena con este magnífico remake del clásico de Delmer Daves de 1957, sobre el peculiar enfrentamiento entre un sanguinario forajido y un granjero en apuros, que en su día estuvieron interpretados por Glenn Ford y por Van Heflin. En este caso, se sitúa detrás de las cámaras James Mangold, un director de probado talento, como ha demostrado en el thriller Identidad o en el biopic En la cuerda floja, entre otros títulos. El criminal Ben Wade, autor junto a su terrible banda de decenas de robos y asesinatos, ha sido capturado. El plan de los agentes de la ley es llevarlo hasta la ciudad de Contention para posteriormente tomar el tren hasta Yuma y encerrarlo en la cárcel. Pero el camino es largo y se necesitan hombres para custodiar al reo. Se ofrece a acompañarles el granjero Dan Evans, que necesita dinero desesperadamente si no quiere perder su rancho, necesario para mantener a su mujer y a sus dos hijos. Mangold imprime a la historia –basada en un relato corto de Elmore Leonard– una notable energía, sin andarse apenas por las ramas, y logra momentos de gran tensión dramática. La violencia sigue los parámetros de los westerns más modernos, al estilo de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford o de la película australiana La propuesta, de una sequedad brutal, aunque sin ningún tipo de ensañamiento, y con reacciones desprovistas de cualquier atmósfera romántica. Hay aquí poca belleza exterior, con lo que resulta así un western distinto, de tintes psicológicos, pleno de ritmo y con una dureza muy genuina. Y hay, claro está, un especial interés por llenar de “contenido” a los personajes, por ahondar en su interior, con el empeño de mostrar que su peligroso viaje será también un momento de aprendizaje. Es posible que queden poco claras las más íntimas motivaciones del personaje de Ben Wade (por otra parte, un tipo fascinante y manipulador), al punto que puede resultar demasiado inesperado algún cambio brusco en sus reacciones. Pero, en general, hay un cuidadoso retrato de caracteres, con individuos que resultan muy reales y convincentes. El grueso del film, por supuesto, se apoya en dos monstruos de la actuación: Bale y Crowe. Ambos realizan unas portentosas y matizadas interpretaciones, pero también es elogiable el trabajo del veterano Peter Fonda y la soberbia actuación del joven Logan Lerman. También son excelentes los acordes del compositor Marco Beltrami.

8/10
American Gangster

2007 | American Gangster

Década de los 60. Acaba de morir Bumpy Johnson, un gángster negro, muy respetado en el Harlem neoyorquino. De modo inesperado va a tomar las riendas de la sucesión Frank Lucas, el hombre que fue su chófer durante años, y que observando calladamente y encargándose de mucho trabajo sucio, ha aprendido el oficio. Lucas empezará a construir un auténtico imperio del narcotráfico, comprando heroína sin intermediarios en el sudeste asiático, y aprovechando los transportes militares estadounidenses, metidos de lleno en la guerra de Vietnam; hasta el punto de que se coloca en una posición de dominio frente a la tradicional mafia italiana. Entretanto Richie Roberts es un duro e íntegro policía, que trabaja en la calle y estudia derecho en clases nocturnas. Aunque su vida familiar presenta un cuadro desastroso, en lo que se refiere a su trabajo profesional es concienzudo, y sortea las muchas tentaciones para ceder a corruptos trapicheos policiales. Al incorporarse a la unidad antidroga, los caminos de los dos hombres acabarán, inevitablemente, cruzándose. Intenso film de Ridley Scott con guión de Steven Zaillian, dos pesos pesados del cine actual en sus respectivos campos de dirección y escritura de libretos. Quizá lo único que quepa decir en su contra es que todo suena a sabido. Basado en hechos reales, logra plasmar con buen tino la trayectora de ambos antagonistas, que aunque con códigos morales muy distintos, no son tan diferentes como podría creerse. Porque la idea, un poco al estilo de Heat, es trazar ciertos paralelismos entre policía y gángster, pues los dos manejan cierto código de conducta; y señalar en la aproximación de personajes que Richie no es perfecto –resulta demoledora la escena de la vista judicial en que la ex esposa le acusa de utilizar su ética profesional como coartada de su descuido del hogar–, mientras que la frialdad asesina de Frank –que mata sin piedad y no se cuestiona acerca de las vidas que destroza prestándose al tráfico de drogas– convive con el deseo de dar de comer a los de su clan y de cierto “orgullo negro”. Resulta fácil mencionar referencias cinematográficas en la composición de estos dos personajes. Richie recuerda a otro personaje real, Serpico, a la hora de moverse en un ambiente de corrupción en la policía, y es citada explícitamente French Connection (Contra el imperio de la droga); mientras que el comportamiento glacial de Frank, que intenta mantener unida a la familia, retrotrae al Michael Corleone de la saga de El padrino. Y aunque sin duda que dominan la función Russell Crowe y Denzel Washington, justo es señalar que hay múltiples personajes, matones, policías, familia, bien atrapados con los justos trazos del guión y por un estupendo reparto. Estamos ante una historia complicada de producción, tanto por la necesidad de recrear en el Nueva York actual el de finales de los 60, principios de los 70, como a la hora de ofrecer el marco del combate de boxeo de los pesos pesados, o mostrar la Tailandia de donde procede la heroína que da pie a “Blue Magic”, las codiciadas dosis de un material puro cien por cien. Una trama como la que se comenta es difícil que no sea sórdida y violenta. Hay momentos sencillamente brutales, aunque Scott juegue con el fuera de campo; y resultan desagradables, por degradantes, las escenas del lugar en que se prepara la droga, donde las mujeres son obligadas a trabajar desnudas para que no sustraigan parte de la mercancia. El director es bien conocido por la factura visual de sus trabajo, y aquí tiene unas cuantas buenas ideas. Los levísimos copos de nieve que flotan en el aire en muchas escenas refuerzan el tema de esa otra “nieve” llamada heroína; es bueno la secuencia del asalto, de suspense incrementado por el niño que juega con un balón; o ese juego con la puerta de la iglesia, casi al final, donde parece señalarse que el mafioso ha sido expulsado definitivamente de un paraíso al que no tenía derecho.

