¿Has sentido la mezcla de inquietud, desconcierto y fascinación que provocan las buenas películas surrealistas de Luis
¿Has sentido la mezcla de inquietud, desconcierto y fascinación que provocan las buenas películas surrealistas de Luis Buñuel? He visto recientemente un estreno de corte fantástico que se diría atribuible al genial cineasta aragonés si éste siguiera con vida. Battleship resulta tan tronchante que le ha quitado el primer puesto como blockbuster de invasiones más risible de todos los tiempos a la memorable Independence Day, aquella en la que el presidente de los Estados Unidos lideraba sus tropas en plan Enrique V, pero pilotando un caza de combate, y en la que se libran de unos marcianos que han sido capaces de atravesar la galaxia con un simple virus que transmiten con un portátil equipado con Windows 95.
Pues bien, ésta que nos ocupa tampoco es manca. Como dio pasta la saga de Transformers, basada en un juguete de Hasbro, a los ejecutivos se les ha ocurrido llevar al cine otro producto infantil de la misma empresa, en concreto “Hundir la flota”, que no deja de ser una versión sacacuartos del juego de los barquitos de toda la vida. Para que guste al mismo público, han pensado que se tiene que parecer mucho a la saga de los robots, así que los barcos se enfrentan a unos invasores con look en plan manga japonés similar al de Optimus Prime y compañía.

Para lidiar con semejante encarguito han fichado a Peter Berg, que hasta tiene una peli estimable, La sombra del reino, al que habrán pagado muy bien, pero... ¡menudo marronazo!
Comienza con una dura crítica al SETI y a los programas de lanzar señales al espacio en busca de vida inteligente, porque claro, no es buena idea avisar de que estamos aquí a una posible civilización tan avanzada que pudiera llegar hasta nuestro planeta. “Nosotros somos los indios y ellos son Colón”, comenta uno de los personajes, en la línea de las teorías al respecto de Stephen Hawking.
En vez de intentar comunicarse con marcianos, resulta más estimulante robar un burrito en una tienda para la deslumbrante supermodelo Brooklyn Decker, como hace el protagonista al ritmo de la música de La pantera rosa, de Henry Mancini, para acentuar el efecto cómico. ¡Que mujer! Yo por ella sería capaz hasta de robarle a su majestad la escopeta de matar elefantes...
Total, que al chico, de look ‘macarril’, su hermano decide regenerarle por la vía dura, mandándole a la Marina para que le corten el pelo. Le destinan a Hawai, donde como aperitivo de unas maniobras militares conjuntas, japoneses y estadounidenses disputan un animado partido de fútbol europeo (buff, duelo balompédico de titanes entre dos gigantes de este deporte).
Entonces llegan los marcianitos, pero no para conquistar el Pentágono o la Casa Blanca, que eso ya está muy visto, sino que no se sabe muy bien por qué concentran sus esfuerzos en tomar las cercanías de Pearl Harbor, como si conocieran el valor simbólico del sitio pero sin embargo no se hubieran enterado de que los que hicieron eso antes perdieron la guerra.
¡Estos extraterrestres! Mucha tecnología para viajes interestelares, pero en estrategia militar básica me parece que andan un poco peces.
Un final de traca
Y todo más o menos así hasta el glorioso desenlace (cuidado SPOILER), en el que tiene que resolver la situación el histórico acorazado USS Missouri de la Segunda Guerra Mundial, con su tripulación original, que ha hecho pellas de la residencia de ancianos.
Después de 10 interminables minutos de títulos de crédito, resulta que han incluido una secuencia final de propina en la que unos niños zoquetes de Escocia descubren que otro de los artefactos marcianiles acaba de caer ahí, amenazando con secuela (siempre que se engrosen más de 500 millones de dólares en taquilla). Como los chavalines no consiguen abrirlo, les ayuda un gañán con una motosierra.
A todo esto, el director tiene como fichaje estrella a la cantante Rihanna. Muy guapa también y además canta canciones muy marchosas en sus discos, pero no debe tener mucha elocuencia como intérprete cinematográfica, así que la han reducido a mujer florero, que no se quita la gorra jamás, y que sólo dice frases tan importantes como “Sí, señor”, en la línea de Halle Berry como Tormenta.
En fin, que como me dijo el autor de El Blog de Hildy, la peli me ha dejado tocado y hundido. Como esto siga así, en vez de un blog sobre pelis fantásticas, lo escribiré sobre cine español, que a este paso casi nos proporciona más alegrías.
