En una de sus mejores películas, Alfred Hitchcock llevó al cine la novela "De entre los muertos", de Pierre Boileau y Thomas Narcejac, autores de "Las diabólicas". El libreto de "Vértigo" supone un modelo de altura para aspirantes a guionistas, pero a pesar de su poder de fascinación tiene grandes agujeros.
El proyecto no tuvo una gestación fácil. Después de que Paramount Pictures pagase más de 25.000 mil dólares de la época por los derechos del libro, el maestro del suspense puso manos a la obra al escritor Maxwell Anderson, premio Pulitzer y autor de la obra teatral en la que se basó Cayo Largo, que acababa de trabajar para él en Falso culpable.
Pero a Alfred Hitchcock no le gustó lo que compuso Anderson, así que contrató a su antiguo colaborador Angus MacPhail, que debido a sus problemas con el alcohol tuvo que renunciar cuando sólo llevaba quince páginas. Le sustituyó otro viejo amigo, Alec Coppel (Atrapa a un ladrón), que tampoco consiguió convencer al realizador, así que éste fichó finalmente a Samuel A. Taylor (Sabrina). Firma Vértigo este último junto a Coppel, pues éste protestó ante el Sindicato de Guionistas, que se pronunció a su favor.
Estructuración clásica
El resultado tiene aportaciones de todos (menos de MacPhail). Estamos ante el ejemplo perfecto de cómo estructurar un guión en tres actos.
1. Scotty, un policía, se retira tras una experiencia traumática que le ha producido vértigo. Su viejo amigo el millonario Gavin Elster le ofrece un trabajo que consiste en espiar a Madeleine, su esposa, que podría intentar suicidarse, y que está obsesionada por un retrato de Carlota, su bisabuela. Aunque en un principio Scotty se niega, acepta después de comprobar la belleza de la mujer (primer punto de giro).
2. Tras rescatar a Madeleine en la bahía de San Francisco, Scotty se enamora de ella. Pero debido a su vértigo, no puede seguirla a la torre de una antigua misión desde la que ella se arroja al vacío. Muere dejándole en estado catatónico (2º punto de giro).
3. Scotty descubre casualmente a una mujer, Judy, con un extraordinario parecido a su añorada Madeleine. Tratará de vestirla igual para reconvertirla en la fallecida.
Un film centrado en la muerte
Todo el texto apunta al tema central de Vértigo: el miedo a la muerte y la futilidad de la existencia. Scotty está conmocionado porque durante la persecución de un sospechoso al que no pudo detener ha muerto un oficial de policía, lo que también alude al hecho de que ya es un hombre maduro y empieza a acusar el paso inexorable de la edad.
La acrofobia que padece a consecuencia del suceso simboliza el miedo al fallecimiento. El film aborda otras cuestiones secundarias, como la autoestima, la redención, la infidelidad y las máscaras con las que se oculta la realidad. Pero todo se supedita a la cuestión principal.
Así, al personaje central le encargan seguir a una mujer tendente al suicidio, obsesionada con el retrato de una dama fallecida, que sigue entre nosotros gracias a que ha sido inmortalizada por un pintor –está muy presente la representación artística como anhelo de trascendencia a la muerte–. Ésta a su vez en realidad es una mujer implicada en un plan para asesinar a la verdadera Madeleine.
El film guarda paralelismos con la Alegoría de la Caverna, desarrollada por Platón, en el séptimo libro de "La República", su texto más famoso. El filósofo compuso una metáfora en torno a la complejidad para alcanzar el conocimiento verdadero, donde resulta evidente que se apunta a la metafísica. "Corresponde a las sombras y a los hombres que las producen el mundo que percibimos por los sentidos o mundo sensible; y la hoguera al Sol que todo lo ilumina y nos permite ver". O sea, que existe algo más que lo que el ser humano puede observar.