7/10
Un buen año

2006 | A Good Year

Max Skinner fue un niño encantador, que disfrutaba sobremanera de los veranos en casa del tío Henry –una finca con un viñedo en la Provenza francesa–, aunque ya apuntaba maneras ladinas. Y, cosas de la vida, se convirtió en un ‘tiburón’ de la bolsa londinense, adicto al trabajo y sin escrúpulos morales, con un corazón de piedra. La muerte del tío Henry y la herencia del viñedo provocan un viaje a Francia, que espera será breve, lo que tarde en vender la propiedad y sumar el montante a su cuenta corriente. Pero las cosas se le complican, al tiempo que surge, oh-la-lá, ‘l’amour’, o sea, el amor. Agradable comedia sin demasiadas pretensiones, en que el viaje a un lugar de atmósfera casi mágica y el despertar de los recuerdos, hacen cambiar a un tipo cínico y sin amigos. En la línea de títulos como French Kiss de Lawrence Kasdan, muestra cómo una vida sencilla, aunque carezca de lujos y del vértigo del poder, puede ser mucho más enriquecedora que esa otra por la cual uno acaba dejando jirones importantes de su alma. Un humor suave y un enfoque que exige la complicidad del espectador, están respaldados por el buen hacer de los actores. Russell Crowe cambia acertadamente de registro al protagonizar una comedia romántica, y el niño Freddie Highmore demuestra que todavía le queda frescura actoral, esperemos que por unos cuantos años.

