Hay gente que asegura que el cine español va bien, e incluso mejor que nunca. Me da la impresión de que Javier Bardem no es uno de ellos. Sus
Hay gente que asegura que el cine español va bien, e incluso mejor que nunca. Me da la impresión de que Javier Bardem no es uno de ellos. Sus proyectos más recientes los rueda en inglés, en películas con potencial para triunfar allende las fronteras hispanas. El actor no es de los que hace media docena de películas al año con cualquier director de medio pelo: estudia lo que hace, y anda con pies de plomo.
Sus últimas películas hispanas cien por cien son Los lunes al sol, de 2002, y Mar adentro, de 2004. Pero Bardem trabaja últimamente su proyección internacional (quien calificara el Oscar de “monigote” no pudo ocultar su decepción cuando no materializó su candidatura en 2001 por Antes que anochezca), arrimándose a directores de prestigio, como Michael Mann en Collateral. Uno de ellos fue el checo Milos Forman, aunque Los fantasmas de Goya dejó sabor a decepción. Pero Bardem, que parece trazar su carrera actoral con cierta inteligencia, tiene donde resarcirse. En Cannes han sido muchas las alabanzas cosechadas por su trabajo en No Country for Old Men, de los hermanos Joel Coen y Ethan Coen. Ha rodado también en inglés la adaptación de la novela de Gabriel García Marquez El amor en tiempos de cólera, bajo la batuta de Mike Newell, y se dispone a rodar el próximo verano en Barcelona con Woody Allen y Penélope Cruz. Ya se ve, el cine de un actor español va bien.