Scotty trata de vencer a la muerte, reconstruyendo al ser amado fallecido, Madeleine (trasunto de la idea suprema platónica del amor), a través de Judy, una mujer mundana, a la que viste y caracteriza según sus recuerdos. El libreto actualiza el mito griego de Pigmalión, rey de Chipre que esculpe él mismo una estatua de la que se enamora.
Una subtrama introduce a un personaje, Midge, confidente de Scottie, que no aparece en la novela. Simboliza a otra mujer cotidiana (trabaja elaborando lencería, una ocupación muy terrenal), con la que el protagonista se lleva a las mil maravillas. Mantuvo con ella un breve noviazgo, pero está muy lejos de la belleza ideal representada por Madeleine, la que ha inspirado a los artistas a lo largo de la historia del arte. Una secuencia remata muy bien la diferencia entre lo mundano y lo ideal. Midge ha recreado el cuadro "Retrato de Carlota", que acude a visitar a diario Madeleine en un museo, pero lo ha dibujado con su propia cara. Scottie se ofende al verlo.
Cuando el film concluye, Scotty ha conseguido recuperarse del vértigo. No se explica por qué, pero resulta extraño que su problema se haya solucionado únicamente por haber descubierto el misterio, tras el segundo y definitivo deceso de Madeleine. Parece evidente que lo ha superado como consecuencia de asumir la inevitabilidad del fin de la vida humana; ha aceptado la verdad de la muerte, y ha perdido el miedo.
Personajes y grandes hallazgos
Scotty, el personaje más complejo y mejor descrito, tiene un arco evolutivo bastante amplio. Se trata de un hombre en estado de shock, asustado ante la inevitabilidad de la muerte, que vuelve a recuperar las ganas de vivir gracias al amor, cuando comienza a seguir a Madeleine. Por un lado se siente útil, tiene ante sí una oportunidad de redimirse (triunfar y realizar tareas útiles en el mundo terrenal), pero también le empuja la pasión y el deseo prohibido que no puede evitar, pues se le ha abierto una puerta a las ganas de vivir... Supone un importante obstáculo el dilema ético al que se enfrenta –se sentirá atraído por Madeleine a pesar de que está casada con un amigo suyo–.
Gavin Elster, el marido –magnate de los barcos–, se perfila como el antagonista. No sólo ha enredado a Scotty en sus maquinaciones, sino que su máximo interés consiste en que éste jamás descubra la verdad. El guión jamás aclara cuál es su motivación para llevar a cabo un complejísimo plan para librarse de su legítima, se entiende que quiere quedarse con su dinero, o bien sustituirla por Judy, su amante, aunque ésta después del asesinato se supone que le ha abandonado.
Judy, la mujer que se ha prestado a fingir que es la esposa suicida, es un personaje intrigante y nada sencillo. Se trata de una actriz que interpreta a una mujer que cree ser otra persona (el personaje del cuadro). En suma, representa que el mundo de las apariencias en el que vivimos no es real, que las apariencias engañan, y que la percepción que tenemos de los demás está filtrada por máscaras.
El cuarto y último personaje de importancia, Midge, tiene una función atípica, pues resulta difícilmente catalogable. Sirve únicamente como contrapunto de Scotty, sus conversaciones nos desvelan muchos detalles acerca de su personalidad. Pero curiosamente, no hace evolucionar la trama. Se supone que ha tenido una historia de amor con él, pero no se comporta como una mujer celosa cuando éste se obnubila con Madeleine.
Sorpresa desvelada
A Alfred Hitchcock no le gustaba el esquema al que se refería como 'whodunit', los viejos relatos en los que el principal interés reside en saber quién es el asesino. Le parecía absurdo y arriesgado mantener al espectador pegado a la butaca, retrasando hasta el final la resolución de un misterio, por lo que el británico huye a lo largo de su filmografía de este tipo de historias. Su suspense se centra casi siempre en saber si el personaje sobrevivirá, por ejemplo, cuando le persigue un avión de riego en un campo sembrado...
