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Ulrich Seidl: si esto es el paraíso, ¿cómo será el infierno?

He visto las tres películas del austríaco Ulrich Seidl que componen su trilogía del Paraíso: Paraíso: Amor ,

Ulrich Seidl: si esto es el paraíso, ¿cómo será el infierno?

He visto las tres películas del austríaco Ulrich Seidl que componen su trilogía del Paraíso: Paraíso: Amor, Paraíso: Fe y Paraíso: Esperanza. También he leído entrevistas con el cineasta en que explica su propuesta. Al parecer la idea inicial era una sola película, pero la larga duración y el método de trabajo donde no falta la improvisación dieron lugar a un producto muy largo, y al final Seidl reconvirtió la cosa en tres cintas, que aunque pueden verse de modo independiente, están interconectadas levemente, al estilo de lo que hizo Krzysztof Kieslowski con Tres colores: Azul, Tres colores: Blanco y Tres colores: Rojo. El orden de lanzamiento de las películas es el que he indicado al principio, por deseo expreso de Seidl, que le pareció que su obra debía concluir con una nota de esperanza.

No había visto antes de ahora ninguna película de Seidl. Su visión pesimista y amarga de la condición humana me hacen pensar en su compatriota Michael Haneke; los diálogos escasos y minimalistas, y la estética de la puesta en escena, me traen a la memoria a Aki Kaurismäki. El director sabe rodar, y firma los guiones al alimón con su esposa, Veronika Franz. No es ningún vaina. Y sin embargo...

Sin embargo sus tres películas me resultan altamente deprimentes, y no conducen a ninguna parte, más allá de constatar lo que sería cierto estado de las cosas en la actual Europa decadente, y por extensión, en el mundo mundial; aunque en zonas deprimidas, la supervivencia pura y dura sea al menos una coartada de la que las sociedades opulentas carecen, a no ser que hablemos de supervivencia anímica, razones para seguir viviendo.

Pienso que es toda una declaración de principios el arranque de Paraíso: Amor, unos deficientes mentales en la atracción de los autos de choque de una feria, arremetiendo unos contra otros. Todos los seres humanos somos en el fondo unos tarados, viene a decir Seidl, y vamos por la vida sin rumbo fijo, arremetiendo sin sentido contra quienes tenemos alrededor.

¿Buscamos amor? Las relaciones de pareja no funcionan, los matrimonios se rompen, los hijos sufren las consecuencias. Teresa, madre de una adolescente, divorciada, hace turismo sexual en Kenia, impelida por sus compañeras de viaje. Los indígenas de Paraíso: Amor son objetos sexuales para esas mujeres maduritas, que buscan placer y algo más, y sólo alimentan aún más su hinchada frustración.

Paraiso: feOtra forma de afrontar ese sentimiento de vacío es la religión. Anna Maria, hermana de Teresa, vive en Paraíso: Fe unas prácticas penitentes sadomasoquistas, tiene una relación con el Crucificado completamente insana, visita a desconocidos con una imagen de la Virgen buscando su conversión. Eso sí, maltrata a su marido musulmán que quedó paralitico, quien también tremendamente frustrado, cuando puede sacude a su esposa y la hace rabiar.

Se supone que el rayo de esperanza, cierta catarsis, debe llegar con Paraíso: Esperanza, donde Melanie, hija de Teresa, acude a un campamento especial para adolescentes obesos. Ahí se enamora del médico, al que le tira los tejos, y el otro, cuyas circunstancias desconocemos, no sabe muy bien qué hacer; el modo en que esta experiencia incidirá en la posterior trayectoria de Melanie lo ignoramos, pero el sufrimiento típico de la adolescencia le afectará de un modo especial. El film incide en la dificultad que tienen las personas gordas en encajar en ciertos cánones de la sociedad actual. También introduce los dispositivos electrónicos, que encierran en sí mismos a los jóvenes, o sirven para la humillación, con la grabación de vídeos sexuales caseros, seguramente destinados para presumir de ellos colgándolos en internet.

Paraíso: Esperanza¿Quién querrá ver esta trilogía? Francamente, no lo sé. El paraíso es palabra usada con ironía, al igual que las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad. Más bien Siedl quiere abrirnos los ojos del infierno en el que según él viven los hombres y mujeres del mundo. Es cine para pasarlo mal. Al gran público no le gustará. A gran parte del cinéfilo también le irritará, pues son narraciones que se dan ciertas ínfulas, cine de autor, ya se sabe, pero que no emociona, simplemente produce repulsa. Siempre quedará el que busca nuevas rutas por explorar, que se asomará con curiosidad, por aquello de estar al cabo de la calle. Aunque sea una calle poco transitada e incómoda, donde nadie desearía estar.

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