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"Prometheus": Ridley Scott se está haciendo yayo

Recientemente estuve viendo Prometheus , la precuela de Alien, el octavo pasajero que ha rodado Ridley Scott , con guión de Damon Lindelof , el

Recientemente estuve viendo Prometheus, la precuela de Alien, el octavo pasajero que ha rodado Ridley Scott, con guión de Damon Lindelof, el alma mater de Perdidos. Se ve que Ridley se está haciendo yayo, ya que le ha dado por revisitar sus primeras películas, pues también prepara un auténtico sacrilegio, nada menos que una secuela de Blade Runner, lo que me tiene estos días muerto de miedo. Acudí a la proyección con mi compi de decine21.com Pablo de Santiago, que bromea diciendo que lo mismo también le da por rodar la segunda parte de Los duelistas, con los dos protagonistas reencontrándose, enfadándose de nuevo, y retomando sus enfrentamientos. Lo cierto es que parece que el realizador británico es bastante capaz de rodar algo así.

Yo llegué hace tiempo a la conclusión de que Ridley Scott es un replicante. Uno excepcional, como Nexus 6, pero un replicante al fin y al cabo. Le decían a Roy Batty, el personaje de Rutger Hauer, en la mítica cinta que “la luz que brilla con el doble de intensidad, dura la mitad de tiempo”. Pues bien, eso le pasó a Ridley, que lucía al máximo cuando hacía sus primeras películas pero enseguida se fundió cual bombilla. Sólo ocasionalmente le ha vuelto la inspiración en títulos como American Gangster.

Ahora mismo Ridley no pasaría el test de empatía de Voight-Kampff. No sé si puede ya sentir emociones humanas, pero desde luego es incapaz de expresarlas en su cine. En Prometheus aparecen numerosas muertes, y también sacrificios increíbles que deberían ser épicos. Pero dan igual, porque el libreto apenas describe a los personajes, así que el público no conecta con ellos. Si se mueren, pues que se mueran. Que diferencia con Alien, con la que todos estábamos con los protagonistas, sufrimos mucho y gritamos como descosidos a pesar de que en el espacio nadie podía oír nuestros gritos.

No es que Prometheus sea un enorme truño que espante a los espectadores en el minuto 1. Se sigue con cierta intriga, a ver qué quiere contar. Recuperar el universo de alien con sus cabinas criogénicas y su Space Jockey tiene su gracia. Además, Scott ha rodado una secuencia de una cesárea que da mal rollito. Pero acaba resultando una mezcla rara de 2001: una odisea del espacio (alguien ha dejado en la Tierra un mensaje para que los humanos viajen al espacio), con la citada serie Perdidos, el mayor éxito de Lindeloff (muchos elementos intrigantes y la gente sale debatiendo sobre qué les han querido contar). También tiene sorprendentemente mucho de Blade Runner, pues reflexiona sobre los mismos temas, sobre todo la fugacidad de la vida, tiempo, el suficiente, y la búsqueda de nuestro creador a ver qué nos tiene que decir. Se ve que después de hacerse yayo, todo esto es lo único que le preocupa a Ridley Scott.

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