Para evitar que Vértigo se convirtiera en un 'whodunit', los guionistas desvelan la trampa casi al principio del tercer acto. Tras conocer a Judy, la mujer que a Scottie le recuerda a Madeleine, ésta rememora en un flashback (recurso fácil pero sumamente efectivo) que el marido (su amante) la ha reclutado para hacerse pasar por su esposa, y fingir que se suicida subiéndose a una torre a la que su guardián no puede ascender por culpa del vértigo. Así, el asesino ha podido tirar desde arriba a la auténtica Madeleine, pues sabe que Scottie no iba a subir.
Una vez puestas las cartas sobre la mesa, el film trasciende el género de intriga. Ya se conoce el misterio, ahora Hitchcock tiene que interesarnos con los elementos dramáticos.
Genialidades e imperfecciones
Vértigo está considerada como una de las mejores películas de la historia del cine, y más de medio siglo después de su estreno embelesa a numerosos críticos e historiadores, que la citan frecuentemente como su favorita. Dirigida por uno de los grandes, y con un plantel artístico y técnico de lujo (destaca Bernard Herrmann, especialmente inspirado en las partituras), parte de un guión rico en genialidades, pero también de imperfecciones.
Un detalle maestro de los libretistas: nunca aclaran qué ha hecho el delincuente que escapa. Está sugerido que debe ser un tipo muy peligroso, pues le disparan a pesar de ir desarmado (brillante utilización del subtexto). Esto explica que el personaje central, interpretado por el siempre sorprendente James Stewart, no se perdone su fracaso.
Otro detalle de genialidad. Scotty,
el hombre que sufre un vértigo radical, vive en San Francisco, la ciudad que se distingue por sus escarpadas cuestas. Sin duda, su vida se ha convertido en un infierno.
Pero por contra, choca que se cuente la conspiración de buenas a primeras, a través del citado flashback, que rompe el punto de vista, pues hasta ese momento el espectador tiene los mismos datos que Scotty.
Si Vértigo la hubiera dirigido otro que no fuera Alfred Hitchcock tendría serias dificultades para 'colar' algunos elementos de la trama:
1. ¿A quién ama Madeleine? Se supone que Gavin tiene una gran complicidad con su amante, pues le está ayudando a matar a su esposa, así que fingiría durante la noche de pasión que vive con Scotty cuando él la rescata. No se entiende que en ese momento se haya visto deslumbrada repentinamente por el segundo, pues en ese caso difícilmente llevaría hasta sus últimas consecuencias el acto de engañarle para ayudar a Gavin.
Sin embargo, a éste ya le ha olvidado cuando se reencuentra con Scotty poco después. ¿Se convierte por amor en cómplice de asesinato y luego deja a su querido como si tal cosa? Hacia el tramo final del film parece que su corazón pertenece a Scotty, pero nunca le cuenta la verdad.
2. Crimen imperfecto. El plan de Gavin para darle pasaporte a su legítima tiene más agujeros que un queso de Gruyère. Difícilmente habría salido a flote. Por ejemplo, el millonario depende de que Scotty no supere su vértigo y no suba a la torre donde supuestamente se suicida Madeleine.
Pero además, ¿no ha pensado en que este podría perfectamente haber identificado el cadáver? Si la policía le llama para esta cuestión, se habría dado cuenta de que la muerta es otra.
3. El collar de Madeleine. Nunca se ha explicado en el guión que Judy sea rematadamente corta de luces. Entonces, no se explica cómo después de participar en una trama criminal no sólo no se deshaga del collar que lucía cuando interpretaba a Madeleine, sino que además lo lleva ufana por la calle. Por culpa de este desliz, Scotty se fija en ella (no estaban inspirados los libretistas ahí).
4. Deus ex machina. La muerte final de Judy/Madeleine está más forzada que la sonrisa de un actor que acaba de perder el Oscar. Tras 'resucitar' a la mujer, Scotty la besa, pero de repente (vaya infortunio) se escuchan pasos en la escalera de la torre, y ella parece que se asusta. Aunque no está en el borde, desaparece fuera de campo y, ¿cae al vacío? Quizás habría que haberle dado otra vuelta a este final.