6/10
Cinderella Man

2005 | Cinderella Man

Película basada en la vida del púgil Jim Braddock, que se ganó el apodo de ‘Cinderella Man’, o sea, ‘El Ceniciento’, por las escasas probabilidades que le concedían los expertos para conseguir el título mundial de los pesos pesados. El guión de Cliff Hollingsworth y Akiva Goldsman recoge los hechos que vivió entre 1928 y 1935, en plena depresión, y que culminaron en espléndida realización del sueño americano en tiempos difíciles. No es éste un film de boxeo, o no exclusivamente, aunque el clímax lo constituya un largo combate con aires de epopeya. Trata sobre todo de los esfuerzos de un hombre sin cualificación profesional por sacar adelante a los suyos, cuando le despojan de su licencia de boxeador profesional. Jim debe buscar alternativas al boxeo en época de crisis. Las adversidades podrían hundirle en la miseria, pero conserva siempre la dignidad y la esperanza, no pierde su sentido moral, cuida la educación de sus hijos. Mantiene las amistades (su preparador Joe Gould), y cultiva otras nuevas (su compañero en el muelle, con inquietudes sindicalistas). Si su fe flaquea alguna vez (Jim es católico, de origen irlandés), no faltarán las plegarias de su esposa Mae, aunque apunten en direcciones inesperadas. Ron Howard, un artesano todoterreno, ha sabido integrarse desde hace años en un equipo sólido, del que forman parte el productor Brian Gazer y el citado guionista Goldsman. No es un genio y lo sabe –se cubre rodando mucho, y llama la atención a veces en su cine cierta torpeza al montar los planos–, pero tiene un punto fuerte, que domina como pocos: sus difíciles equilibrios en la frontera de la sensiblería. De este modo crea emoción genuina, que se intensifica cuando se inspira en hechos reales, véase Una mente maravillosa y Apolo 13, pues les aplica, paradójicamente, un aura de irrealidad, como de cuento de hadas. Es el caso en Cinderella Man, excesivamente en el primer tramo del film, en que el hogar de Jim Braddock parece la caricatura de una obra de Dickens, y con más medida en el resto del metraje. Además Howard, actor en su juventud, se encuentra cómodo dirigiendo al trío Russell Crowe-Renée Zellweger-Paul Giamatti, que le entrega un ramillete de espléndidas caracterizaciones.

7/10
Master and Commander. Al otro lado del mundo

2003 | Master and Commander: The Far Side of the World

Sotavento. Foque, trinquete, bauprés. Más de un amante de los libros de aventuras, se ha sentido perdido entre términos náuticos incomprensibles, al leer novelas que transcurren en el mar. Para los que son de tierra adentro, el inicio de Master and Commander puede producir temblores. Pero la sensación dura poco. La descripción de la vida a bordo del Surprise, espléndida nave de Su Majestad Británica que surca los mares en 1805 durante las guerras napoleónicas, es un paso necesario. Gracias a él nos hacemos idea de las penalidades y hermosura de la navegación. Y estamos listos para conocer a los personajes y su misión, inspirados en la décima novela de Patrick O'Brian sobre el capitán Jack Aubrey “el afortunado”, aunque con elementos de las otras. Aubrey, capitán del Surprise, tiene órdenes de capturar el Acheron, buque insignia de la Armada Francesa; su determinación para cumplir la misión, recuerdan a la obsesión del capitán Achab por Moby Dick, aunque Aubrey revela una humanidad superior. Contrapunto a su empeño militar lo ofrece el médico de a bordo, Stephen Maturin. Buen amigo de Aubrey, la razón de que esté en el barco no estriba en su sentido marcial. Cumple un papel y está dispuesto a luchar, pero su deseo es recabar en las Islas Galápagos para estudiar la naturaleza virgen y hacer avanzar la ciencia. Los intereses de Aubrey y Maturin no son necesariamente contrapuestos, pero el rico guión pergeñado por Peter Weir y John Collee sabe crear un conflicto donde colisionan patriotismo, lealtad, cumplimiento de la palabra. El film acierta, pues, donde más importa: en la historia y los personajes. Conocemos además a otros tripulantes y entendemos su valor y sus temores. Vemos a creíbles niños guardamarinas, que empiezan a saber lo que es el mando, y a los que no debe temblar la voz cuando dan órdenes a curtidos marineros. Todo el reparto, en el que sobresalen Russell Crowe y Paul Bettany, está soberbio. Master sorprende por su clasicismo. Cuenta una historia de aventuras, donde las virtudes son nítidas y atractivas. Acostumbrados en tanta película reciente a héroes que van por libre, aquí observamos cómo cada marinero tiene su papel, la importancia de la obediencia. No hay maniqueísmo, y sí una buena delimitación de los deberes y lealtades a los que uno está, necesariamente, sometido. En tal contexto, surgen con naturalidad las miradas a lo alto, la plegaria a Dios.

