Leo que Eddie Murphy, con motivo de su vuelta al ruedo cinematográfico gracias a la recuperación de la saga “Superdetective en Hollywood”, ha hablado de su deseo de acometer un remake del clásico de la comedia coral “El mundo está loco, loco, loco”.
Bien está que el comediante Eddie Murphy quiera hacernos reír revisitando El mundo está loco, loco, loco, que muestra cómo un grupo variopinto de personas comparte sus deseos avariciosos de hacerse con una valiosa herencia enterrada bajo una gran “W”, cuya localización exacta debe ser descubierta. Esta noticia me sirve para comentar que el título de ese film es una realidad de la que el cine se hace desgraciadamente eco en los últimos tiempos, al fin y al cabo las películas no hacen muchas veces más que reflejar la atmósfera social, que actualmente es de dilapidación de la herencia de la humanidad, y no sólo hablo del planeta Tierra.
El cine que triunfa en taquilla, y que el mundo considera poco menos genial, consiste en entregas simplemente correctas de franquicias consolidadas, ahí están Furiosa, Bad Boys y Del revés 2. Falta cine atrevido y rompedor, o simplemente entretenido pero un poquito imaginativo, en esta línea de explotación de lo ya conocido, están por llegar Deadpool y Lobezno, Un lugar tranquilo día 1, Padre no hay más que uno 4 y Alien: Romulus, entre otras, quizá la única que he visto en esta línea y que me ha parecido muy lograda, es Gru 4. El mundo está soso, soso, soso. Y sin capacidad de riesgo, el dinero manda, manda, manda.
La Academia de Hollywood, que entrega anualmente los Oscar, anuncia que ha invitado a formar parte de la institución a 487 personas, profesionales de distintas ramas del cine. Leo en el comunicado, entre otras cosas que “el 44% se identifican como mujeres”, que “el 41% pertenecen a minorías étnicas y raciales poco representadas” y que el “el 56% provienen de países y territorios fuera de Estados Unidos”. De verdad que es cansino que en vez de hablar de mujeres haya de hablar de quienes se identifican como tales, y pienso que Hollywood se equivoca convirtiéndose en algo parecido a la ONU, de hecho no hay más que ver los últimos Oscar, a excepción de Oppenheimer, se premian filmes que no son para una inmensa mayoría, como solía ser. La Academia está loca, loca, loca.
Me quedé a cuadros cuando vi que la miniserie Un caballero en Moscú, basada en la maravillosa novela de Amor Towles, estaba atestada de actores negros. Para una trama en la Rusia recién ingresada en la revolución comunista esto era raro, raro, raro. “Estáis jodidos, Antonio” es el expresivo título del artículo Patente de Corso donde el novelista y académico Arturo Pérez-Reverte muestra con sorna su extrañeza de que “uno de los jefes revolucionarios rusos sea negro y con rastas, que el ministro o responsable de cultura soviético sea también negro, y que en los años 20 el hotel Metropol esté lleno hasta la bandera de clientes y empleados del mismo color; que más que el Moscú bolchevique, aquello parece Harlem en hora punta.” ¿De verdad que la diversidad era esto?
En fin, los ejemplos de locura se multiplican, llega a mi correo una sesuda investigación del Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales, que escudriña la presencia y representación de personajes LGBTIQA+, con discapacidad y racializados en la ficción española. Más allá de las cifras que ofrece, me quedo con perlas como “aparecen 6 personajes no binarios en 2023. Eso sí, se puede observar que existe una vinculación clara con la feminidad, ya que la mayoría de elles tienen nombres que dentro del canon cisheteronormativo se consideran femeninos, al igual que la ropa que utilizan. Por tanto, aunque se ha empezado a replantear la manera de abordar el género en pantalla, todavía quedan muchas temáticas por explorar.” Apasionante, estoy seguro que la opinión pública está interesadísima por todo esto.
Yo, a la vista de este mundo loco, loco, loco, he sentido como una bocanada de aire fresco la lúcida película Testament del octogenario cineasta canadiense Denys Arcand, estrenada en España directamente en plataformas no vaya a ser qué. He aquí a alguien que piensa y dice lo que piensa, Arcand siempre lo ha hecho, que muestra sin complejos las vergüenzas del emperador desnudo con agudo y satírico sentido del humor, aun a riesgo de que la progresía arroje sus andanadas contra él, veo que el titular de la crítica de mi colega Javier Ocaña, a quien mucho aprecio, en “El País” describe el film como “una sátira reaccionaria contra lo ‘woke’”. Ahí queda eso.
