¿Algo ha cambiado en Netflix? Eso se diría, pues su estrategia siempre fue poner películas y series a disposición del público en sus hogares, primero con copias físicas de DVD enviadas por correo postal, luego en internet con su plataforma de streaming. Proyectar en salas sólo se contemplaba, de modo limitado, para que sus producciones optaran a los Oscar o cara a satisfacer a directores consagrados.
Y de pronto ha llegado la magia de Narnia. Netflix ha anunciado que lanzará Narnia: El sobrino del mago, la primera de sus películas que adapta los libros de “Las Crónicas de Narnia” de C.S. Lewis, y que dirige Greta Gerwig, con un estreno masivo el 12 de febrero de 2027, y que el film se mantendrá en salas de cine, también en pantallas IMAX, durante siete semanas, hasta su eventual desembarco en la plataforma de streaming el 2 de abril. Nunca Netflix había concedido una ventana tan generosa de explotación en cines a una de sus películas.
Las razones que se pueden dar para este notable cambio de enfoque son varias. Por un lado, la mala prensa que Netflix tiene en Hollywood, vista siempre como el aliado al que no puedes esquivar para rentabilizar tus películas o sacarlas adelante, pero que ha contribuido a la decadencia de la experiencia de la sala oscura del cine, por lo que una mirada de desdén es casi inevitable. De hecho, en su fallida compra de Warner, una de las críticas más repetidas por los que estaban en contra, era precisamente la sensación de que si la “major” ya había bajado drásticamente el número de sus estrenos en salas, con la operación en marcha aquello sólo podía empeorar. Aunque Ted Sarandos se empeñó en convencer a tirios y troyanos de que no, que respetaría la estrategia de salas de Warner, la sombra de la sospecha era alargada.
Quizá en Netflix han empezado a darse cuenta de que pasear determinados títulos con potencial para arrasar en taquilla no es ninguna tontería, y puede generar suculentos dividendos. No en balde Gerwig alegró el día a Warner cuando se ganó el favor del público con Barbie, de modo que otro tanto podría ocurrir con el sobrino de cierto mago. Además se ha corrido el rumor de que la película “narniera” ha costado la friolera de más de 320 millones de dólares, de modo que más vale buscarle rentabilidad, como sea. También conviene tener en cuenta que aunque Netflix nunca da cifras de sus ingresos en salas, por el bajo perfil de su estrategia de estrenos, títulos como Frankenstein de Guillermo del Toro aguantaron el tipo en las salas estadounidenses, y Las guerreras K-Pop arrasaron en streaming, pero luego su lanzamiento en cines en versión singalong hizo furor entre los fans de la música coreana de moda.
Además Narnia es carne de cañón de pantallas IMAX, que van en aumento –el otro día leía que en Zaragoza los cines Palafox tendrán su primera pantalla de este formato– y de merchandising a vender en salas de cine. Las novelas de Lewis son muy queridas, y sus lectores se quedaron con la miel en los labios cuando Disney, asociada con Walden Media, adaptó sólo tres libros de los siete que componen la saga. Y estrenar antes de Navidad, el 30 de noviembre, es como poner la alfombra roja al éxito en la taquilla.