8/10
Una mente maravillosa

2001 | A Beautiful Mind

¿Qué no podrá bordar el neozelandés Russell Crowe? Aún se desconoce. Si en su primera nominación al Oscar se comió al carismático Al Pacino con su papel en El dilema, y en su segunda se hizo con la cotizada estatuilla encarnando al hispano Máximo en Gladiator, en la la gala de 2002 volvió a las listas por tercer año consecutivo gracias a su papel en Una mente maravillosa. El Oscar al mejor actor fue a parar a otras manos, pero Crowe fue sin duda pieza esencial del engranaje de esta película, que con 4 Oscar –película, director, actriz secundaria y guión adaptado– se convirtió en la gran triunfadora de la noche. La película es un biopic de John Forbes Nash, un joven prodigio de las matemáticas que en 1948, cuando contaba veintiún años, demostró su maestría en el manejo de los números con su elaboración de la “teoría del juego”, por la cual recibiría en 1994 el Premio Nobel de Economía. Sin embargo, un genio es un genio, y todos sabemos el mal endémico que suele acompañarles: la excentricidad. Desde sus tiempos de Princeton, Nash (Russell Crowe) se revela como un tipo huraño, sin apenas amigos, muy metido en el mundo imaginario de los problemas matemáticos. Esto no impide que logre un trabajo de prestigio en el Instituto de Tecnología de Massachussets, donde conoce a Alicia (Jennifer Connelly), quien se convierte en su esposa. Pero la vida de Nash se trastoca cuando es requerido por un tal William Parcher (Ed Harris) para descifrar mensajes en clave para un proyecto de alto secreto militar. Es justo cuando su mente comienza a hacer aguas y se le diagnostica un terrible estado de esquizofrenia. La película es una adaptación de la biografía “Una mente prodigiosa”, escrita por Sylvia Nasar y galardonada con el National Book Critics Circle de EE.UU. Ron Howard, eficaz artesano de historias populares (Willow, Apolo 13) se muestra muy solvente para trasladar a la pantalla el oscarizado guión de Akiva Goldsman (Tiempo de matar), que aborda con particular empeño los primeros años de Nash en Princeton, la relación con su mejor amigo, Charles (fantástico Paul Bettany), y la primera fase de su enfermedad, coincidente también con su relación secreta con Parcher. Una mente maravillosa es un canto a la fuerza superadora del espíritu humano. Contra viento y marea, Nash luchará por salir de su particular agujero negro gracias a la inconmensurable ayuda de su fiel esposa. Porque, aunque es cierto que hay momentos de drama y de tensión (muy logrado el acoso de Parcher al protagonista), esta película trata por encima de todo del amor, sin lugar a dudas el único poder en el mundo capaz de transformar la mente del ser humano.

7/10
Prueba de vida (2000)

2000 | Proof Of Life

Peter Bowman es ingeniero en un innombrado país sudamericano. En una operación de la guerrilla antigubernamental, es tomado como rehén. Comienza entonces un largo proceso de negociación para conseguir su liberación. La empresa de Bowman se desentiende a la hora de echar una mano (lo ocurrido no estaba “previsto” en el contrato, ni lo cubre ningún seguro); pero su esposa Alice removerá Roma con Santiago para rescatar a su esposo. Ayuda Terry Thorne, un especialista en rescates, que conoce la psicología de los secuestradores, y que ha de procurar las condiciones más ventajosas para que Peter recupere su robada libertad. Taylor Hackford (Oficial y caballero, Noches de sol) combina con acierto el drama y el suspense en torno al desenlace, con buenas escenas de acción. Tanto la captura del rehén, como los intentos de liberación están narrados con ritmo impecable. El film se inspiró en un artículo publicado en Vanity Fair bajo el título "Aventuras en el negocio de los rescates". Meg Ryan como esposa apurada, y Russell Crowe como negociador, son dos actores que hacen creíble la apasionante historia. Incluido un final a lo Casablanca, arriesgado y emotivo.

5/10
Gladiator

2000 | Gladiator

Ave, Ridley, los que van a disfrutar te lo agradecen. Así, con esta licencia descarada, nos permitimos abordar una de las películas que más sensación han causado esta temporada, no sólo por su espectacularidad, sino por haber recuperado con mayúsculas el llamado género de romanos. El “culpable” de esta cinta, Ridley Scott (Blade Runner), ha dirigido con mano firme sus legiones de extras en impresionante batalla, ha recreado con fidelidad el ambiente de toda una época, y ha corroborado que el circo puede ser el mayor espectáculo del mundo, con permiso del cine, claro. Porque cine y del bueno es lo que se ve en esta superproducción que nos sumerge en el inicio de la decadencia de uno de los mayores imperios que ha existido, a través de unos personajes movidos por la ambición, el odio y la venganza. Gladiator nos cuenta la historia del general romano Maximus (Russell Crowe), elegido por el emperador Marco Aurelio (Richard Harris) para sucederle en el trono. En su destino se cruza Cómodo (Joaquin Phoenix), el hijo del emperador, que celoso de esta situación ordena su ejecución, depués de asesinar a su propio padre. El protagonista sobrevive, se convierte en esclavo y, entrenado como gladiador, regresa a Roma. Desde la arena del circo, crece su figura como héroe y ve más cerca la posibilidad de vengarse. Llevar al cine la magnificencia de la época ha costado 16.000 millones de pesetas. Esta inversión se traduce en impresionantes decorados y en el uso de los más avanzados efectos digitales que nos muestran a la antigua Roma tal y como debió ser. Además, el rodaje se realizó en cuatro países (Italia, Inglaterra, Malta y Marruecos), participaron 45.000 extras y se contrataron a actores de muchísimos quilates. Como Scott dijo en su momento, “no todos los días se presenta la ocasión de reconstruir el Imperio Romano”. El cuadro “Pollice verso” (“Pulgares hacia abajo”) del pintor del siglo XIX Jean-Leon Gerome fue el revulsivo para que Ridley Scott aceptara el proyecto. El lienzo representa a un emperador romano haciendo el gesto de extender el pulgar hacia abajo como fatídica señal para que un gladiador ejecute a su derrotado rival. Luego la imaginación del director británico se disparó y la maquinaria de Hollywood se puso en funcionamiento.

8/10
Mystery, Alaska

1999 | Mystery, Alaska

Los habitantes del pueblecito Mistery, en Alaska, son unos apasionados del hockey sobre hielo. El enfrentamiento del equipo local con los legendarios Rangers de Nueva York, va a desatar muchas artimañas y pasiones. El director de Austin Powers y Los padres de ella orquesta una comedia desmadrada, donde destaca el carisma del 'gladiator' Russell Crowe.

5/10
El dilema

1999 | The Insider

Jeffrey Wigand es jefe del departamento de investigación y desarrollo de Brown & Williamson, una importante empresa tabaquera. Como resultado de sus estudios entrega un informe que demuestra que la nicotina produce adicción. A partir de ese momento el informe desaparece de la empresa, y cuando Jeffrey revela su contenido a Lowell Bergman, célebre periodista del programa televisivo 60 minutes, su vida se convierte en un infierno, donde no faltan las amenazas. El caso acaba enfrentando al estado de Mississippi con Brown & Williamson. Esta película lleva a la pantalla hechos reales que aparecieron narrados con talento en un apasionante artículo de Marie Brenner en Vanity Fair bajo el título 'El hombre que sabía demasiado'. El film muestra unos villanos distintos a aquéllos a que nos tiene acostumbrados el cine: las grandes multinacionales, que tienen detras a personajes poco conocidos por el gran público, pero que acumulan toneladas de poder, ejercido a veces de un modo, ¿cómo diríamos?... poco ortodoxo. Se ha procurado ser muy fiel a los hechos auténticos. El Fiscal del Estado de Mississippi Michael Moore  , que llevó el caso, creyó revivir los acontecimientos al ver el detalle con que se habían reproducido los escenarios. El propio Fiscal se permitió un cameo en el film, interpretándose a sí mismo. De todos modos se advierte que el personaje de la esposa de Jeffrey es algo esquemático, con lo que sus problemas familiares pierden peso dramático. No es la primera vez que Al Pacino trabaja con el meticuloso director Michael Mann. Ambos coincidieron en el emocionante thriller Heat, donde había un duelo interpretativo de primera magnitud entre Pacino (el policía) y Robert De Niro (el ladrón). Pacino comenta que Mann es de esos “directores en los que adivinas su trabajo antes de verlo, porque sabes que están haciendo, de verdad, una película.”

8/10
Breaking Up

1997 | Breaking Up

Monica, una profesora, mantiene un idilio durante dos años con Steve, un fotógrafo. En 1997, el mismo año en que empezaba a despuntar con L.A. Confidential, Russell Crowe protagonizó esta comedia romántica.

4/10
Huida desesperada

1997 | Heaven's Burning

Una pareja japonesa, recién casada, pasa su luna de miel en Australia. Desgraciadamente la mujer es tomada como rehén en el atraco de un banco. El conductor del coche en que se fugan liquida a su jefe y emprende una loca huida con la mujer secuestrada. Protagoniza la trepidante cinta Russell Crowe, actor estrella desde su revelación en L.A. Confidential.

4/10
L.A. Confidential

1997 | L.A. Confidential

Basada en la novela de James Ellroy, L.A. Confidential es una auténtica obra maestra que nos devuelve el esplendor de las películas de cine negro de los años cuarenta. La película narra cómo el cuerpo de policía de Los Angeles ha de enfrentarse a la ola de crimen y corrupción que asola a la ciudad. Asesinatos, prostitución, mafia policial, políticos corruptos y periodistas sin escrúpulos son los elementos que componen el intrincadísimo hilo argumental de esta historia. Curtis Hanson (La mano que mece la cuna, Jóvenes prodigiosos) dirige este fascinante film con un gran acierto, logrando sintetizar la complicada y extensa novela de Ellroy. Cuenta para ello con la ayuda de Brian Helgeland, (Oscar al mejor guión adaptado). Perfecta es la recreación de la ciudad de los Angeles de los años cincuenta, para lo que no se han escatimado gastos en vestuario, decorados, automóviles etc. La interpretación de los actores también es magnífica, destacando Kevin Spacey, James Cromwell, Guy Pearce y Danny DeVito. Mención aparte merece la actuación de una estupenda Kim Basinger, que recibiría el Oscar en la categoría de mejor actriz secundaria. La película obtuvo en total nueve nominaciones a los Oscar.

8/10
Hechizo en la ruta maya

1995 | Rough Magic

Myra (Bridget Fonda) es una preciosa chica que está prometida con Cliff Wyatt, un rico y cínico científico atómico que aspira a un importante puesto político. Un día Myra es testigo de un asesinato y realiza unas fotografías del asesino, que no es otro que su prometido. Frustradas todas sus expectativas de boda, Myra marcha a la selva de Méjico para conocer a Tojola, una fascinante bruja maya por la que siempre se ha sentido atraída. Pero Cliff, deseoso de conseguir las fotos que le comprometen, envía detrás de ella a Alex, un detective privado. Después de múltiples peripecias y aventuras, entre conjuros y pócimas en el corazón de la selva, Alex y Myra se enamoran locamente. La película es un canto a la selva y a la pasión dentro de un extraño tono de comedia romántica, con un final tan fantástico como imprevisible. Basada en la novela de James Hadley Chase, Clare Peploe (esposa de Bernardo Bertolucci) ha conseguido un film de interés visual. Bridget Fonda logró con su papel el premio a la Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges.

4/10
La fuerza de la sangre

1995 | No Way Back

Acción de altura que sumerge al espectador en el sórdido territorio de la mafia oriental. Hace siete años, el agente del FBI Zack Grant (Russell Crowe) perdió a su mujer. El dolor entonces le sumió en un estado deplorable, un trauma que afectó a su trabajo y del cual intenta salir a duras penas. Ahora, sin embargo, está en sus manos recuperar el terreno perdido y para ello tendrá que llevar a cabo una misión sumamente difícil que le situará en medio de una guerra singular y peligrosa, la que tiene lugar entre la mafia y la yakuza. El talento del actor australiano Russell Crowe ha quedado sumamente de manifiesto en dos de sus mejores películas, L.A. Confidential y El dilema. Aquí demuestra la misma dureza y aplomo y una notable intensidad interpretativa. Frank Capello dirige con pulso y logra transmitir fidedignamente toda la crudeza del mundo de las mafias orientales.

4/10
Rápida y mortal

1995 | The Quick And The Dead

Ellen (Sharon Stone) es una implacable pistolera que no duda un momento a la hora de apretar el gatillo. Un suceso de su infancia le ha hecho crecer con la idea de la venganza en su cabeza. Se ha preparado toda su vida para el momento cumbre, en que tendrá que rendir cuentas con un peligroso bandido. Con este fin, cabalga hasta Redemption, donde el poderoso Herod (Gene Hackman) a organizado un terrible torneo. Este consiste en un duelo entre pistoleros provenientes de todos los rincones del país. El premio es un montón de dinero y un lugar asegurado en la vitrina de los pistoleros más famosos del Oeste. Herod dicta las normas, y sólo uno de ellos saldrá con vida del torneo. Un western moderno realizado a la medida de la imponente Sharon Stone, que se enfrenta al soberbio Gene Hackman, Destaca además la presencia de actores de la talla de Russell Crowe, Gary Sinise y Leonardo DiCaprio. La acción está asegurada. Recomendada sobre todo para los fans de Sharon Stone, peligrosamente seductora.

6/10
Virtuosity

1995 | Virtuosity

Thriller de ciencia ficción que juega a la dualidad del mundo de carne y hueso y del mundo cibernético, en otra dimensión. El argumento habla de un personaje creado por ordenador, llamado SID 6.7, un criminal malévolo utilizado como entrenamiento de oficiales de policía. Los problemas llegan cuando este personaje cruel y sádico escapa del ciberespacio y se establece en el mundo real. Un policía intentará pararle los pies. La película quedó antigua al poco tiempo de su estreno. El guión efectista e inverosímil perdió por KO contra al gran reparto encabezado por Denzel Washington y Russell Crowe. Una pena.

4/10
Romper Stomper

1992 | Romper Stomper

Hando, un joven violento, lidera a una banda de cabezas rapadas que se dedica a apalear a los ciudadanos de origen vietnamita. Antes de saltar al estrellato internacional, Russell Crowe interpretó en su Australia natal este alegato contra la xenofobia.

5/10
Spotswood

1992 | Spotswood

Wallace es un experto en modernizar y reducir costes en las fábricas. Sin embargo, su capacidad práctica se pone en peligro cuando recibe el encargo de acudir a una pequeña fábrica. Allí entra en contacto con sus trabajadores y descubre una nueva realidad más allá de las fórmulas e inventos revolucionarios que hacen que una empresa produzca más y gaste menos. Entre el reparto llama la atención de un todavía desconocido Russell Crowe y Toni Collette, que debutó en cine con este largometraje.

4/10
Proof

1991 | Proof

Martin es un fotógrafo ciego. A pesar de su carácter prepotente y autosuficiente, Martin necesita de los cuidados de Celia, una atractiva mujer que lo ama desde hace tiempo y con quien mantiene una sádica relación. La llegada de Andy, un fornido y solitario lavador de platos de un restaurante a la vida de Martín, hace que estos personajes se involucren en un triángulo amoroso.

El maestro del agua

2014 | The Water Diviner

Debut como director de Russell Crowe –también protagonista– en el centenario de la batalla de Gallípoli, bien recogida en el film homónimo de Peter Weir, aunque centrándose sobre todo en el punto de vista australiano. El neozelandés se inspira en hechos reales para seguir las tribulaciones del granjero australiano Joshua Connor, que ha perdido a sus tres hijos en la Gran Guerra, lo que ha hecho enloquecer a su esposa, embargados ambos por la pena. Tras otro suceso desgraciado, Joshua decide cumplir la promesa hecha a su mujer de viajar a Estambul para averiguar cómo cayeron sus vástagos, encontrar sus restos en el campo de batalla y traerlos de vuelta a casa. Puede ayudarle su talento natural de zahorí. Sorprende gratamente esta historia de hechuras clásicas e impresionante marco a lo David Lean, primero Australia, luego Turquía, que sirve para mostrar que el dolor también existe en el lado otomano, lo constata el protagonista en la pensión donde se aloja, ahí le atiende una viuda de guerra con un niño. Drama, aventuras, romance y cine histórico y bélico se dan bien la mano, y se agradece la visión del lado turco –lo que obviaba el Gallípoli de Weir–, el nacimiento de una nación. También asoma el enfrentamiento con los griegos –villanos acordes a los tiempos de crisis europea que corren–, la postura británica y avances humanistas como dar digna sepultura a los caídos en combate. Los flash-backs en las trincheras se introducen bien, y en el caleidoscopio de personajes arquetípicos llama la atención el oficial otomano encarnado por Yilmaz Erdogan, un hombre con virtudes humanas, comprometido en la lucha por Turquía y capaz de empatizar con el dolor del campesino que quiere saber qué fue de sus hijos.

6/10

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